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Berta Sichel y la ciudad monumento

La comisaria de la BIACI quiso mostrar que Cartagena no era solo un escenario del pasado

Berta Sichel.
Berta Sichel.

Cerca de un año ha pasado desde que la curadora brasileña Berta Sichel recibió una invitación vía correo electrónico para presentar un proyecto. Se trataba de organizar una Bienal de Arte Contemporáneo, en realidad de inaugurar, puesto que se trataría de la primera edición de este modelo de exposición colectiva en Cartagena de Indias. En Venecia en 1895 se celebró la primera bienal de la historia. Hoy hay cerca de 300 en todo el mundo, prueba de la pujanza de este formato, y también del extraño momento multiplicador que experimenta el mundo del arte. Cartagena cuenta con un festival de cine y es sede el festival Hay, pero en lo que respecta al arte contemporáneo estaba fuera del circuito, algo que decidieron remediar.

Sichel que hasta 2011 dirigió el Departamento de Cine y Vídeo del Museo Reina Sofía de Madrid, se concentró en el espacio, y así lo explica un año después una calurosa mañana en las inmediaciones del imponente Palacio de la Inquisición, una de las sedes de la exposición. “Cartagena como Venecia es una ciudad monumento. Pensé en su historia colonial, en cómo era el principal punto de venta de esclavos, en que la población africana descendiente de los esclavos representa más de la mitad de los habitantes de la ciudad”, apunta.

Su foco se alejaba así de las astronómicas cotizaciones que alcanzan determinados artistas en el mercado actual. No se trataba de organizar un catálogo de precios, sino de buscar un significado que enraizara desde el primer momento el nuevo proyecto con Cartagena. Para ello Sichel recurrió a artistas específicos, cuyo trabajo ya conocía, algunos de ellos representados por galerías estadounidenses y colombianas.

“En Cali y en Medellín hay más presencia del arte actual. Aquí en Cartagena hay un Museo de Arte Moderno, con piezas de la década de los 50, pero no hay arte contemporáneo. Hay mucha danza, música, un fuerte pasado colonial y la artesanía. Pero, ¿cómo se representan el pasado y las tradiciones en el arte contemporáneo?”.

Fotos, vídeos, esculturas, instalaciones y cuadros permitieron a Sichel explorar esta idea. Las obras en papel quedaron excluidas por cuestiones de conservación. Su propósito: que los antiguos edificios de piedra donde se ubican las exposiciones, y el conjunto de la ciudad, cobraran una nueva dimensión. El turismo y las bodas son uno de los principales motores económicos de la urbe caribeña, pero tras las fachadas se esconden muchas más capas de significado, que permiten entablar nuevas conversaciones sobre identidad, sobre género, o sobre política. “La diáspora de artistas latinoamericanos es otro de los subtextos que he tratado de abordar”, señala Sichel.

También ha prestado especial atención a las mujeres, reuniendo obras de las españolas Elena del Rivero y Nuria Barros, de la alemana Candida Höfer, o de la colombiana Ruby Rumié. “Las mujeres representan el 50% de los artistas que exponen en esta Bienal. Y en este grupo se encuentran siete que tienen entre 78 y 81 años y que siguen produciendo y trabajando”, señala Sichel.