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La llama de Alicia Keys

Está en pleno fuego. La neoyorquina de los 14 ‘grammys’ y 35 millones de discos vendidos regresa con otro canto a la fuerza y las emociones de las mujeres. Reconoce que su madre y su abuela le han marcado siempre el camino.

Talento musical, buena imagen y compromiso con causas como la lucha contra el sida. Es la llave del éxito de Alicia Keys. Ampliar foto
Talento musical, buena imagen y compromiso con causas como la lucha contra el sida. Es la llave del éxito de Alicia Keys.

"Parece una chica, pero es una llama, tan brillante que podría quemarte los ojos”. La potente voz de Alicia Keys (Nueva York, 1981) cantó en septiembre estos versos de su nuevo single, Girl on fire, subida al escenario de los MTV Video Music Awards con un vertiginoso escote, pantalones ceñidos y tacones, mientras tocaba un teclado eléctrico. Como a menudo ocurre con las letras de esta estrella del R&B –admirada no solo por su exitosa carrera, sino también por su talento musical, sus habilidades como pianista y su activismo contra el sida–, sus versos hablan de su experiencia, pero guardan las distancias. Alicia siempre ha dicho que esta reserva es uno de los rasgos que le ha impuesto su ciudad, Nueva York.

Aquella actuación en la gala supuso la presentación en directo de su nuevo trabajo, un primer aperitivo del disco que saldrá a la venta en una semana, con el que rompe una pausa de tres años y que le llevará a una gira en los próximos meses. En el escenario la acompañaron Nicki Minaj, que rapeó sobre la voz de Keys, y la gimnasta olímpica Gabby Douglas, que encadenó volteretas. Flexibilidad y toque urbano junto a la atronadora voz de Alicia Augello Cook, su verdadero nombre.

Hija de una pareja mixta, creció en la zona oeste de Manhattan, en las temidas calles de Hell’s Kitchen, junto a su madre, ya que su padre se marchó de casa cuando ella tenía solo dos años. “Ella vive en un mundo que está en llamas, siente la catástrofe, pero sabe que puede volar lejos de allí”, continúa la canción.

El origen de esta letra –y del álbum que lleva el mismo título– fue un artículo sobre Keys que la estrella leyó. Una periodista escribió que estaba en un momento refulgente (on fire), y aquello no cayó en saco roto; Alicia se quedó pillada, intuyó que eso era el principio, no de una buena amistad, sino de una canción, y tomó nota. Empezó a darle vueltas. “Realmente aquello abarcaba por completo el momento que atravesaba. Captó perfectamente mi estado mental”, explica en la suite de un hotel en la Quinta Avenida de Nueva York a finales de octubre.

Puede que ahora escriba mejores canciones porque tengo más ganas. Hay un sentimiento, y al final eso es el ‘soul'

Son las ocho de la tarde, Keys lleva varias horas dando entrevistas, pero no pierde el hilo, está relajada. Al fin y al cabo, lleva desde los 16 años volcada en este negocio. Sigue con atención la conversación y responde con esmero, mostrándose cálida y reservada a un mismo tiempo. A su espalda, en una chimenea acristalada, arden unos troncos de madera. Alicia, con su rostro de rasgos finos enmarcado en una media melena perfectamente alisada –atrás quedan las trencitas rasta y el look afro–, lleva un vestido de punto morado con cuello alto y sin mangas. Es menuda y tiene una poderosa mirada. Hace rato que se quitó los zapatos; bajo las medias negras se adivinan unas uñas pintadas de rojo.

¿Cómo siente que ha cambiado su relación con la prensa, con la fama y su trabajo en estos 15 años? “Creo que he pasado de no tener ni idea de lo que hacía al extremo contrario. Me fui al opuesto con todo excesivamente medido y trabajado, aceptando todo lo que me proponían, exagerando. Ahora quiero mostrar un poco más de mí misma, estoy en una fase abierta, de hablar más de lo que realmente pienso”. Tras semejante declaración, rompe en una carcajada.

El momento refulgente al que alude su nuevo álbum está relacionado con su maternidad. Casada con el productor y artista Swizz Beatz, su hijo Egypt acaba de cumplir dos años. ¿Por qué ese nombre? “Hice un viaje allí que me marcó y mi marido lo recordó cuando estaba embarazada”, dice. En los tres años que han transcurrido desde el lanzamiento de su anterior trabajo, Keys también ha roto con su mánager Jeff Robs. “Cuando empecé a trabajar en este disco, no estaba rodeada de tanta gente como en otras ocasiones; al principio estuve sola y básicamente en Nueva York. Acababa de tener a mi hijo, pero quería trabajar de nuevo, componer, escribir buenas canciones”. Y en ese proceso de redescubrimiento de una profesión en la que lleva empeñada casi la mitad de su vida, vio que algo había cambiado. “Encontraba canciones en todos lados, en frases sueltas de una conversación, en palabras que oía y me tocaban. Estaba abierta a recibir la inspiración necesaria para escribir”, cuenta. Hasta en la inauguración de una exposición en Los Ángeles del artista irlandés Conor Harrington y su novia Chloe Early vio un cuadro que le inspiró notas musicales. El lienzo mostraba a una muchacha que apoya su cabeza en el borde de una piscina y de la que salen cebras que se transforman en aviones. “Aquello era pura libertad, justo lo que sentía. Hice una canción, aunque no ha entrado en este disco”.

Los 13 temas que sí forman parte del nuevo trabajo fueron rematados por un amplio equipo de colaboradores: desde su marido, como productor de New day, hasta el responsable del sonido de Amy Winehouse, Salaam Remi; del cantautor John Legend, coautor de la balada Listen to your heart, a Maxwell, que acompaña a Keys en el dueto Fire we make.

No tiene del todo claro si ha madurado su proceso de composición y producción, pero sí declara enfática que mantiene el mismo sentimiento soul: “Puede que ahora escriba mejor, porque tengo más ganas, no sé. La mejor lección que me dieron hace más de una década a este respecto es que para hacer una buena canción solo necesitas tres cuerdas y la verdad, no hace falta mucho más. Ahora no siento que vaya en una determinada dirección, sino simplemente que tengo un sentimiento y eso, al fin y al cabo, es el soul. Creo que en este momento estoy mucho más conectada con mis emociones”.

Sus canciones son a menudo entendidas como una llamada que refuerza y reconoce el potencial de las mujeres. “Lo cierto es que yo canto para mí misma; es fundamental escucharte. Si mis letras apelan a supermujeres y esto es una constante, me alegro. Creo que no se nos valora lo suficiente. Es importante saber que eres grande y sexy, aunque todo a tu alrededor te indique lo contrario. Mi madre es la persona más feminista que conozco, y siempre he estado rodeada de mujeres muy fuertes”. Precisamente fue su madre quien la apuntó con siete años a clases de piano y música. A su abuela, otro de los pilares que la artista encontró en su vida, le ha dedicado una aplicación infantil con fines educativos, en la que mezcla música y ficción, titulada The journals of mama Mae & LeeLee, que ha lanzado en iTunes en octubre.

Keys estudió en la Professional Performance High School y pronunció el discurso de graduación a los 16 años, quizá el primer síntoma de que tenía madera de líder. En aquel momento ya tenía un contrato con una discográfica, pero aún tardaría unos años en sacar Songs in a minor, en 2001, y saltar a los primeros puestos de las listas de ventas, de donde nunca se ha movido. Hasta llegar a colaborar con Jay Z en Empire State of Mind. Ambos criados en las calles de esta jungla de asfalto, cantan cada uno en su estilo –hip-hop y R&B– sobre la carrera al éxito que la ciudad ofrece. El apabullante triunfo de la mezcla aún sorprende a Keys: “Me llamó cuando aún no la tenía terminada y yo le ayudé con el piano. Me dijo que creía que tenía el nuevo himno de la ciudad de Nueva York y así ha sido”.

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