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El Fundi se despidió vestido como los hermanos Pinzón

Una figura del toreo, que hizo el paseíllo en Madrid hace una semana, se viste como un figurante de un espectáculo de un parque temático y dice adiós en una respetable plaza de tercera

El Fundi, en su segundo toro de la corrida Goyesca del Dos de Mayo, día de la Comunidad de Madrid en la plaza de toros de Las Ventas.
El Fundi, en su segundo toro de la corrida Goyesca del Dos de Mayo, día de la Comunidad de Madrid en la plaza de toros de Las Ventas.

Decididamente, los toreros son seres extraños, hechos de otra pasta, sin duda, y de comportamientos inusuales, y, muchas veces, incomprensibles para el resto de los humanos. Resulta que, tras una muy brillante carrera de 25 años, El Fundi, un maestro, un catedrático del toreo, ha ido a decir adiós a Palos de la Frontera, en la provincia de Huelva, donde ha participado en la III Corrida Pinzoniana, que conmemora la salida de las tres carabelas que comandaban Cristóbal Colón y los hermanos Pinzón. Enfundado en un traje que pretendía imitar a los que se usaban a finales del siglo XV, hizo el paseíllo junto a Padilla y el local José Doblado, también ataviados a la pinzoniana, como todos los participantes en el festejo, incluido el presidente y sus asesores. Llamó la atención la vestimenta de los alguacilillos, auténticos soldados de la época, imitaciones perfectas de los que aparecen en la serie televisiva Isabel.

Es decir, que una figura del toreo, que hizo el paseíllo en Madrid hace una semana, se viste como un figurante de un espectáculo de un parque temático y dice adiós en una respetable plaza de tercera con una infumable corridita de Juan Pedro Domecq, birriosa en todos los sentidos. Bueno, lo del adiós es una suposición porque el torero, según la tónica de moda, no lo confirmó ni lo desmintió. Es más, fue su propia madre, presente en la plaza, la que afirmó categóricamente ante las cámaras de Canal Sur, que retransmitía el festejo, que su hijo no lidiaría más corridas y que, a partir de ahora, solo participaría en festivales benéficos. Pero la señora dijo más: agradeció al presidente que le hubiera concedido a su hijo una oreja en cada toro, que no había merecido, insistió, para que pudiera salir a hombros el día de su retirada.

DOMECQ/EL FUNDI, PADILLA, DOBLADO

Toros de Juan Pedro Domecq, correctos de presentación, mansos, blandos y muy descastados.

El Fundi: estocada (oreja); pinchazo y estocada caída (oreja).

Juan José Padilla: pinchazo y estocada (oreja); pinchazo, estocada y descabello (oreja).

José Doblado: media atravesada y un descabello (oreja); pinchazo y estocada atravesada (oreja). Los tres toreros salieron a hombros.

Plaza de Palos de la Frontera. III Corrida Pinzoniana. 14 de octubre. Lleno.

Pues, eso, que en contra de la euforia y el triunfalismo habitual de los comentaristas televisivos, la corrida pinzoniana fue un pestiño insoportable, a causa, fundamentalmente, de seis ejemplares de saldo, mansones, muy descastados, sosísimos, sin fuelle ni gota de sangre brava en las entrañas. Amuermados y aborregados todos; enfermos, quizá. Así, ni El Fundi ni sus compañeros merecieron los trofeos que recibieron, pues ninguno pudo hacer más méritos que mostrar deseos de agradar a unos espectadores generosos que pasaron un rato de soberano aburrimiento y, encima, se mojaron con el chaparrón que cayó durante la lidia del cuarto.

Nada queda para el recuerdo de la actuación de El Fundi; si acaso, el tercer par de banderillas que colocó a su segundo toro, y otro al toro quinto de Padilla, ambos de poder a poder y cuadrando en la cara. Animoso Padilla toda la tarde, cariñoso con sus compañeros y vulgar con los engaños; y muy entregado y poco experimentado José Doblado, que, al fin y a la postre, sorteó el mejor lote. Suyos fueron unos buenos naturales al tercero, y también sus pocos recursos para dominar al dificultoso sexto.

Lo extraño, de verdad, es que un torero de la categoría de El Fundi se vista de pinzoniano para retirarse de los ruedos. Increíble…