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El cómic en femenino: una historia de ciencia ficción

La novela gráfica ha ampliado el espectro creativo, y con ella se ha normalizado la participación de las mujeres como autoras y lectoras

Ilustración autobiográfica realizada por Mireia Pérez para EL PAÍS en 2011

Las heroínas del cómic se cuentan por cientos: Superwoman, Wonderwoman, Catwoman… Con sus mayas ajustadas, sus capas voladoras y sus melenas al viento, todas ellas velan por el bien de la humanidad. Armados con sus lápices y sus pinceles, quienes se ocupan de ellas suelen ser, no obstante, súperautores de género masculino. Aunque el multiverso en el que se aloja ese mundo llamado tebeo es mucho más grande y da cabida a muchas otras aventuras más allá de frenar el apocalipsis en el último minuto. Especialmente las que toman forma de novela gráfica, que en los últimos años ha engullido gran parte del terreno del cómic tradicional. “La mujer se ha acercado como nunca, porque ha habido un cambio temático, con historias con un carácter más autobiográfico, más intimista, menos de ciencia ficción”, señala Jesús Moreno, director de la editorial especializada Sins Entido.

Si bien autoras de cómic las ha habido desde los albores del género, estas no siempre han podido crear liberadas del peso de otro género: el suyo. Grandes títulos como Starstruck, de Elaine Lee o Dykes to Watch Out For, de Alison Bechdel, que han creado escuela, fueron, además de historias dibujadas, herramientas para el feminismo o la defensa de la normalidad gai. Algo que no necesariamente tiene continuidad en las actuales creadoras. “Yo hago lo que me gusta, mis historias están dirigidas a todos los públicos”, asegura Mireia Pérez, ganadora del premio FNAC Sinsentido de 2011 por su novela gráfica La muchacha salvaje, que narra la historia de supervivencia de una adolescente que vive entre el Paleolítico Superior y el Neolítico. “Aunque es verdad que, frente a lo que le sucede a la protagonista, sus reacciones quizá sorprenden por el hecho de que es mujer. Sí que hay una intencionalidad de cierta rotura de clichés, pero no pretende ser político”.

Tampoco se esconde ninguna reivindicación tras el webcómic Caniculadas, un proyecto estival pergeñado por siete autoras, seis de ellas reunidas por segundo año consecutivo. “Yo me he unido este año, pero el año pasado el resto de las chicas se juntaron simplemente porque estaban aburridas en verano y querían hacer algo, pero podrían haber sido chicos”, cuenta Mamen Moreu, también colaboradora de El Jueves. Aunque eso no significa que no comenten entre ellas los retos y las ventajas que conlleva ser mujer en un terreno aún eminentemente masculino. “Como cualquier medio en el que hay más hombres que mujeres, estás más en el punto de mira”, señala Clara Soriano, otra colaboradora de Caniculadas. Y eso puede tener sus ventajas y sus inconvenientes. “A mí me llaman para dar charlas sobre el cómic en femenino, pero creo que esa es una etiqueta horrorosa y perjudicial. Creo que ni siquiera existe, al menos desde el punto de vista del cómic de autor”, dice Mireia Pérez, que también participa en el blog.

Del lado del lector, aunque en el pasado sí hubo en España publicaciones dedicadas más especialmente a ellas –véase el ejemplo de Esther, creada por Purita Campos-, a día de hoy ese concepto está virtualmente extinguido. “El hecho de que un cómic sea creado por una mujer no significa que vaya dirigido a un público femenino”, señala Heloïse Guerrier, editora de Astiberri. No ocurre lo mismo en países como Japón, donde el manga shojo sí está concebido para el consumo de chicas adolescentes. “En España los cómics enfocados a un público juvenil están de capa caída. Aparte de clásicos como Mortadelo o Astérix, es un género prácticamente inexistente”, asegura Manu Vidal, editor de Bang, que se aventura a buscar una explicación: “Para esa edad hay más competencia en el terreno del ocio”.

Como revulsivo de la incursión y normalización de lo femenino en el cómic, el editor de Sins Entido, Jesús Moreno, cita la obra de la iraní Marjane Satrapi Persépolis. “Fue un hito, un punto de inflexión que abrió las puertas a una cascada de autoras de todo el mundo”. Aunque antes, muchos otros autores pusieron a la mujer como protagonista de sus historias, y no solo como contrapunto al superhéroe masculino. “Por ejemplo, con Locas, que es de los hermanos Hernández, yo nunca me pregunté si el autor era hombre o mujer”, señala Pérez. “Y es que yo creo que el cómic no peca de ser machista: aunque es verdad que históricamente ha habido pocas autoras, protagonistas mujeres siempre ha habido muchas”.