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El ‘Lazarillo’, de nuevo

 

Lazarillo de Tormes

Edición de Francisco Rico

Biblioteca Clásica de la Real Academia Española. Galaxia Gutenberg /

Círculo de Lectores. Barcelona, 2012

XII+322 páginas. 23,65 euros

 

¿Es posible decir algo nuevo del Lazarillo de Tormes? ¿Cabe esperar alguna sorpresa ante otra edición? Sí, sin duda. Y no son una ni dos las novedades. La primera, en la frente: la obra lleva en la portada el nombre del autor. No han aparecido datos en archivos, ni se acoge bajo el nombre de Hurtado de Mendoza, tan cacareado últimamente en hipótesis tan vana como improbable, ni de ningún otro escritor. Con rara coherencia, quien figura como responsable del texto es… “Lázaro de Tormes”. Así se destaca desde el inicio el propósito indudable del incógnito autor de presentar la ficción como un texto “verídico”, en el que el anonimato resultara elemento indispensable para su comprensión. Estamos, pues, más bien ante un apócrifo, que, de paso, abre caminos hacia lo que llegará a ser la novela realista moderna.

Esta es la tercera edición que realiza de la obra Francisco Rico, y desde la primera de 1967 ha ido depurando y aquilatando una ingente masa de materiales y reflexiones. De más está decir que la ponderada sabiduría del editor le permite ordenar y corregir, casi siempre con benevolencia, los diversos acercamientos críticos que la han asediado. Aunque también se matiza a sí mismo, mantiene incólume, aunque ampliada, la manera de entenderla que mostraba hace ya 45 años y su estilo preciso y certero (¿por qué no se suele decir que Rico es una de las mejores plumas que hoy cortan castellano?) le permite despachar en dos líneas problemas complejos; véase, por ejemplo, la delimitación de lo que es “el caso” que está en el origen de todo.

Otra de las novedades que aquí encontramos es la decisión de no dividir la larga declaración del protagonista en los capítulos tradicionales. Si se asume que han sido introducidos por una mano ajena al autor, lo más lógico, por mucho que sorprenda, es ofrecer el texto todo seguido, sin saltos ni cortes. Se lee entonces de otra manera la transición del falso prólogo al presunto capítulo 1, así como el paso del 3 al 4 y, sobre todo, el del 5 al 6.

También se aprovecha ahora la nueva edición del Lazarillo impresa en 1554 y descubierta hace menos de dos décadas emparedada en un pueblo extremeño. Aunque no fue la prínceps, que sigue sin localizar, su descubrimiento permite saber, al compararla con las otras tres ya conocidas de ese año, cómo debió ser la original. Y asimismo sirve para deducir algunos detalles del trato que la obra sufrió en su paso por las imprentas del tiempo, materia que ha avanzado no poco en época reciente y a la que ha contribuido con decisión el propio Rico.

El diseño de la colección que acoge este nuevo Lazarillo no extrañará a quienes conozcan otros proyectos suyos anteriores. Pero ahora se han extremado sus rasgos. Cada vez está más claro que lo importante es el texto; por tanto, este apenas va precedido por un delantal y lleva las notas someras que una lectura atenta exige. Luego vienen el estudio profundo, el segundo juego de notas, las variantes… Y en todas esas secciones campea la riqueza de erudición, el justo tino exegético, la claridad analítica y, no menos importante, la honradez de reconocer correcciones a sí mismo y perplejidades no resueltas.

A cada paso hallamos precisiones sobre datos de la realidad de la época pasados por alto (hasta oímos los pregones, los cantares y los sonidos evocados en el relato), citas ocultas no señaladas, enfoques críticos abordados con economía y lucidez, como el de si Lázaro aprendió o no a escribir (como si los analfabetos no hubieran siempre dictado cartas…). Y todo va de esta manera. Por ello, quienes deseen acercarse al Lazarillo disponen de la mejor edición que existe y los que ya conocían las anteriores de Francisco Rico hallarán en esta nueva múltiples motivos para volver a meditar en los enigmas de esta obra única y genial. O