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Reportaje:

Y Bogart se pasó a los chicles de menta...

La presencia de cigarrillos en los filmes de Hollywood se reduce un 71,6%

Ver a Humphrey Bogart liándose, misterioso, un cigarrillo o a Audrey Hepburn prender sofisticadamente un pitillo con boquilla alargada aumenta hasta dos veces la posibilidad de que los jóvenes fumen, según los especialistas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE UU. Sin embargo, la presencia del tabaco en las películas estadounidenses ha descendido radicalmente desde 2005, que alcanzó la cota más alta: los episodios con cigarrillos, puros o similares en las pantallas han descendido de 2.093 a 595, es decir, un 71,6%.

Es difícil encontrar ahora algún personaje al que identifiquemos con el tabaco. Pero, ¿quién no asocia a Robert Mitchum o cualquier detective con el golpeo repetido de la pitillera, o a Rita Hayworth expulsando aros de humo con marcada sensualidad? El tabaco significaba seducción, tensión, poder.

Desde hace décadas, las leyes antitabaco y la corrección política han ido trasladando su papel a lo marginal. Ya no fuman los triunfadores, sino los personajes que tienen uno o varios problemas serios. El tabaco es moneda de cambio en dramas carcelarios y bélicos, y su aparición en la gran pantalla raramente tiene connotaciones morales positivas. Los buenos ya no fuman. Dos personajes controvertidos y atractivos como Don Draper en Mad Men y Tony en Los Soprano fuman, pero el debate sobre su integridad moral daría para llenar folios y folios.

A pesar de este descenso detectado por el estudio, casi la mitad de filmes integra el acto de fumar en alguna parte de su metraje. En 2005, de cada 43 películas calificadas como restringidas para menores de 17 años solo dos se libraban del humo en su totalidad, un 4,7%. Esta cifra aumentó a 29,2% en 2010.

Según el informe "cerca de la mitad de las películas producidas en EE UU aún presentaba contenidos relacionados con el tabaco en 2009. De hecho, un 54% de los largometrajes clasificados como no recomendados para menores de 13 años reflejaron alusiones al tabaco".

En este sentido, dos miembros de la Cámara de representantes de EE UU, el demócrata Edgard Makey y el republicano Joseph Pitt, han enviado sendos escritos a la Asociación Cinematográfica estadounidense para instar a la industria a la adopción de "medidas firmes" contra el tabaco. En este país, aparte de que los fiscales generales de 32 de 50 estados ya hayan exigido que las películas que incluyan alguna actividad relacionada con el tabaco se califiquen como para mayores de 17 años (la restricción más fuerte), ya tomaron cartas en el asunto sustituyendo el cigarrillo perenne de Lucky Luke por un palillo mondadientes.

Entre las tres mayores compañías cinematográficas, agrupadas en la Asociación de Productoras de Películas de América (MPAA), que han tomado unas medidas más estrictas sobre la exposición de la nicotina, las películas adecuadas a todos los públicos redujeron un 95,8%, de 23,1 a 1, los "incidentes"- según el vocabulario utilizado por el gobierno estadounidense- de tabaco en las secuencias de películas.

Esta supresión de "incidentes", no obstante, no puede aniquilar el simbolismo que arrastra el producto: la dureza de los protagonistas, la rebeldía del incomprendido o la normalización social e independencia de la mujer son algunos ejemplos. La pregunta que surge de esta encuesta es: ¿Quién morirá ahora con el cigarro en la boca, como Jean Paul Belmondo en Al final de la escapada?