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CRÍTICA: 'CHRONICLE'

Superhéroes de barrio

El proyecto de la bruja de Blair, REC, Paranormal activity y Monstruoso llegaron antes, pero, aun así, Chronicle tiene su gracia, su mérito, al trasladar el hiperrealismo de la cámara de vídeo, de la filmación casera, no solo al terror, como habían hecho las tres primeras, o a la paranoia sobre el fin del mundo (la cuarta), sino al relato de superhéroes, a la adquisición de poderes sobrenaturales, a su desarrollo y a sus consecuencias. Con nueve millones de euros (un presupuesto bajo para este tipo de productos de acción), Josh Trank, de solo 27 años, ha compuesto una especie de documental de instituto sobre el germen del heroísmo y, sobre todo, de la villanía en la cultura del cómic, culminada como una cinta de acción de gran estudio. Un éxito de público: lleva 37 millones y subiendo.

CHRONICLE

Dirección: Josh Trank. Intérpretes: Dane DeHaan, Alex Russell, Michael B. Jordan, Michael Kelly. Género: ciencia-ficción. EE UU, 2012. Duración: 84 minutos.

Con ligeros toques filosóficos que no desentonan en la narración, Chronicle nos viene a decir que el origen de la villanía reside en la exclusión social; que aunque el perdedor de instituto, aquel al que todos maltratan, se convierta de la noche a la mañana en un ser capaz de volar, nunca podrá ser aclamado por la masa; que es carne de villano porque por sus venas corre sangre de marginado. Trank sostiene hasta casi el final el escrupuloso punto de vista de las cámaras de vídeo y, aunque en ciertos momentos recuerde a las aproximaciones citadas al inicio, su teoría sobre el dominio siempre suena interesante y trascendente: ¿para qué sirve el poder extremo en una mente, en una personalidad, aún sin formar? La adolescencia como semilla de turbiedad.