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TENDENCIAS

Hasta que pase la tormenta, es tiempo de reparar

La reforma, frente a la nueva planta, se impone en lo público y lo privado

Masía en Olot (Girona), diseño de Bet Capdeferro y Ramón Bosch. Ampliar foto
Masía en Olot (Girona), diseño de Bet Capdeferro y Ramón Bosch.

Reparar antes que recomenzar, ampliar antes que partir de cero y, a veces, combinar todas esas posibilidades en un mismo edificio. El momento exige mantenimiento, pequeños logros frente a los edificios anuncio de hace una década. No hay dinero ni ánimo para contribuir a la proliferación de inmuebles vacíos. Se miden los objetivos y se cuida, o reinventa, lo que merece extender su vida. Así, en España hoy muchos de los proyectos más certeros se concentran en la restauración, en la remodelación, en la ampliación e incluso en la mezcla de todas esas opciones. Es el caso del Teatro Alameda en Tarifa (Cádiz), pero también el de la transformación de una masía en Olot (Girona).

En España hoy muchos de los proyectos más certeros se concentran en la restauración, en la remodelación, en la ampliación e incluso en la mezcla de todas esas opciones

Bet Capdeferro y Ramón Bosch ganaron un premio FAD por el diseño de una vivienda que denominaron Casa-Collage para identificar la mezcla de materiales de diversas procedencias que se daba en su proyecto. En Olot, han rehabilitado ahora una antigua masía ocupando, con un porche metálico, la zona en la que antiguamente vivía el ganado. Los arquitectos hablan de construir "una gran ventana habitable", y lo cierto es que la ampliación —realizada con una estructura de zinc y cerramientos de cristal— es a la vez ligera y contundente, transparente y opaca, evanescente y sólida. Cualquiera de estos binomios contrasta con la irregularidad de la casa original. Y no solo formalmente. El diálogo entre lo existente y lo nuevo habla de una época en la que la producción industrial permite trabajar en seco —casi como si el nuevo módulo fuera un elemento prefabricado— con plazos más rápidos y, sin embargo, o tal vez por ello, exige tomar decisiones con gran ponderación: la planificación, por encima de la supervisión, manda en los proyectos que se industrializan. El porche, convertido en parte de la casa, ofrece un lugar nuevo: ni interior ni exterior. El espacio intermedio —el de las antiguas galerías— resuelve y retrata como pocos la indefinición: el terreno que se ha empeñado en abordar la arquitectura actual.

La indefinición está también detrás de numerosos inmuebles que, en su actualización o reparación, ven desaparecer la pureza de su tipología para pasar a sumar identidades. Es el caso del nuevo Teatro Alameda, levantado por Julia González y Miguel Bretones en Tarifa (Cádiz). Las obras del edificio se paralizaron durante cuatro años y exigieron rehacer el proyecto para integrar los restos de la muralla nazarí que hoy contiene el nuevo inmueble. Con una sala que cuida confort y visibilidad y un vestíbulo que aprovecha los bajos de la grada para dejar entrar a un escaparate social, el nuevo teatro combina vistas al puerto, servicios puestos al día y un cuidado con la memoria del lugar que, sin embargo, no anquilosa la nueva vida del centro.

Realizado por dos millones y medio de euros, con mano de arqueólogo y trazos de urbanista, el teatro tiende un puente entre pasado y futuro y establece un nexo entre las necesidades y las realidades que construyen hoy las arquitecturas más cabales.

El teatro Alameda, en Tarifa (Cádiz).
El teatro Alameda, en Tarifa (Cádiz).