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Cinco promesas latinoamericanas

Ahora que se acerca 2014, en esta parte del Atlántico comienzan a brotar las nuevas sensaciones de la música moderna de la región para la temporada que se avecina

Marineros.
Marineros.

El 2013 será recordado como un año de transición en la música moderna latinoamericana. Al tiempo que se achican las barreras entre el circuito anglosajones y el hispano, una nueva generación de artistas demuestra que sí es posible llevar adelante un sonido idiosincrático sin apelar por la obviedad. A semanas de que concluya esta temporada bastante agitada, presentamos a cinco jóvenes exponentes de la región que darán qué hablar el año que viene.

Juan Wauters

Water de Juan Wauters.

El uruguayo Juan Wauters es el nuevo ídolo del indie neoyorquino. No obstante, con el lanzamiento a comienzos de este mes de Water, primer sencillo de su debut solista, NAP (North-American Poetry), que saldrá a la venta en febrero de 2014, este trovador del siglo XXI se decidió a plantar bandera. Al punto que Pitchfork le augura un futuro promisorio al también líder de los garageros The Beets, mientras que los más osados aseguran que lo suyo dejará a Devendra Banhart en el olvido. Y tiene sentido, pues si bien el cantautor de madre venezolana se tropezó con sus raíces latinas, el artífice montevideano desde que tomaba la mamadera estuvo conectado con la maravillosa cosmogonía de esa vera rioplatense en la que cohabitan el Carnaval, la poesía maldita de Eduardo Mateo, el descaro modelo Stones de los Mockers, y el candombe beat de Opa. Lo que advierten esas maravillosas canciones que pululan en la web, interpretadas en un inglés mal parido, y que además emanan cierto tufillo a Daniel Johnston, Syd Barret y a la brutalidad de los Troggs. Para ponerle la tilde heroica a la historia, este hijo de la cuna de Artigas llegó a Queens en 2002, cuando recién alcanzaba la mayoría de edad, para ayudar a su padre a sacar a su familia de un Uruguay que padecía una profunda crisis económica. Así que, sal salir de la fábrica en la que trabajaba, la música se convirtió, al igual que la biblioteca de su barrio, en la medicina para su aislamiento.

Zero Kill

Zero Kill en Automática Lunática.

Al vástago del cantautor argentino Gustavo Cerati el mundo lo conoció a pocas semanas de abandonar la barriga de su madre, la artista chilena Cecilia Amenábar, en el video de Te llevo para que me lleves, primer éxito en solitario del otrora líder de la agrupación Soda Stéreo. Ahora, 20 años más tarde, Benito formalizó el inicio de su trayectoria musical con el lanzamiento de Trip Tour, álbum debut de su proyecto Zero Kill, un trabajo en el que demuestra que el talento también se hereda. Lo que no significa necesariamente que sea la astilla del palo, pues el joven artífice parece estar decidido a llevar una carrera a contracorriente de la del padre. A pesar de que podría regodearse en el apellido que le legó una de las grandes estrella del rock latinoamericano, el músico que el próximo 26 de noviembre, día en el que alcanzará las dos décadas de existencia, presentará su ópera prima en la capital porteña, optó por el bajo perfil, por un trajín que apela por la autogestión, y por ganarse con un puñado de canciones intensas (habilidad que ya demostró en los dos últimos discos de su progenitor, donde fue autor de algunas canciones) cada uno de sus logros. Si bien Trip Tour es una producción con sabor a los noventa, a las texturas de Loveless de My Bloody Valentine o a la oscuridad de Blue Lines de Massive Attack, también reúne el repertorio seminal de su creador, cuyas canciones inaugurales fueron compuestas a los 17 años.

Chico Unicornio

King Korg de Chico Unicornio.

A un paso del pop radiante orientado a la pista de baile y a otro del folk espacial, el peruano Hilo Gallo se instaló en la segunda mitad de 2013 en la ciudad argentina de La Plata, uno de los mayores focos del indie conosureño, por una temporada que parece más larga de lo que inicialmente planeó, con la intención de establecer un laboratorio de experimentación en el que pudiera probar la solvencia mutante de su proyecto Chico Unicornio. Por eso el pasado viernes, en su show en Buenos Aires, en el que compartió line up con Alan Palomo, líder de la banda de chillwave Neon Indian, el exponente originario de Lima presentó en sociedad, tras varias semanas de ensayo y error, la adaptación al formato grupal de la unipersonalidad de su concepto artístico. Aunque al parecer, tras darle una ojeada a la bitácora de trabajo de este emprendimiento acuñado en la tierra de Los Saicos, la aventura y la improvisación son los causantes de que Gallo se anime a frotar la lámpara de la creatividad cada vez que su genio se encuentra por echarse una siesta. Lo que no la ha permitido detener el trote ni el ingenio tras al aparición de su álbum Boy Scout y, seguidamente, del EP Triángulo en 2010, al tiempo que le abrió las puertas para su internacionalización en 2012 al ser invitado por la Red Bull Academy para participar en la edición del Sónar barcelonés de ese año.

Arca

Self defense de Arca.

Después de editar el álbum y un EP como Nuuro, proyecto que lo introdujo en la escena caraqueña antes de abrazar la mayoría de edad, a mediados de la década de 2000, y en el que mechaba la canción pop con el universo creativo que brindan el IDM y el glitch, el productor Alejandro Ghersi, una vez que se instaló en Nueva York, sufrió una metamorfosis conceptual radical, lo que lo obligó también a cambiar su alias. Con Arca, el ahora beatmaker venezolano abandonó el galope hacia la pista de baile para optar por una propuesta más oscura, próxima a ese punto medio entre el hip hop, el dubstep y la deformidad del laboratorio electrónico inglés Aphex Twin. Apenas este nuevo geniecillo del enrevesamiento hizo pública su flamante encarnación, a partir de la salida del álbum Stretch 2, en agosto del año pasado, por intermedio del sello neoyorquino UNO, Kanye West se vio cautivado por la transgresión que representa su oferta artística, pues entraba en sintonía con el sonido experimental que el rapero estadounidense procuraba para Yeezus, su más reciente realización. Así que lo convocó para su troupe de productores, de la destacan nada menos que Rick Rubin, Daft Punk, Hudson Mohawke y Lupe Fiasco, y de la que destaca y sorprende por su juventud y por el enigma que tejió en torno al personaje que confeccionó, para colaborar en cuatro temas del sexto disco de estudio del célebre MC: uno más retorcido que el otro.

Marineros

Espero de Marineros.

Así como la electrónica chilena, que tiene en el productor Alejandro Paz, la mano derecha de Matías Aguayo en su último álbum en The Visitor, al igual que una de las grandes sensaciones del house actual (2013 será un año inolvidable para el artista asentado en Madrid), el pop independiente austral disfruta sin duda de un momento maravilloso. Amén de lo logrado por Javiera Mena, Gepe, Dënver, Álex Anwandter o Astro, Marineros es en este momento la novedad de la escena local. Si bien el dúo formado por Soledad Puentes (guitarra, programaciones y voz) y Constanza Espina (voz) realizó a lo largo del año un trabajo modesto, sin pocos conciertos y sin revelar más que lo que hay en la web, en Santiago son muchos los que creen que será la apuesta más importante de 2014. A tal instancia que ya advierten que serán el recambio de esta avanzada. Y parece que es lo que en realidad el tándem se trae entre manos, pues a fines de octubre presentó el videoclip de Espero, su primer sencillo, editado en vinilo de siete pulgadas por el sello Unión del Sur (impulsado por el productor y músico Cristián Heyne y su gran aliada, Javiera Mena). “Pop de amor y existencialismo” es el título que le da la dupla a su propuesta, en la que ciertamente palpita un concepto sonoro y estético con un claro sentido de representación generacional, y que ya despertó las expectativas del movimiento.