CRÍTICA | A CUALQUIER PRECIO
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Un hallazgo inesperado

Bahrani indaga en las fracturas morales del imperio sirviéndose de dos arquetipos encarnados por los no menos emblemáticos Dennis Quaid y Zac Efron.

Un fotograma de 'A cualquier precio'.
Un fotograma de 'A cualquier precio'.

Hasta el momento, Ramin Bahrani, director nacido en Carolina del Norte en una familia de origen iraní, había tenido su interés prioritario en dibujar una Norteamérica en perpetua transformación multicultural, colocando en el centro del discurso a personajes marcados por la otredad y cierta exclusión: un taxista senegalés, un niño de la calle de etnia hispana o un vendedor callejero paquistaní; éste último protagonista de “Un café en cualquier esquina” (2005), la única de las anteriores películas del cineasta, si el crítico no se equivoca, que tuvo estreno comercial en nuestro país. “A cualquier precio” supone un radical cambio de tercio: aquí, Bahrani indaga en las fracturas morales del imperio sirviéndose de dos arquetipos tan genuinamente americanos como un patriarca agricultor y un joven aspirante a piloto de carreras, encarnados respectivamente por los no menos emblemáticos Dennis Quaid y Zac Efron.

FICHA

A CUALQUIER PRECIO

Dirección: Ramin Bahrani.

Intérpretes: Dennis Quaid, Zac Efron, Heather Graham, Kim Dickens, Clancy Brown, John Hoogenaker, Laura Atwood, Maika Monroe, Dan Waller.

Género: drama.

Estados Unidos, 2012.

Duración: 105 minutos.

“A cualquier precio” es una auténtica rareza, bajo cuyas imágenes luminosas acaba emergiendo algo inesperado, que el cineasta maneja como si aún siguiese vigente ese sueño utópico de un nuevo Hollywood capaz de no subestimar al espectador adulto: un mundo donde la ficción podía sentir más respeto por las verdades terribles que por las dogmáticas mecánicas de castigo y/o redención de los manuales de guión. Quaid borda un papel sumamente problemático, donde sus viejas armas de seductor parecen supurar patetismo y desesperación. Y, cuando uno piensa que el rol de rebelde sin causa le viene demasiado grande a Zac Efron, el progresivo enturbiamiento en la mirada del joven actor pulveriza los prejuicios. La película de Bahrani no es perfecta, pero proporciona el placer infrecuente de encontrar un discurso incómodo donde uno no se lo esperaba: un drama de padres e hijos, y agricultura transgénica.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete
Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS