Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La luz vuelve a Madrid con el Nooruz

Las comunidades de los países de Asia central celebran el Año Nuevo en la capital

Habla al micrófono una mujer en ruso, animada y con una gran sonrisa. Luego se lo pasa a su compañero español. "Y ahora en cristiano", se ríe él y empieza a traducir la bienvenida a la fiesta del Nooruz, el año nuevo persa, a los 200 personas que han venido al bar Downtown Madrid (calle San Mateo 21). Los interlocutores son Luis Sánchez y Altinay Baibekova, un matrimonio español-kirguís y unos de los impulsores, desde de la asociación Sumalak, de esta fiesta. También participan las organizaciones Afrace y Sunkar.

Al preguntar "¿De dónde eres?", muchas de las respuestas terminan en "-stan". Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán... El Nooruz se celebra en una región que se extiende más allá del antiguo imperio persa, y que abarca desde el Cáucaso a Asia Central. Incluye Irán, Azerbaiyán y partes de India.

El Nooruz no solo se celebra en muchos países sino que también tiene varias formas de ser deletreado: novruz, nowrouz, nooruz, navruz, nauroz o nevruz son solo algunos. A pesar de las diferencias ortográficas, todos quieren decir lo mismo: "nuevo día", aunque originalmente el significado fue "nueva luz".

Según los organizadores, la fiesta, que tiene "más de 2.000 años de antigüedad", se celebra con "la llegada del equinoccio de primavera, cuando el sol se sitúa justo sobre el ecuador terrestre". En esta fiesta dan gracias por "un nuevo periodo luminoso tras la oscuridad de los meses invernales". En 2009, la UNESCO reconoció el Nooruz inscribiéndolo en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Sánchez, de Sumalak, dice que para muchos es la fiesta más importante del año. En los países que "estaban bajo control de la URSS no se celebraba mucho", pero desde que se independizaron se están haciendo "muchos esfuerzos para celebrarlo, es muy folclórico, muy típico". Entre los "-stan" hay mucha conexion porque todos hablan ruso, el legado de la URSS.

El organizador explica que este es el segundo año que lo han celebrado en Madrid. El año pasado fue todo un éxito. Casi demasiado. "Reservamos un sitio para 100 pensando que tal vez vendrían 60. Al final aparecieron cerca de 150. ¡No había espacio!", cuenta. Según él, hay mucho interés por parte de todos los países donde se celebra el Nooruz, incluyendo Irán, en que la fiesta se lleve a cabo. ¿Hay piques entre los países? "¿Aquí? ¡No! Allí, en general tampoco".

No tiene datos definitivos pero cree que en Madrid viven 20 o 30 personas de origen kirguís. De Uzbekistán hay 30 o 40, Kazakajistán es el "-stan" con más personas en Madrid, unos 50, mientras Turkmenistán con dos y Tayikistán con uno son los con menos representados en la capital.

La mujer de Sánchez, Altinay Baibekova, es de Kirguistán. Se conocieron en 2000 cuando él se fue al país asiático para trabajar en un ONG, ADALI, que ayuda a niños. Baibekova era la traductora asignada al grupo. Pero no hablaba castellano. "¡No! Era todo en inglés", comenta. Se casaron en 2004 y ahora ella lo habla perfectamente.

Anastasia Weber tiene 27 años y es profesora de baile. Nació en Kirguistán y lleva nueve años en Alemania, de donde viene su apellido, por su marido. Habla castellano, un idioma que le encanta, casi perfecto por "tener muchos amigos de Argentina y Uruguay, y ¡mi mejor amiga es una madrileña!". Tiene muy bonitos recuerdos de las fiestas de Nooruz cuando era joven. En Heidenheim, donde vive en Alemania, no hay celebraciones organizadas, por eso ha venido a Madrid. "Nooruz es... los árboles abriéndose, es ¡el renacimiento de la vida!", dice entusiasmada. "Es un día muy alegre" concluye.

Sobre las 20.30 se sacan comidas típicas de los países. El plato clásico es el sumalak, un tipo de pan hecho con trigo. Tradicionalmente las mujeres lo prepararon durante una noche entera, removiendo los ingredientes, y cantando y bailando. Muchos de los asistentes han traído otros platos típicos. Dinara Arapova, que está estudiando un MBA en el Carlos III, es de Kirguistán y ha pasado "dos horas" preparando una ensalada olivie típica de toda la región. Se parece bastante a la ensaladilla rusa, pero tiene más patatas, y es un triunfo entre los asistentes.

Las actividades de la noche, además de la comida y la bebida, incluiyen una presentación de Anastasia Dziadevich de un proyecto: "Trekking solidario al Campo Base de los picos Pobeda y Khan Tengri" de la Asociación Española de Alpinistas con Cáncer. También actúa Tanzilya Faizullaeva, una kirguís de 22 años que toca la komuz, un instrumento tradicional mongol, y canta unos temas tradicionales.

Además de los que vienen de países que tradicionalmente celebra el Nooruz muchos están aquí porque tienen amigos de estos países. Es el caso de Malgorzata Wilk, de Polonia, que tiene 35 años y una amiga de Uzbekistán. Ella explica, con la gorra típica de Uzbekistán, la Tyubiteika, puesta, que para ella el Nooruz es un encuentro multicultural, "estar con gente de varios países y compartir una fiesta tan alegre". Al admitir que "también la barra libre es un atractivo" su grupo de amigos suelta una carcajada.