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crítica | the innkeepers (los huéspedes)

Bienvenidos a un hotel encantado

El director propone una estimulante variación sobre algo mucho más clásico: el relato gótico de fantasmas

Imagen de la película 'The innkeepers (Los huéspedes)'.
Imagen de la película 'The innkeepers (Los huéspedes)'.

Una de las figuras clave en el relevo generacional que acoge el cine de terror estadounidense en leve promiscuidad con los modos y el star-system del último cine indie, el director Ti West, no repite fórmula pero sí que aplica una estrategia muy parecida a la que tan excelentes resultados le proporcionó en The house of the devil (2009), uno de sus trabajos más remarcables. Si allí la referencia era el subgénero de películas sobre sectas satánicas de entre finales de los 70 y principios de los 80, en The Innkeepers (Los huéspedes) el director propone una estimulante variación sobre algo mucho más clásico: el relato gótico de fantasmas. Lejos de esa idea de película de terror como barraca de feria que el cine estadounidense de los 80 explotó hasta la extenuación —la saga de Pesadilla en Elm Street podría ser el gran paradigma—, West, tanto en The house of the devilcomo aquí, juega a postergar hasta el último momento el recital de efectismos para entregarse a un juego de atmósfera que dilata al tiempo a conciencia, a la vez que proporciona retratos de personajes que van mucho más allá de esa carnaza de arquetipos que parecía el único material humano disponible para el género.

THE INNKEEPERS (LOS HUÉSPEDES)

Dirección: Ti West.

Intérpretes: Sara Paxton, Pat Healy, Lena Dunham.

Género: terror. Estados Unidos, 2011.

Duración: 101 minutos.

Los dos únicos empleados de un hotel en vísperas de su cierre definitivo deciden registrar el testimonio de una presencia fantasmagórica durante su último fin de semana de trabajo. Los escasos clientes del hotel son una madre y su hija en refugio temporal tras una discusión matrimonial, una veterana actriz alcohólica reciclada en sanadora parapsicóloga y un solitario anciano con agenda sentimental oculta. West ancla su relato en la contemporaneidad al aludir a las páginas web que recogen documentos videográficos sobre apariciones y lugares encantados —sin obviar la cultura de los fakes—, pero pronto deja claro que el espíritu de su propuesta va a decantarse por el tradicional y progresivo enrarecimiento de la atmósfera y por la cuidadosa caracterización de sus personajes.

A The Innkeepers (Los huéspedes) se le puede reprochar un desenlace que no está ni a la altura las circunstancias, ni de sus promesas, pero el viaje hacia esa relativa decepción es irreprochable.