Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Diseño

Los nuevos valores buscan raíces

Muchos jóvenes arquitectos recuperan el contexto para arraigar sus edificios

Biblioteca Municipal de Cañada del Rosal (Sevilla), obra de Mediomundo Arquitectos. Ampliar foto
Biblioteca Municipal de Cañada del Rosal (Sevilla), obra de Mediomundo Arquitectos.

A la manera de las cubiertas que remontan la loma de Medina Sidonia, en Cádiz, María González (Huelva, 1975) y Juanjo de la Cruz (Sevilla, 1975) quisieron atrapar el espacio que llevaba décadas vacío entre los gruesos muros del antiguo matadero mediante una nueva cubierta de cerámica cocida. Es esa cubierta la que dibuja la cara de la nueva Escuela de Hostelería de la ciudad. Con sus patios-chimenea y sus maceteros de hierbas aromáticas para emplear en la escuela, la cerámica se expresa en un idioma propio que hace evolucionar el que habla el lugar. Los patios también permitían que una celosía fuera la cara de una escuela infantil que firmaron en Ayamonte los mismos arquitectos.

En su web, ambos, profesores en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, citan al escritor francés Julien Gracq, que en su ensayo Escribiendo leyendo aseguraba que la escritura se origina en la lectura, que se escribe porque otros antes que nosotros han escrito, y que se lee porque otros antes que nosotros han leído. Esa idea de conocerse, sumarse, reinventarse y reconocerse es lo que practican cada vez más arquitectos españoles, más fascinados por colaborar en la construcción de entornos de buena vida que por la voluntad de brillar durante una día.

Con maceteros de hierbas aromáticas la cerámica habla un idioma propio

La idea es la de arrimar el hombro, pero también la de pertenecer y echar raíces sin recurrir a la nostalgia ni renunciar al progreso. González y De la Cruz (que firman como Sol89, el nombre y el número de la calle sevillana desde la que trabajan) no están solos.

También el Palacio de Congresos que Jesús Ulargui y Eduardo Pesquera levantaron en Santa Eulalia del Río, en Ibiza, se arraiga en un bosque de pinos frente al mar, dividiéndose en múltiples volúmenes pero manteniendo el trazado urbano. Insertado en el terreno con muros de contención y dejándose cubrir por una capa vegetal, tiene tres elementos que hablan, de nuevo, desde la cubierta para explicar los usos del edificio como escena y lugar de ensayo. Pesquera y Ulargui hablan de "construir con retales" y de trasladarlos de la arquitectura popular a la actualidad.

Ahora se colabora en la construcción de entornos de buena vida

En Cartagena, el no tan joven Martín Lejárraga lleva años haciendo algo similar. En su casa-taller para un pintor y dos gatos, reconoce el trabajo de un arquitecto anterior, Lorenzo Ros, a la hora de proyectar una vivienda como un lugar agradable para vivir en la grisura de los años cincuenta. "Puedes estudiar la historia, documentarte con imágenes de casas soñadas, analizar las de amigos y enemigos, pero al final encargar la tuya no es un asunto fácil", explica Ángel Charris, el pintor convertido en cliente de Lejárraga.

Moderna, lúcida y realista, la casa habla de la modernidad de su dueño, del juicio de su arquitecto, pero también de las raíces del lugar, de la escala del barrio y de los materiales de la ciudad. Ese diálogo a tres bandas es el que juegan muchas de las arquitecturas de hoy. Ambiciosas y sensatas, pausadas y rotundas, saben que el partido más importante se juega en casa.