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Gervasio Sánchez comentado

Pies de foto por Elvira Lindo, Juan José Millás, Juan Goytisolo, Cristina García Rodero. Montxo Armendáriz y otras personas de distintos ámbitos

  • Por  MARUJA TORRES, periodista . "Civiles que escapan. Niños, mujeres, familias. Terror, desesperación. En la oscuridad o a pleno día, entre callejas o a campo abierto: la huída. En la historia del maldito siglo veinte -que se prolonga más allá de lo soportable en el inicio del actual-, el éxodo de la población civil ante conflictos bélicos que les sobrepasan se convierte en la gran mancha, la gran vergüenza. Gritan, lloran, corren hacia la incertidumbre como hojas barridas por un huracán. Con suerte, un hermano llegado desde lejos, que practica el oficio del foto reporterismo de denuncia, estará con ellos para recoger su épica, arrancarles de las estadísticas, mostrar sus rostros y repetir, cuantas veces sea preciso, la necesaria exhibición de la imagen que cuenta su tragedia. En El Salvador, en noviembre de 1989, Ejército y guerrilla se enzarzaron en los más violentos combates. Fue el mes en el que el ministro de Defensa obtuvo la cabeza de Ignacio Ellacuría y de sus compañeros jesuitas, por estar del lado de personas como las de la foto. Los civiles, las víctimas, los inocentes".
    1Por MARUJA TORRES, periodista. "Civiles que escapan. Niños, mujeres, familias. Terror, desesperación. En la oscuridad o a pleno día, entre callejas o a campo abierto: la huída. En la historia del maldito siglo veinte -que se prolonga más allá de lo soportable en el inicio del actual-, el éxodo de la población civil ante conflictos bélicos que les sobrepasan se convierte en la gran mancha, la gran vergüenza. Gritan, lloran, corren hacia la incertidumbre como hojas barridas por un huracán. Con suerte, un hermano llegado desde lejos, que practica el oficio del foto reporterismo de denuncia, estará con ellos para recoger su épica, arrancarles de las estadísticas, mostrar sus rostros y repetir, cuantas veces sea preciso, la necesaria exhibición de la imagen que cuenta su tragedia. En El Salvador, en noviembre de 1989, Ejército y guerrilla se enzarzaron en los más violentos combates. Fue el mes en el que el ministro de Defensa obtuvo la cabeza de Ignacio Ellacuría y de sus compañeros jesuitas, por estar del lado de personas como las de la foto. Los civiles, las víctimas, los inocentes". Editorial Blume
  •  Por MONTXO ARMENDÁRIZ, Cineasta . "Apenas vemos la expresión del rostro de esta mujer, no hace falta: su gesto delata la angustia, la desesperación por huir, por escapar de algo o alguien a quien no vemos, aunque lo intuimos en ese fondo movido de la casa y en su interior sombrío, negro, que son el presagio de la devastación que le espera. Como siempre, Gervasio es capaz de sintetiza en una imagen el horror, la irracionalidad y el absurdo de las guerras."
    2Por MONTXO ARMENDÁRIZ, Cineasta. "Apenas vemos la expresión del rostro de esta mujer, no hace falta: su gesto delata la angustia, la desesperación por huir, por escapar de algo o alguien a quien no vemos, aunque lo intuimos en ese fondo movido de la casa y en su interior sombrío, negro, que son el presagio de la devastación que le espera. Como siempre, Gervasio es capaz de sintetiza en una imagen el horror, la irracionalidad y el absurdo de las guerras." Editorial Blume
  •  Por ENRIQUE MENESES, fotoperiodista.  "La vida de una bellísima niña de Sarajevo, se desangra en brazos de un médico que lucha contra la impotencia, desesperado frente al tiempo que se agota para ella. En el Hospital Kosovo habrá que operarla, sin anestesia, con la luz de un casco de minero sobre la cabeza del cirujano, mientras disparan contra las ventanas del quirófano los atacantes serbios desde el campo de futbol contiguo.Estuve en el Sarajevo sitiado, en julio de 1993, y puedo atestiguar que nadie como Gervasio Sánchez pudo retratar los "Horrores de la Guerra" como este veterano colega que no se interesa por los orígenes de los conflictos sino por las vidas destrozadas de los inocentes que, cuando sobreviven, arrastran para siempre las cicatrices de la barbarie y la ignominia".
    3Por ENRIQUE MENESES, fotoperiodista. "La vida de una bellísima niña de Sarajevo, se desangra en brazos de un médico que lucha contra la impotencia, desesperado frente al tiempo que se agota para ella. En el Hospital Kosovo habrá que operarla, sin anestesia, con la luz de un casco de minero sobre la cabeza del cirujano, mientras disparan contra las ventanas del quirófano los atacantes serbios desde el campo de futbol contiguo.Estuve en el Sarajevo sitiado, en julio de 1993, y puedo atestiguar que nadie como Gervasio Sánchez pudo retratar los "Horrores de la Guerra" como este veterano colega que no se interesa por los orígenes de los conflictos sino por las vidas destrozadas de los inocentes que, cuando sobreviven, arrastran para siempre las cicatrices de la barbarie y la ignominia". Editorial Blume
  •  Por JUAN MANUEL CASTRO PRIETO, fotógrafo.  "Cuatro niñas dentro de un auto, el parabrisas destrozado por las balas y sujeto con tiritas como si de un herido se tratase, un símbolo de la guerra. Las chiquillas, sin embargo, no parece que estén en guerra. Es difícil que un niño olvide lo que es: un niño. Hace unos años mi querido Gervasio trajo al laboratorio unas fotografías para ampliar; entre ellas había una en la que aparecían unos niños con su madre; uno de los chicos llevaba un juguete. Unos meses más tarde volvió Gerva y con gesto triste. Me mostró una foto de un pequeño al que un francotirador había asesinado: era el niño que unos meses antes posaba en la foto con el juguete en la mano: nunca una foto me había alterado tanto, sentí rabia y ganas de llorar. No sabemos que habrá sido de esas niñas que juegan inocentes en el auto acribillado. Espero que la guerra no haya acabado con sus vidas y con su inocencia como la de tantos pequeños, como el de la foto, y espero que haya fotógrafos que como Gervasio nos conmuevan y nos permitan saber qué ha pasado".
    4Por JUAN MANUEL CASTRO PRIETO, fotógrafo. "Cuatro niñas dentro de un auto, el parabrisas destrozado por las balas y sujeto con tiritas como si de un herido se tratase, un símbolo de la guerra. Las chiquillas, sin embargo, no parece que estén en guerra. Es difícil que un niño olvide lo que es: un niño. Hace unos años mi querido Gervasio trajo al laboratorio unas fotografías para ampliar; entre ellas había una en la que aparecían unos niños con su madre; uno de los chicos llevaba un juguete. Unos meses más tarde volvió Gerva y con gesto triste. Me mostró una foto de un pequeño al que un francotirador había asesinado: era el niño que unos meses antes posaba en la foto con el juguete en la mano: nunca una foto me había alterado tanto, sentí rabia y ganas de llorar. No sabemos que habrá sido de esas niñas que juegan inocentes en el auto acribillado. Espero que la guerra no haya acabado con sus vidas y con su inocencia como la de tantos pequeños, como el de la foto, y espero que haya fotógrafos que como Gervasio nos conmuevan y nos permitan saber qué ha pasado". Editorial Blume
  •  Por JUAN GOYTISOLO, escritor.  "La imagen tomada por Gervasio Sánchez capta perfectamente el cuadro de horror y desolación del lugar. El domingo 26 de agosto de 1992, los utlranacionalistas serbios arrojaron sobre el Instituto de Estudios Orientales – la célebre biblioteca de Sarajevo – un diluvio de cohetes incendiarios que redujeron en pocas horas a cenizas su rico patrimonio cultural. Fue un memoricidio más en la lista de los que jalonan en la historia inhumana de la humanidad. Puesto que toda huella otomana debía de ser borrada del territorio de la gran Serbia soñada de Milosevic , Karadzic y Mladic… La biblioteca, memoria colectiva del pueblo musulmán bosnio, estaba condenada a perecer en las llamas de la vengadora purificación. Cuando la fotografió Gervasio Sánchez, conservaba solo en las cuatro fachadas neomoriscas, restauradas hoy con la ayuda del ministerio de Cultura español. El armazón metálico de la cúpula de vidrio por la que cayeron los cohetes parecía una gigantesca telaraña por la que se filtraba la luz, los soportales del patio interior mostraba apenas su fina labor de yesería, el espacio central era un montón ingente de escombros, cascotes, vigas, papeles chamuscados. Pero, como dijo un poeta a sus inquisidores, “podéis quemar mis libros más no el espíritu que contienen".
    5Por JUAN GOYTISOLO, escritor. "La imagen tomada por Gervasio Sánchez capta perfectamente el cuadro de horror y desolación del lugar. El domingo 26 de agosto de 1992, los utlranacionalistas serbios arrojaron sobre el Instituto de Estudios Orientales – la célebre biblioteca de Sarajevo – un diluvio de cohetes incendiarios que redujeron en pocas horas a cenizas su rico patrimonio cultural. Fue un memoricidio más en la lista de los que jalonan en la historia inhumana de la humanidad. Puesto que toda huella otomana debía de ser borrada del territorio de la gran Serbia soñada de Milosevic , Karadzic y Mladic… La biblioteca, memoria colectiva del pueblo musulmán bosnio, estaba condenada a perecer en las llamas de la vengadora purificación. Cuando la fotografió Gervasio Sánchez, conservaba solo en las cuatro fachadas neomoriscas, restauradas hoy con la ayuda del ministerio de Cultura español. El armazón metálico de la cúpula de vidrio por la que cayeron los cohetes parecía una gigantesca telaraña por la que se filtraba la luz, los soportales del patio interior mostraba apenas su fina labor de yesería, el espacio central era un montón ingente de escombros, cascotes, vigas, papeles chamuscados. Pero, como dijo un poeta a sus inquisidores, “podéis quemar mis libros más no el espíritu que contienen". Editorial Blume
  •  Por RAMÓN LOBO, periodista.  "Las guerras se instalan en los ojos de los niños, los que más las sufren, los que menos comprenden. La niña de la izquierda los tiene asustados, redondos; la niña de la derecha, mustios, cansados. Son albanokosovares que huyen de la limpieza étnica de Slobodan Milosevic. Han cruzado la frontera por Morina, al norte de Albania. Atrás quedaron las casas quemadas, las vacas tiroteadas, el odio, quizá algún muerto. Atrás quedó la inocencia. Levantan la lona del carromato como si fuese un telón. Miran a los periodistas que preguntan y a los fotógrafos que fotografían. Su tragedia ha dejado de ser invisible, anónima. Este es el trabajo del reportero: contar historias,denunciar la injusticiay la cobardía de los quenada hace por evitarla. Sucedió en Kosovo en 1999; sucede en Siria en 2012."
    6Por RAMÓN LOBO, periodista. "Las guerras se instalan en los ojos de los niños, los que más las sufren, los que menos comprenden. La niña de la izquierda los tiene asustados, redondos; la niña de la derecha, mustios, cansados. Son albanokosovares que huyen de la limpieza étnica de Slobodan Milosevic. Han cruzado la frontera por Morina, al norte de Albania. Atrás quedaron las casas quemadas, las vacas tiroteadas, el odio, quizá algún muerto. Atrás quedó la inocencia. Levantan la lona del carromato como si fuese un telón. Miran a los periodistas que preguntan y a los fotógrafos que fotografían. Su tragedia ha dejado de ser invisible, anónima. Este es el trabajo del reportero: contar historias,denunciar la injusticiay la cobardía de los quenada hace por evitarla. Sucedió en Kosovo en 1999; sucede en Siria en 2012." Editorial Blume
  •  Por ESTRELLA DE DIEGO, crítica de arte.  "Su ojo mira más que ninguno porque mira desde el relato que va leyendo mientras ocurre. Está muy cerca y, al estar tan cerca, se convierten sus ojos en los ojos del testigo de la tragedia que está pasando. E inesperadamente, el acto de observar le contamina de esa narración trágica. Por definición, toda foto documental es autobiográfica: el autor forma parte de la acción, parte de su vida en el gesto de mirar. Nos contaminamos al mirar. Después, también de forma inesperada, el fotógrafo se aleja del relato, ya parte de su vida, y en un prodigio que sólo la mejor fotografía alcanza, cuenta el dolor por encima del dolor mismo, Pietá desgarradora donde el lamento del padre es tan profundo que se vuelve mudo mientras se aferra al cuerpo del hijo, pantalones vaqueros del joven que contrastan con la ropa otra época, la del viejo. El dolor es de siempre y las mujeres se lamentan con aspavientos. Una intenta alcanzar el cuerpo desnudo del joven muerto. El padre le sigue abrazando en un instante del drama, intenso, que debió de ser largo mientras ocurría –no querer separarse. Gervasio Sánchez se sumerge ese instante que, una vez más, en tanto segmento de una autobiografía imposible, ha quedado estático en el transcurso."
    7Por ESTRELLA DE DIEGO, crítica de arte. "Su ojo mira más que ninguno porque mira desde el relato que va leyendo mientras ocurre. Está muy cerca y, al estar tan cerca, se convierten sus ojos en los ojos del testigo de la tragedia que está pasando. E inesperadamente, el acto de observar le contamina de esa narración trágica. Por definición, toda foto documental es autobiográfica: el autor forma parte de la acción, parte de su vida en el gesto de mirar. Nos contaminamos al mirar. Después, también de forma inesperada, el fotógrafo se aleja del relato, ya parte de su vida, y en un prodigio que sólo la mejor fotografía alcanza, cuenta el dolor por encima del dolor mismo, Pietá desgarradora donde el lamento del padre es tan profundo que se vuelve mudo mientras se aferra al cuerpo del hijo, pantalones vaqueros del joven que contrastan con la ropa otra época, la del viejo. El dolor es de siempre y las mujeres se lamentan con aspavientos. Una intenta alcanzar el cuerpo desnudo del joven muerto. El padre le sigue abrazando en un instante del drama, intenso, que debió de ser largo mientras ocurría –no querer separarse. Gervasio Sánchez se sumerge ese instante que, una vez más, en tanto segmento de una autobiografía imposible, ha quedado estático en el transcurso." Editorial Blume
  •  Por ALFONSO ARMADA, periodista.  "De noche, en el comedor del hotel Mamba Point, el único habitable, tratábamos de poner en orden el morral de horrores. El 17 de mayo de1996 escribí en mi diario: “Convertir la mirada en experiencia. Y con esas cañas escribir. Como un buen discípulo de John Berger. Incluso en Monrovia. Sobre todo en Monrovia”. No echo de menos a Power, el comandante de la esquina de aquella calle devastada de la entones tan tristecapital de Liberia. Sí echo de menos perderme por los caminos de Bosnia o de Burundi, de cualquier parte, con Gervasio Sánchez, y compartir su mirada sobre el mundo, sus maravillas y sus devastaciones."
    8Por ALFONSO ARMADA, periodista. "De noche, en el comedor del hotel Mamba Point, el único habitable, tratábamos de poner en orden el morral de horrores. El 17 de mayo de1996 escribí en mi diario: “Convertir la mirada en experiencia. Y con esas cañas escribir. Como un buen discípulo de John Berger. Incluso en Monrovia. Sobre todo en Monrovia”. No echo de menos a Power, el comandante de la esquina de aquella calle devastada de la entones tan tristecapital de Liberia. Sí echo de menos perderme por los caminos de Bosnia o de Burundi, de cualquier parte, con Gervasio Sánchez, y compartir su mirada sobre el mundo, sus maravillas y sus devastaciones." Editorial Blume
  •  Por SANDRA MILÁN, estudiante de 4 de la ESO.  "Soledad, tristeza e impotencia. Tres sentimientos que aparecen al unísono en mi corazón al ver la imagen. Las niñas se encuentran hacinadas, juntas y a la vez solas, porque llevan su dolor sin que nadie les de un apoyo, un aliento de vida en esos cuerpos demacrados. Cierro los ojos. Imagino la imagen que me gustaría ver a continuación. Una persona se les acerca, se sienta a su lado y empieza a entonar la más bella melodía. Ellas cierran los ojos y esbozan una leve sonrisa en sus pequeños labios. Ya no están solas. Esperanza."
    9Por SANDRA MILÁN, estudiante de 4 de la ESO. "Soledad, tristeza e impotencia. Tres sentimientos que aparecen al unísono en mi corazón al ver la imagen. Las niñas se encuentran hacinadas, juntas y a la vez solas, porque llevan su dolor sin que nadie les de un apoyo, un aliento de vida en esos cuerpos demacrados. Cierro los ojos. Imagino la imagen que me gustaría ver a continuación. Una persona se les acerca, se sienta a su lado y empieza a entonar la más bella melodía. Ellas cierran los ojos y esbozan una leve sonrisa en sus pequeños labios. Ya no están solas. Esperanza." Editorial Blume
  •  Por JUAN JOSÉ MILLÁS, escritor. " Manga corta: A este hombre le acaba de cortar la mano un crío de 14 o 15 años drogado hasta las cejas. Es probable que mientras afilaba el machete preguntara a su víctima si prefería manga corta (por la muñeca) o manga larga (por el brazo). Tal era el sentido del humor dominante en la Sierra Leona de 1999. Al principio, la guerrilla cortaba las manos para evitar que la gente votara (lo hacían con las huellas dactilares), pero más tarde derivó en un mero pasatiempo de domingo por la tarde. Sobre la calles de Freetown, capital del país, llovían manos como en otoño llueven hojas."
    10Por JUAN JOSÉ MILLÁS, escritor." Manga corta: A este hombre le acaba de cortar la mano un crío de 14 o 15 años drogado hasta las cejas. Es probable que mientras afilaba el machete preguntara a su víctima si prefería manga corta (por la muñeca) o manga larga (por el brazo). Tal era el sentido del humor dominante en la Sierra Leona de 1999. Al principio, la guerrilla cortaba las manos para evitar que la gente votara (lo hacían con las huellas dactilares), pero más tarde derivó en un mero pasatiempo de domingo por la tarde. Sobre la calles de Freetown, capital del país, llovían manos como en otoño llueven hojas." Editorial Blume
  •  Por DIEGO SÁNCHEZ MALDONADO, estudiante de 2 de ESO e hijo de Gervasio.  Es una foto que muestra la amistad en la posguerra. La libertad de que por fin puedes caminar sin miedo por las calles con tu mejor amigo tras haber sufrido una terrible guerra. La ciudad quedo hecha una ruina con los edificios destrozados y los pocos que seguían en pie tenían restos de pólvora. Los que más sufren las consecuencias de una guerra son los niños. Muchos no son conscientes de la terrible gravedad de la situación y también son los más vulnerables.
    11Por DIEGO SÁNCHEZ MALDONADO, estudiante de 2 de ESO e hijo de Gervasio. Es una foto que muestra la amistad en la posguerra. La libertad de que por fin puedes caminar sin miedo por las calles con tu mejor amigo tras haber sufrido una terrible guerra. La ciudad quedo hecha una ruina con los edificios destrozados y los pocos que seguían en pie tenían restos de pólvora. Los que más sufren las consecuencias de una guerra son los niños. Muchos no son conscientes de la terrible gravedad de la situación y también son los más vulnerables.
  •  Por LUIS GARCÍA MONTERO, poeta.  "Es difícil captar tantas desigualdades y enigmas en un espacio ordenado, equilibrado y geométrico. La niña, la pizarra, la bicicleta. Rectas, circunferencias, rectángulos, alturas, números. ¿De quién serás las sandalias que hay bajo la pizarra? De la niña, no. Ella tiene las suyas. ¿De quién será la bicicleta? De la niña no, porque no es de su estatura. Tantas huellas humanas y en el centro los números. ¿Quién hace las cuentas? ¿Para educar? Para eso deberían servir las pizarras y las matemáticas. La niña está esperando. Mira a quien la ve esperar. Tiene la paciencia de los objetos. No existe el caos, sino un orden ajeno. Se caería si quisiera subirse en la bicicleta."
    12Por LUIS GARCÍA MONTERO, poeta. "Es difícil captar tantas desigualdades y enigmas en un espacio ordenado, equilibrado y geométrico. La niña, la pizarra, la bicicleta. Rectas, circunferencias, rectángulos, alturas, números. ¿De quién serás las sandalias que hay bajo la pizarra? De la niña, no. Ella tiene las suyas. ¿De quién será la bicicleta? De la niña no, porque no es de su estatura. Tantas huellas humanas y en el centro los números. ¿Quién hace las cuentas? ¿Para educar? Para eso deberían servir las pizarras y las matemáticas. La niña está esperando. Mira a quien la ve esperar. Tiene la paciencia de los objetos. No existe el caos, sino un orden ajeno. Se caería si quisiera subirse en la bicicleta." Editorial Blume
  •  Por ELVIRA LINDO, escritora.  "El niño, Sarwar, tenía seis años. A consecuencia de la explosión de una mina perdió una de sus piernecillas. También un ojo. Su madre posa a su lado y, aunque no podemos ver su rostro, es tal la fuerza poderosa de su amor que lo advertimos, como también sentimos su sufrimiento. No sabemos que habrá sido de ellos, pero la imagen que captó Gervasio Sánchez nos sitúa en un presente continuo, doloroso a la mirada, pero también lleno de vida a pesar de la piernecilla perdida, del ojo ausente, de los sentimientos de esa madre ocultos tras un burka. Fue en 1996, en Afganistán. Para que no nos olvidemos del niño Sarwar y de su madre, Gervasio estuvo allí. Detrás del objetivo de la cámara, imaginamos su mirada, siempre compasiva, siempre respetuosa, tomando partido una vez y otra y otra por los débiles, por los que siempre salen perdiendo."
    13Por ELVIRA LINDO, escritora. "El niño, Sarwar, tenía seis años. A consecuencia de la explosión de una mina perdió una de sus piernecillas. También un ojo. Su madre posa a su lado y, aunque no podemos ver su rostro, es tal la fuerza poderosa de su amor que lo advertimos, como también sentimos su sufrimiento. No sabemos que habrá sido de ellos, pero la imagen que captó Gervasio Sánchez nos sitúa en un presente continuo, doloroso a la mirada, pero también lleno de vida a pesar de la piernecilla perdida, del ojo ausente, de los sentimientos de esa madre ocultos tras un burka. Fue en 1996, en Afganistán. Para que no nos olvidemos del niño Sarwar y de su madre, Gervasio estuvo allí. Detrás del objetivo de la cámara, imaginamos su mirada, siempre compasiva, siempre respetuosa, tomando partido una vez y otra y otra por los débiles, por los que siempre salen perdiendo." Editorial Blume
  •  Por CRISTINA GARCÍA RODERO, fotógrafa.  "Me impresiona de esta fotografía la simetría, el orden y la claridad ante un hecho tan oscuro, terrible e injusto como fueron estos asesinatos. ¡Cuánto dolor de tantas vidas truncadas guardan esas cajas ya identificadas! Después de un largo proceso, por fin estas mujeres ya pueden llorar y rezar junto a las personas queridas, mientras un cielo lleno de luz y de vida se cuela por los ventanales."
    14Por CRISTINA GARCÍA RODERO, fotógrafa. "Me impresiona de esta fotografía la simetría, el orden y la claridad ante un hecho tan oscuro, terrible e injusto como fueron estos asesinatos. ¡Cuánto dolor de tantas vidas truncadas guardan esas cajas ya identificadas! Después de un largo proceso, por fin estas mujeres ya pueden llorar y rezar junto a las personas queridas, mientras un cielo lleno de luz y de vida se cuela por los ventanales." Editorial Blume