"La industria musical ha primado la horterada rentable de usar y tirar, y ahora se queja"

José Ignacio Lapido presenta en una gira su sexto disco, De sombras y sueños, en esta entrevista analiza la industria musical y la crisis del público

El sexto disco del que fuera compositor y cantante de la banda 091, José Ignacio Lapido, se titula De sombras y sueños y es una emocionantísima colección de 13 canciones que el músico ha grabado junto a su banda habitual. Para algunas de estos temas, en el disco, Lapido ha contado por primera vez con la colaboración de algunos de sus mejores amigos: Miguel Ríos, Quique González, Amaral y Quini Almendros.

Después de una carrera de más de una década en solitario y catorce años junto a 091 esta nueva entrega supone una nueva consagración de un músico que lleva mucho tiempo consagrándose. De sombras y sueños es una pequeña joyita repleta de letras cuidadísismas y melodías entre el rock y el bluegrass. En estos momentos Lapido pasea su último trabajo por varias ciudades de España en el principio de una gira de presentación.

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En esta entrevista, el músico granadino, demuestra una sensibilidad especial para la música y no tener muchos pelos en la lengua.

Pregunta: Usted es uno más de los músicos que han optado por la producción propia. ¿Qué le pasa a la industria discográfica? ¿Cuánto tiempo le da y qué soluciones propone?

Respuesta: Refiriéndonos a la industria, podríamos parafrasear a Leonard Cohen y decir que ellos "me sentenciaron a veinte años de aburrimiento". La industria discográfica de este país tiene muchos pecados que purgar, y los está purgando. Históricamente se han dedicado a buscar el beneficio a corto plazo, sin cultivar carreras de largo recorrido de artistas con criterio. No han ejercido una labor educativa con el público potencial. Han primado la horterada rentable de usar y tirar, y ahora que la gente se puede bajar la horterada gratis, se quejan. Aparte, claro está, de que en la sociedad, especialmente en la de nuestro país, ha calado hondo la absurda idea de que todo lo relacionado con la cultura debe ser gratis. Estamos en un periodo de liquidación por derribo, en el sálvese quien pueda. Y mi tabla de salvación ha sido crear Pentatonia Records. Que cada cual se agarre al palo que más le convenza, pero que se asegure que flote.

P. ¿Es usted consciente de que mucha gente, despectivamente, tenderá a ponerle la etiqueta de cantautor? ¿Cree que una década siendo Lapido, no es demasiado tiempo para despegar de una forma más comercial?

R. La etiqueta cantautor, si no se utilizara de forma peyorativa, sería correcta: yo canto mis propias canciones. Lo que pasa es que las canto con una banda eléctrica detrás. ¿Tom Petty es un cantautor o un rockero? ¿Neil Young, Jesse Malin, Graham Parker, Ian Hunter...? Salvando las distancias, mi caso es el mismo. Canciones propias, determinada actitud, guitarras eléctricas... En cuanto a lo de si 10 años es demasiado... bueno, la relatividad espacio temporal nos daría para explayarnos sobre esto, pero en mi caso había 14 años anteriores con 091 que también se hicieron demasiado largos para despegar comercialmente. Yo ya no pienso en eso: intento hacer los mejores discos que puedo cada vez que me toca y no le doy más vueltas.

P. Su último disco es casi para adictos a las canciones tristes. ¿Cómo es su proceso de composición y en qué elementos se basa?

R. Es sencillo: me levanto muy temprano, me tomo un café y agarro la guitarra a ver qué sale. Si encuentro una melodía que me guste empiezo a trabajarla para darle forma y estructura de canción. Si logro acabar los acordes y la melodía de la voz la llevo al ensayo y allí la trabajo con la banda, si este último proceso es satisfactorio, entonces es cuando me pongo a ponerle letra. Sólo entonces se puede decir que la canción está acabada. Dejo la letra para el final porque es lo que más me cuesta y no quiero desaprovechar esfuerzos en canciones que luego no van a ir a ningún sitio. En cuanto a la temática... sí, se podría decir que mis canciones tienen un poso de tristeza y de desencanto. Así es como yo soy y como me siento, pero también tienen rastros de humor y de esperanza. Creo que se puede crear belleza y transmitir una emoción positiva a partir de la tristeza. Soy más de soleás que de alegrías.

P. En ese proceso de composición, sobre todo de las letras, ¿suele investigar en sitios que le hacen daño? ¿Cuánto de autobiográfico hay en esas letras?

R. En mis canciones se mezcla la realidad, el monólogo interior, los sueños, los recuerdos, los deseos y el mundo mitológico. Todo eso interactúa entre sí. A veces soy yo el que habla, pero se trata de mi otro yo, el que duerme o el que fue. En mis canciones hay un dolor antiguo que late y también el eco de una sonrisa burlona. No sé... de algo hay que cantar. A veces es el tuétano y a veces la piel.

P. En el último rock y sobre todo en el pop da exactamente igual lo que se está diciendo siempre y cuando vaya envuelto en una buena producción.

R. El capitalismo está especializado en vender detritus envuelto en bonito papel celofán. Y el capitalismo musical hace lo mismo: vestir con sonidos espectaculares canciones que no son nada, o peor aún, que son horribles. Si nos fijamos en las listas de ventas de los últimos 30 años veremos que hay muy pocos clásicos que hayan sobrevivido bien al paso del tiempo. Sólo en el año 1969 se editaron más canciones que han pasado a ser clásicos de la música popular que en todos estos últimos 30 años. Entonces todavía había un criterio. Ahora sólo hay apariencia.

P. ¿Podría darnos cinco artistas y canciones que definan un poco su carrera?

R. Creo que los artistas elegidos no van a definir mi obra, simplemente me gustan y están en activo:

1.- Black Keys: "Next Girl"

2.- Eels: "Spectacular girl"

3.- Imelda May: "Johnny Got a Boom boom"

4.- Drive by Truckers: "Working this job (This fucking job)"

5.- Tom Petty: "I should have known it"

P. ¿Qué le pasa al público que cada vez solicita y crea fenómenos más de plástico al estilo Lady Gaga o similares?

R. No creo que sea algo nuevo. La música Bubble Gum de principios de los 70 era un producto "de mentira", todo lo contrario a la música hippie, que era lo auténtico. Incluso antes: los Monkees a mediados de los 60 eran un invento de una compañía discográfica americana para combatir comercialmente a los Beatles. Hasta se hizo un casting para encontrar a los miembros del grupo, pero oiga usted: les ponían a los mejores músicos de sesión especializados en rock, a los mejores compositores y salían unas canciones acojonantes. De Lady Gaga creo que sólo se recordará en un futuro que una vez se puso un vestido hecho con chuletones de buey hormonado con clembuterol. Vaya usted a saber. Y que quede claro que no he escuchado jamás una copla de esta señora, a lo mejor la oigo y me gusta, pero su estética ya me repele. El público mayoritario vive alienado, estética y políticamente: no hay nada más que ver lo que votan. Si alguien es capaz de votar a Berlusconi, es perfectamente capaz de comprarse un disco de Lady Gaga. La falta de criterio es a todos los niveles. Fíjate en la Iglesia católica; el Papa que han elegido echa para atrás a sus propios fieles. En el Vaticano también hace falta un buen A&R (cazatalentos).

P. En este disco opta por muchas colaboraciones.

R. El público ha tenido la oportunidad de disfrutar de cinco discos míos "desnudos y solitarios" anteriormente. Es la primera vez que cuento con colaboraciones de este tipo. Creí que era el momento adecuado de hacerlo y no son colaboraciones forzadas de cara a la galería sino que se trata de amigos que de alguna forma u otra tenían conexión conmigo. Creo que sus aportaciones han engrandecido el disco.

Gira de Lapido: 14 enero: Barcelona. Sala Sidecar. 22 hrs. 15 enero: Zaragoza. La casa del loco. 21.30 hrs. 26 enero: Sevilla. Teatro Central. 21 hrs. 28 enero: Murcia. Sala 12 y medio. 23.30 hrs. 18 de Febrero: Valencia. Wah Wah. 22 hrs.

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