69ª mostra de Venecia

Esperando al hombre de las nieves

Abucheos en Venecia al nuevo filme de Terrence Malick, ‘To the wonder’ El esquivo cineasta y la mayoría de su reparto eluden asistir al festival

Un fotograma de la película 'To the wonder'
Un fotograma de la película 'To the wonder'

Cuando en junio de este año la web de cotilleos TMZ.com consiguió un video de Benicio del Toro caminando junto a un tipo al que no habían conseguido identificar era imposible imaginarse que aquel desconocido era en realidad Terrence Malick, uno de los directores más esquivos sobre la faz de la tierra.

El video corrió como la pólvora y los propietarios de la famosa página de chascarrillos rectificaron el texto de la noticia y calificaron al realizador de Austin como “the Hollywood bigfoot” (una leyenda urbana similar a la del yeti): alguien a quien algunos han visto pero que vive apartado del mundo. La analogía es la esperada por parte de un medio de comunicación tan populista y barato como TMZ.com pero lo cierto es que el estatus de Malick como figura de culto adquiere ya dimensiones de leyenda urbana. Por eso hoy, en el primer pase de To the wonder en el festival de Venecia, no faltaban los que escrutaban la sala en busca del rostro de un hombre que lleva dos décadas eludiendo las cámaras.

Malick, que tiene fama de acudir de incógnito a los pases de sus películas, no hubiera acabado demasiado satisfecho de la reacción del público a su último trabajo: a nadie le gusta que le abucheen.

La Kurylenko, bellísima, ha tenido que lidiar sola con el marrón

En la conferencia de prensa posterior se confirmaron dos cosas: una, que Malick no estaba (como siempre); dos, que los demás tampoco. En un reparto con Ben Affleck, Rachel McAdams, Javier Bardem y Olga Kurylenko, solo esta última ha tenido la cortesía de presentarse en la ciudad de los canales. Sin noticias de Affleck, McAdams o Bardem.

El problema es cuando se sustituye a nombres de la altura de los mencionados con dos productores asociados y una actriz italiana que protagoniza la peor escena de toda la película y que además aparece en el metraje (de poco menos de dos horas) aproximadamente dos minutos.

La Kurylenko, bellísima, ha tenido que lidiar sola con el marrón que supone defender una producción tan ambiciosa. Algo que ha lastrado una conferencia de prensa ya de por sí espesa: “Aunque los protagonistas se separen el amor sigue ahí, es eterno. Es eso lo que caracteriza mi personaje: aunque la pareja de la que forma parte no consigue vivir en común el amor permanece. Es algo que sucede de verdad, aquello que hace que el amor avance y que no tiene nada que ver con la vida cotidiana. El amor lo vence todo y a veces nos olvidamos de eso. Después la película plantea otros interrogantes más generales: ¿existe el destino o las personas gozan del libre albedrío?” se preguntaba la actriz, con mucha emoción y algo de cripticismo en el tono.

Naturalmente, y más tratándose de un talento local, llegó el momento de gloria de la actriz Romina Mondello, que se atrevió (con mucha discreción, eso sí) a entrar en disquisiciones sobre la —publicitada— alergia de Malick a la vida pública: “Terrence [MALICK]es un hombre muy ligero y al mismo tiempo muy profundo: alguien que es todo alma a pesar de esa fama de cineasta maniático. Fue una gran experiencia trabajar con él”, decía la italiana, que tampoco se prodigó mucho en palabras, consciente —quizás— de que si estaba allí era probablemente de rebote.

Si en la sala los abucheos y los silbidos a To the wonder habían sido abundantes en la conferencia de prensa (como acostumbra a suceder) todo ha sido corrección, sonrisas y caras de alegría. Eso sí, la Kurylenko era —obviamente— el único catalizador del evento: “Hemos trabajado con un estilo muy vivo, en el cual son las imágenes, los gestos, los ojos, los que vehiculan la emoción. Las palabras cuentan menos, de hecho casi no las hay: él [MALICK]me ha convencido de que muchas veces el silencio es más fuerte que las palabras. Me ha encantado trabajar de esta manera: soy fan de Terrence desde siempre y desde la prueba inicial que hice para él tuve claro que iba a escogerme. Cuando rodamos fue a más y como si fuera telepatía siempre sabía lo que quería de mí. Creo que ha sido así de fácil porque Malick es un vidente”.

Y así, en plan cuasi místico, siguió adelante el asunto, entre preguntas embarazosas sobre si el director es tan raro como parece (formuladas además de manera que el propio periodista se contesta) o sobre por qué se empeña en no aparecer por ningún lado. Y en algunos huecos, revelaciones sorprendentes: “Me preparé para el papel como el resto del reparto, todos tuvimos que leer libros como Los hermanos Karamazov o Anna Karenina: tuvimos que hacernos con ellos lo antes posible”.

Unas pocas preguntas más, sonrisas fugaces y el esperado sonido de la campana de segundos fuera: hora de huir hacía Toronto, donde el filme pasará una segunda revalida y donde —seguramente— Kurylenko estará flanqueada por los pesos pesados del reparto. Cuando se trata de festivales el tamaño también importa.

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