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65º FESTIVAL DE CANNES

De la Camorra a la telerrealidad

Garrone desembarca en La Croisette con una crítica al poder televisivo

El director habla del rodaje de ‘Gomorra’ y sus problemas con el lumpen napolitano

El director italiano Matteo Garrone posa antes de la proyección de 'Reality'. Ampliar foto
El director italiano Matteo Garrone posa antes de la proyección de 'Reality'. AP

Como el fantasma de las navidades pasadas, a Matteo Garrone (Roma, 1968) le persigue su anterior trabajo, Gomorra, incluso aunque esté a concurso en Cannes con su nueva película, Reality. Hace cuatro días, empezó a circular por Internet la confesión de un arrepentido de la Camorra, Oreste Spagnuolo, que aseguraba que Garrone había visitado la casa de un jefe del clan de los Casalesi, y le había dado 20.000 euros para poder rodar en Nápoles su película. Así que antes de hablar de cine, Garrone accede a desenmarañar el asunto. “Sí vi a Alessandro Cirillo. ¿Cómo no iba a verlo? Para mí fue una gran oportunidad, me sirvió para la película. Fui a su casa, porque estaba en arresto domiciliario. No es un misterio que en Gomorra hubo incluso extras que luego fueron arrestados. Pero yo no he dado dinero a nadie. Primero, porque yo soy el director y no el productor. Si lo hubiera hecho, me hubiera convertido en el primer director en el mundo en soltar ese dinero de su bolsillo. Segundo, sé con certeza que la productora no lo ha pagado. Y no voy a esconder que estuve con aquel boss. Fue un momento intenso, brutal… Y además yo lo he contado en diversas ocasiones”.

Entonces, ¿por qué ahora vuelve el fantasma? Garrone mira cansado al periodista. “Porque estoy aquí. Es el típico rumor hecho para… En fin, lo dejo ahí”. No parece que él sea de los que aprovechan la publicidad aunque esta sea negativa.

Pero si Gomorra mezclaba realidad y ficción con esos extras procedentes de compañías de teatro locales, y algunos con turbio pasado, lo de Reality sube la apuesta. Su protagonista, Aniello Arena, que da vida a un pescadero que se vuelve loco por intentar participar en Gran Hermano, está en prisión cumpliendo cadena perpetua por un doble asesinato. Garrone no aclara mucho más (“Es su vida”). Salvo que descubrió a Arena en la misma compañía teatral de convictos de la que salieron los actores de César debe morir, de los hermanos Taviani, último Oso de oro en el certamen de Berlín. Y visto el currículo del grupo, deben de ser buenos. Si hay premio en Cannes, Arena no podrá recogerlo. “Reality es muy diferente de Gomorra. Nace de una historia muy pequeña. Gomorra fue muy importante para mí, y me marcó tanto que sabía que no podía hacer cualquier cosa a continuación. Por eso, con los guionistas, la construimos poco a poco, haciéndola crecer, llevando a su protagonista a su ruina moral. Pensé que sería una película pequeña, para divertirme, que tuviera frescura. Reality creció sola en tamaño”.

El drama pasa por momentos fellinianos y por ritmos de comedia clásica italiana. Luciano, el protagonista, logra un pequeño contacto con alguien cercano a Gran Hermano, y cuando surge la oportunidad de participar en el concurso, enloquece hasta el punto de creer que todos los que le rodean son investigadores de la productora televisiva que quieren valorar sus méritos. Lo que le lleva a tomar decisiones que arruinan a su familia. La televisión, convertida en monstruo para muchos y a la vez en paraíso para algunos. “Es un lugar metafísico, un Olimpo, y no importa si hablo de Gran Hermano o de cualquier otro programa. Antes era el cine aquel paraíso deseado, ahora, esa posición la ha heredado la televisión”. Para Garrone ni Berlusconi ni Italia crearon la situación catódica actual. “No se confunda, es un problema universal. Simplemente, otra consecuencia del sistema actual, que prima el espectáculo…”

Reality es también la vuelta de Garrone a Nápoles. “Porque la historia lo pide, porque solo en esa ciudad se fusionan pasado y presente, porque solo así podía fusionar notas de Matrimonio a la italiana, de Fellini, de Vittorio de Sica, de Eduardo de Filippo, de aquella comedia, de aquel cine del pasado, con la actualidad televisiva, con los centros comerciales, el Aquapark, los outlet… Lugares que no son lugares”.

Con Nanni Moretti como presidente del jurado, ¿Garrone juega con el árbitro a favor? “Conozco lo suficiente a Moretti para saber lo serio que es… Y Cannes es una lotería. Es imposible predecir las decisiones de un jurado cinematográfico. Ya gané el premio especial del Jurado con Gomorra. Por eso he venido aquí a ver otra reacción, la del público”. Pues ha sido más bien tibia. “Um, ha habido de todo. Cuestión de puntos de vista”. Y de realidades.