Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

La iglesia invisible de Bruce

Los seguidores más fieles del músico estadounidense son auténticos peregrinos que viajan por España, Europa o EE UU para verle en directo

Chema, su hija Aitana y Mariano en la estación de tren de Sevilla
Chema, su hija Aitana y Mariano en la estación de tren de Sevilla

Son auténticos peregrinos. Gente capaz de cambiar sus vacaciones según haya o no gira de su ídolo musical, dejar a la familia en casa por unos días, siempre con el objetivo de estar en todos los conciertos posibles, sean en la ciudad que sean. Personas que no les importa ver a su estrella cinco veces en 15 días, que incluso asisten a otras actuaciones en Europa y cruzan el Atlántico para verlo en Estados Unidos, allí donde suele hacer repertorios más jugosos. Son los seguidores más fieles de Bruce Springsteen en España. Una auténtica Iglesia invisible que se mueve a la estela del boss.

“Dejo a mi mujer y tres niños en Madrid para venir a Sevilla”, dice sonriendo Gonzalo, un madrileño de 40 años que ha visto al músico de Nueva Jersey en directo más de medio centenar de veces. “Con tres churumbeles, es más difícil escaparse. En esta gira, solo voy a tres. Lo normal es que, cuando mis hijos sean más mayores, haga como antes: ir a más conciertos en España, Europa y Estados Unidos”. Aunque lo más importante para Gonzalo es que su hija mayor, Paula, de ocho años, está emocionada por ver por primera vez a Springsteen: “Lo verá en Madrid. Estamos todo el día escuchando sus discos en casa. Eso para mí es lo que más ilusión me hace. Ojalá Bruce siga muchos años para que pueda llevar al resto de mis hijos”.

Allá por finales de los setenta, el crítico musical Eric Alterman lo llamó la “Iglesia invisible”. Según escribió en su biografía sobre Bruce Springsteen, It Ain’t No Sin To Be Glad You’re Alive (fatalmente traducida en España como Nacido para el rock), el nombre lo tomaron diversos fans del músico de los puritanos de Nueva Inglaterra, que, de diversas edades y estados emocionales, así se calificaron cuando se trasladaban por el ancho país norteamericano con la experiencia que la religión les ofrecía. Allá por finales de los setenta, los seguidores de Springsteen empezaron a reconocerse como una Iglesia invisible de Bruce. En palabras de Alterman: “Recorríamos grandes distancias para asistir a la apasionante experiencia de una actuación suya. Sus canciones nos servían de inspiración, de consuelo y de conocimiento para nuestras propias vidas: nos daba consejos para tratar con nuestros padres, nuestros amigos, nuestros amores, nuestra indignación y nuestras desilusiones”.

Jesús, 40 años, que en Sevilla hará su concierto de Springsteen número 49, comparte esta explicación de la música del autor estadounidense: “Voy a tantos porque siempre son buenos o muy buenos. Pero lo mejor es que, de vez en cuando, es alucinante. Sientes que te merece la vida estar allí”. Jesús, que se hará toda la gira española, viene de Madrid acompañado de su novia Ana, que es la primera vez que verá a Springsteen en concierto. Él está seguro de que le gustará tanto que, a partir de hoy, se apuntará, como él, a cuantos más mejor. Y cuenta una anécdota, a modo de sorpresas que puedes encontrarte entre tanto conciertos: “En 1996, fui a verlo con una amiga al Royal Albert Hall de Londres. Nos dieron unas entradas que directamente no se veía el escenario. Un tío de la organización nos vio, se preocupó de nosotros que éramos unos chavales y nos cambió a la primera fila. Al acabar la actuación, que fue con Bruce en acústico el solo, la gente salió pero nosotros nos quedamos para salir los últimos. Estábamos tres gatos y, de repente, salió Bruce, nos saludó y se puso a hablar con nosotros de música, de cuando conoció a los Ramones y más cosas”.

Para estos seguidores tan entregados, Springsteen es simplemente Bruce. Nadie le llama por su apellido. Todos se refieren a él como un amigo, un colega, el músico que ha puesto la banda sonora de sus mejores recuerdos, el tío que acompaña sus vidas desde que pincharon uno de sus discos o acudieron a uno de sus conciertos. “Perdí la cuenta hace tiempo”, explica Fernando, un madrileño de 40 años que ha visto a su músico preferido en “unas 85 ocasiones”. Hoy está en Sevilla. Luego, irá a todos los de España, a tres en Francia y dos en Alemania. “Lo normal en un adulto”, dice riéndose. Miguel, quien ha estado en 93 actuaciones del boss, acompañará a Fernando en los mismos conciertos durante esta gira. “Compagino las dos cosas que más me gustan: viajar y ver a Bruce”, señala. “Cierto”, apunta Fernando. “Cuando vamos a Estados Unidos, montamos un viaje chulo y alquilamos un coche y aprovechamos para hacer turismo. Eso sí, la ruta la marca Bruce”.

Un caso curioso es del Chema y Mariano, que forjaron su gran amistad en su pueblo Jadraque escuchando discos de Springsteen mientras jugaban al ping pong en casa de uno de ellos. “Bruce acompañó nuestros sueños desde pequeños”, dice Mariano. Ahora, Mariano, que vive en Sevilla, aloja a Chema que ha venido desde Madrid con su hija Aitana, parte importante en todo esto. “Íbamos a verlo a Nueva York en el Madison Square Garden en el 2009 pero nació mi hija”, cuenta Chema. “Entonces, se quedó pendiente. Nos prometimos verlo juntos en Nueva York. Hoy en Sevilla es cumplir a medias la apuesta americana, pero tenemos el reto de Nueva York y eso es está ahí. Aunque lo importante es que podemos estar aquí hoy, Mariano, mi hija y yo”.

Jesús dice que el secreto de la música de Springsteen está en la gente que rodea a este fenómeno. “Repito bastante por todos los amigos que ves, por toda la gente que conoces y comparten tu pasión”, apunta. Fernando se suma a esta afirmación. “En el 2000, yo estuve en cuatro conciertos en el Madison Square Garden de Nueva York. La gente que conocí allí ahora son mis mejores amigos. Fue un cruce de caminos en mi vida, yo iba por un lado y Bruce hizo que fuese por otro mucho mejor”.