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LA PELÍCULA DE LA SEMANA

La autoría de los Coen puede ser cargante

'A propósito de Llewyn Davis' es una película con personalidad pero sin las virtudes que amo en sus autores

Oscar Isaac (izquierda) y Justin Timberlake en un fotograma de 'A propósito de Llewyn Davis'. pulsa en la foto
Oscar Isaac (izquierda) y Justin Timberlake en un fotograma de 'A propósito de Llewyn Davis'.

La rumorología con pretensiones de exactitud afirmaba que A propósito de Llewyn Davis se basaba en la autobiografía de Dave Van Ronk, un músico cuya obra no conozco y que aparece ofreciendo su testimonio sobre el joven Dylan en el extraordinario documental de Scorsese No direction home. Los hermanos Coen han negado en varias entrevistas lo que afirmaba ese rumor. Y observando al personaje que protagoniza su película deduces que es cierto. Te cuesta identificarlo con aquel señor cálido, jovial, irónico y listo que narraba anécdotas jugosas sobre los primeros tiempos de Bob Dylan en el Village y su amistad con él, a veces problemática por la afición de Dylan a apropiarse de los discos que le gustaban en las casas en que le daban cobijo amigos y conocidos. Y, por supuesto, tampoco hay referencias sobre un cantante folk llamado Llewyn Davis, o alguien parecido a él, en Crónicas, la primera parte de la lírica autobiografía de Bob Dylan.

Por lo cual, deduces que este señor pertenece exclusivamente a la imaginación de Joel y Ethan Coen. También que se han divertido mucho escribiendo el guion, haciendo fría notaría de las tragicómicas aventuras cotidianas que le ocurren a este perdedor irremediable. Existen antecedentes en su cine de historias que, sobre todo, les interesan a ellos, y que también son alabadas fervorosamente por la crítica. Se supone que es su cine más personal e inquietante. Allá ellos. Por mi parte, debido a carencias sobre el significado del arte o de no entender las narraciones heterodoxas y oblicuas, me resulta arduo o imposible encontrarles ese punto presuntamente genial. Sin embargo, disfruto enormemente cuando al parecer rebajan su autoría o esta puede ser degustada por variados tipos de público, como en Muerte entre las flores, El gran Lebowski, Fargo, No es país para viejos y Valor de ley.

Por mi parte, no percibo el interés de ser testigo durante un par de horas de las desventuras de un necio, sea este folk singer o astronauta, oficinista o panadero. El tal Llewyn no escribe canciones apasionantes, pero tampoco encuentro nada en su intemperie que me resulte atractivo en este fulano de gesto hosco que cada noche debe plantearse dónde le van a prestar una cama, en sus feroces discusiones y reproches con la intensa e insoportable novia de un amigo a la que ha dejado embarazada, en su uso y abuso de un caricaturesco matrimonio de liberales que le dan refugio sin pedirle explicaciones, en sus vanas negociaciones con los ordinarios y prosaicos dueños de los clubs para que le dejen actuar en ellos, en las airadas conversaciones con su pragmática hermana recordándole esta que ya se ha hecho lo suficientemente mayor para que su arte siga sin reconocerse, en su desesperada búsqueda callejera del fugado gato de sus anfitriones, en la manía que tiene un exótico desconocido en darle palizas a la salida de los clubs, en su sórdido colegueo con otros cantantes tan poco inspirados como él, en su habilidad para meter la pata y dar la bronca cada vez que se emborracha y deja suelta a su frustración.

Y, como no, los Coen siguen poseyendo talentos evidentes, como su capacidad para crear atmósfera, hacerte sentir el frío externo e interno que puede provocar el invierno neoyorquino cuando todo va mal, algunas caricaturas con cierta gracia, las secuencias en las que aparecen dos actores auténticamente gloriosos como John Goodman y F. Murray Abrahm interpretando a un yonqui filosófico y perturbador y a un pragmático y tétrico productor musical, algún dialogo entre ácido y surrealista, con la marca de la casa. Imagino que el protagonista, Oscar Isaac, se ha esforzado en la creación y los matices que le han exigido los Coen, pero su interpretación me resulta tan cargante como su personaje. Es una película con personalidad, pero en la que están ausentes las virtudes que prefiero de sus creadores.

A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS

Dirección: Ethan y Joel Coen

Intérpretes: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman.

Género: drama. EE UU-Francia, 2013.

Duración: 105 minutos.

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