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Hogar, dulce y artístico hogar

‘Fuera de casa’ muestra por primera vez la colección Cranford fuera del apartamento familiar en Londres

'Cloaca de Nob' (1998), obra de Paul Noble, fotografiada ayer en la exposición.
'Cloaca de Nob' (1998), obra de Paul Noble, fotografiada ayer en la exposición. EFE

La mecenas londinense de origen libanés Muriel Salem andaba ayer con paso ligero por la galería central de la exposición Out of the house, montada a partir de los fondos de su colección, la célebre Cranford Collection, en la sala de arte que la Fundación Banco Santander guarda bajo siete llaves en su ciudad financiera de Boadilla del Monte (Madrid). "Aquél adornó durante una época la cabecera de nuestra cama; y ese otro lo tuvimos en el salón", exclamaba apuntando a una sucesión de lienzos de Sophie Von Hellermann, junto a unos sigmar polke sombríamente azules, pintados hacia el final de la vida del artista. Y luego, ante Escultura sedente, de Franz West, engañoso cojín de aluminio rojo: "No debería decirlo, pero a veces me siento sobre él".

Tanto desparpajo y familiaridad tiene su explicación: no es solo que Muriel y su marido, Freddy Salem, localizaran, se "apasionaran" por ellas y compraran las 92 piezas de arte contemporáneo del brillante cambio de siglo británico y de la generación nacida durante la posguerra alemana, es que han convivido con ellas, sus hijos y últimamente sus nietos, durante tres décadas, el tiempo que hace que comenzaron la colección, bautizada como Cranford sin otra razón que la respetable "normalidad" que transmitía el nombre. "Ir cambiando las obras de arte de lugar", explicaba Muriel, "puede descolocar, pero también resulta estimulante".

Obras de Franz West y Krebber, en Londres.
Obras de Franz West y Krebber, en Londres.

El título, Fuera de la casa, es fiel a la excepcionalidad de la muestra; nunca antes se había visto en bloque la colección fuera de las visitas al hogar familiar en Regent's Park, que se autorizan, previa cita telefónica y en recorridos temáticos que rotan cada 18 meses (ahora Richad Prince, luego piezas latinoamericanas). Con esta muestra, la Fundación Santander incide en su política de los últimos años de descubrir al público colecciones privadas capitales del arte contemporáneo; antes de la Cranford, fue el turno de la Daros Collection, la Sandretto Re Rebaudengo o, el año pasado, la del matrimonio Rubell.

El conjunto dice tanto de la lujosa intimidad de la pareja como de sus gustos y aspiraciones. Dueños de un conjunto de unas 700 obras, empezaron coleccionando, "con la ayuda del profesor Andrew Renton", muestras de la explosión punk de la Colonia de finales de los 70. De Albert Oehlen, Martin Kippenberger, Rosemarie Trockel, Michael Krebber o Sigmar Polke pasaron, sin abandonar el gusto por la escultura irónica y la pintura de gran formato (tan grande como puede serlo un apartamento de lujo en Londres), a la revolución de los jóvenes artistas británicos. En el recorrido no faltan los sospechosos habituales: Damien Hirst y su pasión taxidermista (la inquietante doble vitrina Algo o nada, con peces disecados), las esculturas de Rebecca Warren, Sarah Lucas y Anish Kapoor o los vídeos de Phil Collins.

Como testimonio del viaje emprendido por Muriel Salem "a los estudios del Este de Londres, en busca de los artistas jóvenes", aterrizó ayer en Madrid por primera vez en su vida al finalista del premio Turner Paul Noble (Dilston, 1963). Vino con pinta de profesor chiflado para acompañar a sus dibujos a lápiz sobre papel, muy especialmente a Cloaca de Nob (1998). La obra atrajo todas las miradas durante la presentación a la prensa por su meticulosa descripción de mundos microscópicos allá donde parece que hay ladrillos grises. Noble describió a Salem como "la persona con mayor energía" que nunca tuvo "la suerte" de conocer, y ella se congratuló de que alguien hubiera reparado en el hecho.

Cerca de artista y coleccionista, y siempre en segundo plano, Freddy Salem, empresario y "miembro del patronato de la Cranford", departía con la comisaria, Anne Pontégnie, junto a la pieza que cierra la exposición, un video Pierre Huygue titulado No son tiempos para soñar. El artista francés es también el encargado de recibir a los visitantes con una obra que chilla en neón: "No soy el dueño de Blancanieves". A la vista de lo que el matrimonio sí posee, el hecho quizá sirva a los envidiosos de consuelo.