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Muere el escritor y ensayista mexicano José María Pérez Gay

El traductor fue uno de los colaboradores más cercanos al excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador

Pérez Gay.
Pérez Gay.

José María Pérez Gay (Ciudad de México) recordaba el día en que, jovencísimo, conoció a Martin Heidegger en su casa en Alemania. Entonces era un estudiante de alemán y, acompañado por otro estudiante boliviano, se animó a visitar al filósofo alemán en su casa en Friburgo. Contaba que apenas había participado en la conversación porque su alemán estaba en pañales, pero guardó minuciosamente los detalles en su memoria. Tiempo después, Pérez Gay se convertiría en uno de los principales divulgadores en español de la literatura alemana del siglo XX. Traductor, escritor, ensayista, académico, diplomático y novelista, José María Pérez Gay murió este domingo en la capital mexicana, según anunció su hermano Rafael en su cuenta de Twitter. Tenía 70 años.

Pérez Gay creció en un edificio de la colonia Condesa en “un estrecho pero glorioso departamento”, evocaba en un texto escrito en 2009. Tras su estancia en alemana, y superado el trance por el aprendizaje del alemán, se convirtió en uno de los primeros traductores de alemán en el suplemento cultural de la revista Siempre!, que dirigía el también fallecido Carlos Monsiváis.

Se convirtió en un divulgador fundamental de la cultura alemana. Tras su encuentro con Heidegger –“a unos 20 kilómetros de donde Fausto hizo el pacto con el diablo” escribió– tradujo al español a T. W. Adorno, Jürgen Habermas, Thomas Mann, Franz Kafka, Walter Benjamin y Elias Canetti. El Gobierno de Austria le otorgó la Cruz de Honor para las Ciencias y las Artes y el Gobierno de Alemania, la Orden de la Gran Cruz al Mérito.

Sirvió como embajador mexicano en Portugal y agregado cultural frente a la República Federal Alemana. El excandidato presidencial mexicano Andrés Manuel López Obrador lo nombró como su interlocutor frente a la diplomacia extranjera en los tumultuosos días previos a la polémica elección presidencial de 2006, y no hizo un secreto que pensaba nombrarle como canciller de resultar ganador de la contienda. El nombre de Pérez Gay aparece con frecuencia en los cables del Departamento de Estado difundidos por Wikileaks en 2010 que mencionan la campaña electoral mexicana de ese año.

La cercanía con López Obrador fue tal que el candidato votó por él en las elecciones de 2012, por considerarle “un intelectual, un amigo” (en el sistema mexicano es posible votar por candidatos no registrados y el líder de la izquierda alardeó de no haberse dado el sufragio a sí mismo).

En una columna publicada en la revista Nexos en 2003, Pérez Gay recordaba una frase de Nietzsche, –a quien definía como “gran estratega de la dicha y uno de los más desdichados de todos”– “Quien no pueda olvidar todos los pasados, quien no sea capaz de habitar el instante, sin vértigo ni temor, nunca sabrá lo que es la felicidad y, peor aún, jamás hará feliz a los otros”. No hay ensayo suyo en que no evoque a algún escritor alemán, en el que habla con naturalidad y sencillez de pensamientos lejanos al lector, con incorregible pasión didáctica. Y también, siempre asoma una pizca de fina ironía. En otro texto, en el que también habla sobre la búsqueda de la felicidad, concluía: “La oferta de paraísos ha sido siempre menor a nuestras necesidades”. Las de la humanidad, es decir.