OPINIÓN
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Yo te indulto

Si las ficciones me han acostumbrado a los indultos, en la vida real me cuesta más entender esas piadosas decisiones del poder. Y por supuesto, te preguntas las razones y porqué a unos sí y a otros no.

Siempre he relacionado el indulto con algo que ocurría en las películas. En las intrigas convencionales acababa llegando, la verdad triunfaba, los villanos eran derrotados, al héroe al que le iban a cortar la cabeza le esperaba un futuro feliz en compañía de la mujer que ama. En el gran cine era más complicado que el indulto redimiera a los condenados. En El verdugo, el genial José Isbert, pensando en su piso de protección oficial, en el sueldo fijo y en las dietas que recibe su asustado yerno ejerciendo su macabro oficio, consistente en ejecutar el garrote vil, intentaba que éste no desertara de su siniestro deber, asegurándole que en el último momento llegaría el indulto para el reo. Y el salvador de judíos de La lista de Schindler convencía provisionalmente al salvaje, psicópata y corrupto jefe del campo de concentración de que la mayor certeza de que dispones del poder absoluto era conceder clemencia de vez en cuando a los que puedes matar segun tu capricho. O sea, hoy te dejo vivir, y si mañana me apetece, te asesino. Porque me da la gana, porque quiero, pero sobre todo, porque puedo.

Si las ficciones me han acostumbrado a los indultos, en la vida real me cuesta más entender esas piadosas decisiones del poder. Y por supuesto, te preguntas las razones y porqué a unos sí y a otros no. Interrogantes bobos o inocentes, por supuesto, propios de la niñez, de la falta de información sobre el funcionamiento del mundo. Los empresarios ejemplares que presiden ese negocio tan limpio de los clubs de fútbol, suplicaron el indulto para su colega del Sevilla, en función de algo tan comprensible como que ya estaba rehabilitado de sus antiguos desmanes y de algo tan tierno como que tenía hijos pequeños. Vale. Extrañamente, el conmovedor ruego no logró su fin.

Cuentan que Gallardón (¿porqué he imaginado siempre a ese señor vestido con una sotana, tal vez por su silabeo y sonrisa curil?) ha bendecido con el indulto a siete cargos públicos y funcionarios a los que trincaron haciendo cositas feas, malversación, prevaricación etc. En fin..., no han matado a nadie. También decidió indultar a un conductor kamikaze. Ese si había matado. Y te preguntas los intereses del ministro para desplegar su arbitraria piedad. Seguro que los tiene. Pero la compasión de los que mandan no tiene porqué dar explicaciones públicas.

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