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El panteón de Rosemarie Trockel

La artista alemana muestra un cosmos de 120 obras que incluye piezas de los que han influido en su trayectoria

Busto 'Imagínate' (2002), de Rosemarie Trockel. Ver fotogalería
Busto 'Imagínate' (2002), de Rosemarie Trockel.

La alemana Rosemarie Trockel (Schwerte, 1952) camina por una delgada línea, la que "separa el arte de la ciencia, dos expresiones que a veces se solapan", subraya. Del vínculo entre ambas manifestaciones del ser humano nace la exposición que acoge el museo Reina Sofía de Madrid, con unas 120 obras, de las que la mitad pertenecen a la artista y el resto son de autores, épocas y temas muy distintos, y no todas son artísticas. Un carrusel con dibujos de plantas tropicales, un corto de animación de 1912 protagonizado por escarabajos y trabajos de autores marginales del pasado siglo. Un original puzle que da forma a la muestra Rosemarie Trockel: un cosmos.

La comisaria de la exposición, Lynne Cooke, define este recorrido por 30 años del mundo de Trockel como "un panteón de obras y figuras artísticas, muchas de ellas olvidadas". La propia Trockel lo ve como un reconocimiento a "algunos artistas" que han sido sus "profesores" y que le "han marcado", como Salvador Dalí, representado por su célebre Teléfono blanco afrodisiaco (1936), con una langosta de yeso que hace de auricular.

De las obras que sí son suyas hay una mayoría de piezas de cerámica vidriada, de reciente producción (2006-2012). La razón para emplear este material reside en que Trockel lo considera "una vuelta a la obra más directa, la que se modela con el barro". "Pero volveré al dibujo, porque es lo más cómodo para mí, lo más natural. Aunque tenga 90 años, haré dibujos".

Cuadros de lana

También hay una importante representación de sus característicos cuadros tejidos en lana (1986-2012), los cuadernos de notas que ha utilizado en su carrera, dibujos, grabados, fotografías, esculturas, películas y una instalación realizada expresamente para esta ocasión y que consiste en una sala alicatada con azulejos de cerámica blanca de cuyo techo cuelga una palmera de plástico y que también contiene una jaula con pájaros disecados y mecanizados.

Se exponen piezas que no se concibieron con fines artísticos pero que Trockel ha rescatado por su estética

Esta exposición presentada hoy lunes y que permanecerá en el museo madrileño hasta el 24 de septiembre "es un portento de imaginación", en palabras de la comisaria Cooke, y una muestra del pensamiento de Trockel que, según el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, rompe con "falsas dicotomías como la de fama y anonimato o la de las bellas artes y las aplicadas".

Junto a las obras de la alemana destaca una colección de piezas que no se concibieron con fines artísticos pero que ella ha rescatado porque así las considera: "Es una cuestión de mirada, nunca importa el objeto, si no la visión que tenemos de ellos", declara Trockel. Así sucede con las reproducciones en vidrio de medusas, del siglo XIX, ilustraciones de insectos realizadas en el siglo XVII por Maria Sybilla Merian y un cangrejo gigante de Japón (mediados del XIX).

Completan el recorrido una selección de trabajos de artistas marginales, como el estadounidense Morton Bartlett (1901-1992), del que se puede ver una muñeca de escayola policromada; pájaros de cartón de James Castle; dos "objetos de respiración" (motores envueltos en peluche) de Günter Weseler, y los impresionantes cuadernos del poco conocido Manuel Montalvo (1937-2009), compendios manuscritos de botánica o folclore, inéditos hasta esta exposición. Eran todos artistas solitarios, casi anónimos, que ahora recupera Troeckel para su intrépido cosmos.

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