El regreso triunfal de Raquel Meller

El celebrado musical basado en la cupletista española salta del circuito alternativo y se reestrena como una gran producción de época

El nombre de Raquel Meller evoca el sonido del gramófono, la melancolía de La Violetera y al puro olvido. Inesperadamente también al triunfo, el del musical Por los ojos de Raquel Meller, curioso caso de montaje en progresión que nació 2006, que se reestrenó cada temporada con nuevos ingredientes en la pequeña sala Tribueñe de Madrid y que ahora llega al Reina Victoria con los soportes de una gran producción pero con su espíritu de espectáculo musical de época intacto. Un salto del circuito alternativo al comercial que podría ser la feliz guinda a una leyenda llena de desdicha.

El productor Juanjo Seoane ha sido el artífice de este giro de  la obra de Hugo Pérez, escritor y director de una historia que recupera a un mito de la España anterior a la guerra. Raquel Meller es hoy una  gran desconocida, pero su fama llegó a ser internacional. Pudo haber sido el personaje de Virginia Cherrill en Luces de la ciudad, aquella ciega de la que se enamora Charlot en esa obra maestra indiscutible no ya del cine sino de cualquier arte,  pero aquella aragonesa testaruda, arisca e individualista, rechazó el trabajo. Chaplin, eso sí, se quedó con la melodía de La violetera, de José Padilla, que ella había popularizado y la convirtió en banda sonora de la película y, en gran medida, de su genial figura.

Imagen de Maribel Per en 'Los ojos de Raquel Meller'.
Imagen de Maribel Per en 'Los ojos de Raquel Meller'.javier naval

Meller viajó por todo el mundo, actuó en decenas de grandes teatros. Hasta que la Guerra Civil y, finalmente, un indeseable vacío, condenaron al olvido a la estrella. "Con esta obra yo quería transmitir mi amor por Raquel y por todos los artistas que han caído en el olvido", dice Hugo Pérez. "Esos artistas muertos y olvidados... Reivindicar con ellos una manera de hacer en el escenario: más majestuosa y más. Eso peso se ha perdido". Para Pérez el secreto del éxito de su obra ha sido ese "amor" por un mundo perdido. "Y el misterio de Raquel, que fue una mujer con una personalidad redonda pero a la vez llena de aristas. Ella creaba un personaje para cada canción. En Nueva York decían que no era una mujer, era muchas".

"Yo llevaba tiempo buscando un musical muy español", recuerda Seoane.  "Incluso pensé en hacer una versión de Las cosas del querer, pero no salió. Un día, leyendo las puntuaciones de los críticos de teatro de La Guía del Ocio reparé en Los ojos de Raquel Meller, que siempre aparecía en el primer puesto por encima de superproducciones como El Rey León.  Un domingo me fui a la sala Tribueñe para ver, desde su pequeño aforo, la obra. Allí estaba la idea que buscaba. La simiente del proyecto que soñaba".

Seoane recuerda que el marcado aire de época del espectáculo le resultó un soplo de aire fresco. "Mucha gente me lo desaconsejó, que el montaje perdería el sentido si crecía, pero Gerardo Vera me animó al decirme que quizá no estaba tan equivocado. su opinión fue importante".

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Básicamente, la nueva Raquel Meller ha ganado en amplitud musical (antes era solo un piano), en iluminación, en decorados y en número de actores. El director explica que ha cambiado letras y coreografías al cambiar el espacio. "Pero la estructura es igual", explica la actriz Maribel Per, que interpreta a la artista desde 2006 y que para este nuevo montaje contará con el relevo de otras dos actrices. Según Per la obra mantiene, pese a los cambios y la suma de medios, su aire "artesanal". Para la actriz, con su maquillaje exagerado de heroína muda, dar vida a Meller ha sido una escuela difícil de expresar en palabras: "Me ha dado un enfoque muy profundo de lo que es ser artista"

Parte del reparto de 'Por los ojos de Raquel Meller'.
Parte del reparto de 'Por los ojos de Raquel Meller'.javier naval

Quizá la gran revolución de Raquel Meller fue dotar al cuplé de una intensidad que hasta ella no existía. "Lo transformó en algo respetable", afirma Per. "Ella era una mujer rebelde y cabezona, que salió adelante sin padrinos, algo impensable en aquella época. Una luchadora". Aunque, como afirma Seoane, la cualidad principal de Meller quizá fue su manera de trascender la canción popular hasta, para mal o para bien, vivirla:  "Ella no cantaba, ella sufría".

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