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Suenan las primeras palmas

'Like father like son', del japonés Hirokazu Kore-eda, es desde ya clara favorita en Cannes. 'Jimmy P', con Benicio del Ttoro no tuvo igual acogida

Si Steven Spielberg va a mandar mucho sobre el jurado que preside en Cannes, Like father like son, del japonés Hirokazu Kore-eda, es desde ya clara favorita a la Palma de Oro de Cannes. Si lo que empuje al jurado a su decisión va a ser buen cine, también Like father like son encabeza desde hoy las apuestas. Kore-eda, un maestro a la hora de dirigir niños como podía verse en Nobody knows, Kiseki y, en menor medida porque los críos eran más secundarios, en Still walking. En Like father like son, el cineasta japonés arranca su drama con el descubrimiento por parte de dos familias de que sus hijos, actualmente de seis años, fueron intercambiados al nacer en el hospital. En una jugada inteligente, el director usa como punto de vista a uno de los padres, un ejecutivo triunfador, orgulloso de sí mismo, que espera que su vástago esté a su altura, y que rodea a su hijo de toda clase de lujos, aunque pasa muy poco tiempo con él. No hay grandes sufrimientos, no hay momentos de madres plañideras, solo la visión de lo que ocurre en esa familia cuando debe intercambia su hijo con otro. “Soy padre de una hija de cinco años, y una posible pregunta es si el compartir sangre y ADN convierte a un hombre en padre”, dice Kore-eda, que para encarnar a ese hombre que se da cuenta de su mal camino en la vida familiar ha fichado a una de las grandes estrellas de la canción en Japón, Masaharu Fukuyama. “Me centreé”, contaba en rueda de prensa esta mañana el director, “en el personaje principal, orgulloso de sí mismo, que quiere serlo también de su familia, y trabajé el contraste con el otro padre. El otro puede parece un perdedor, el demonio en el sistema de valores del protagonista, ya que son de diferentes clases sociales, incluso parecen vivir en sociedades distintas. Pero eso no quiere decir que mi idea fuera mostrar diferentes categorías sociales, solo diferentes familias que provocaran un shock –hasta cierto punto saludable- en la cabeza del padre. Puede que al final haga ese retrato social, de acuerdo; sin embargo nunca fue el objetivo”.

Kore-eda se siente cómodo en volver a la familia. “Es el único tema repetido en mis películas. Me sigue interesando el tema, y además siento que tras ser padre no ha cambiado mi opinión. Seguiré con ella, porque creo que da mucho juego”. El cineasta ha reconocido que en Like father like son le influyó la ternura de uno de sus trabajos precedentes, After life: “Lo volví a ver cuando empecé este rodaje, y la tuve en cuenta porque no sabía cómo acabar la película. Es más, el final que aparece en pantalla, casi lo consensué tras hablar con todo el equipo”. ¿Y qué le parece una Palma de Oro. “Es mi cuarta participación en Cannes. Siento un montón la presión y espero la proyección de gala de esta tarde con nervios. Está muy bien venir al certamen porque coincides y haces contactos con la industria. Y por ejemplo, tienes la oportunidad, como yo anoche, de charlar con alguien como François Ozon, y conversar de nuestras películas. Esos son los grandes momentos con los que me quedo”.

Kore-eda saca magia de los niños cuando actúan para él. Y para eso tiene sus secretos: “Me preocupan mucho las secuencias de diálogos con los niños, pero mantuve la realidad en sus palabras. Hice que los padres sean quienes dicen las cosas más crueles y complejas, y que los niños fueran quienes tuvieran frases más sencillas. Es difícil de explicar… yo escribí un guion, por supuesto, pero los niños tenían libertad para cambiar espontáneamente sus palabras, porque yo ante todo quería naturalidad en sus frases. No tengo un criterio especial para escoger los niños cuando selecciono el reparto. Busco que me atraigan por su personalidad, y que me provoquen el pálpito de que juntos haremos una buena película”. Al lado, Masaharu Fukuyama, conocido en Japón por sus canciones tiernas, y que aquí encarna a un personaje seco, describió algo más esa interacción con los niños: “No les dieron el guion, sino que ellos jugaban, les dábamos pistas en cada secuencia, y así creábamos el momento. No entendían la diferencia entre jugar y actuar y una vez me dijeron que así era fácil convertirse en estrellas”.

La otra película del día, Jimmy P’, del francés Arnaud Desplechin, no ha tenido tan buena aceptación. Su película está basada en el estudio hecho en 1951 por el antropólogo francés Georges Devereux (al que da vida Mathieu Amalric), sobre su relación con Jimmy Picard (Benicio del Toro), un indio blackfoot estadounidense internado en un hospital en Topeka (Kansas), aquejado de pérdida de audición, cegueras temporales, vértigos, migrañas… Todo, posible consecuencia de su participación en la Segunda Guerra Mundial. Estas dos personas, que aparentemente no tienen nada en común, conectan en una larga sesión de psicoanálisis, que es lo que se traga el espectador. Teatro filmado. Desplechin, que participa por sexta vez en la Sección Oficial, ha rodado en Estados Unidos y en inglés para intentar llegar al alma de sus personajes. Pero una cosa es intentarlo, y otra lograrlo.

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