Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La imaginación infinita de Kiesler

La exposición 'El escenario explota', inaugurada en La Casa Encendida de Madrid, se centra en la magia escénica del artista

Sala del Film Guild Cinema mostrando la “screen–o–scope". Nueva York, 1929 Ver fotogalería
Sala del Film Guild Cinema mostrando la “screen–o–scope". Nueva York, 1929

Frederick Kiesler (Czernowitz, Ucrania, 1890 - Nueva York, 1965) fue un mago del espacio. Escenógrafo de imaginación portentosa, Kiesler es un referente indiscutible de la arquitectura, un artista de vanguardia, un escultor, pintor, tipógrafo y poeta que un día le suplicó a su esposa que por favor no le confundieran jamás con un surrealista.

La exposición El escenario explota, inaugurada en La Casa Encendida de Madrid, se centra en la obra teatral del artista, en sus singulares aportaciones al espacio escénico. La exposición, además,  se ha  completado con una sesión de cine que indaga en la faceta de Kiesler como divulgador de películas de vanguardia. Piezas de Vikking Eggeling, Hans Richter, Walter Ruttmann o la copia original de Ballet Mécanique, de Fernand Léger y Dudley Murphy, que Kiesler programó en Europa y Estados Unidos. Las viejas latas, encontradas por su viuda, se pudieron restaurar y volver a proyectar gracias a Jonas Mekas y el Anthology Film Archives.

La exposición de Madrid, comisariada por Bárbara Lésak (es una coproducción con el Museo austriaco de Teatro de Viena y Villa Stuck, en Múnich), nos abre el ideario de su teatro infinito, cuya fecha de nacimiento le sitúa en 1926 en la ciudad de Nueva York.

Kiesler en una sesión de trabajo.
Kiesler en una sesión de trabajo.

“Él quiso crear un nuevo tipo de teatro, pero que no fuera cine. El público del cine empezaba ser enorme y él pensaba que el teatro debía volver a sus raíces, que no eran ni mucho menos las de un espacio realista”, apunta Lésak. Para Kiesler, seguidor en los años 20 del movimiento constructivista, el teatro conocido hasta entonces estaba muerto (“y nosotros queremos ofrecerle un espléndido funeral”, escribió en el manifiesto El teatro está muerto) y solo renacería sobre una pista de baile absolutamente nueva y revolucionaria.

Kiesler era un total desconocido en su país hasta que después de la I Guerra Mundial recibió un encargo en Berlín que le permitió llevar a cabo sus ideas: el espacio escenográfico para la obra Rossum’s Universal Robots (R.U.R), de Karel Capek. El montaje se convirtió en un éxito mundial, viajó a Nueva York, ciudad en la que el creador viviría hasta su muerte, y el nombre de Kiesler empezó a ser reconocido. R.U.R mostraba sus experimentos: audaces dispositivos mecánicos, proyecciones de películas, juegos ópticos, neones y escenarios móviles. El uso de materiales industriales, hasta entonces insólitos sobre un escenario, le añadieron si cabe más personalidad al montaje, para muchos un avance de ideas que luego desarrollaron Fritz Lang y Charles Chaplin en Metrópolis (1926) y Tiempos Modernos (1935) respectivamente.

En 1924 desarrolló el concepto del “sinfín”; se trata de crear un espacio encerrado en una concha de doble curvatura y cemento reforzado que ofrecía un interior abierto para ser modificado libremente. Para la adaptación de este concepto a la escena, Kiesler desarrolla un escenario en doble espiral interconectada por rampas y anillos en los que se situaban los espectadores.

Más información