A título póstumo

El Premio Nacional de Poesía que el jurado concedió de forma póstuma a José María Millares Sall viene a ser como una metáfora de su vida. Lo que la crítica le negó en sus 88 años de vida se lo acaba de dar un año después de su muerte. Y el mayor galardón que un escritor canario puede recibir en su tierra, en Premio Canarias de Literatura, lo recibió en 2009 meses antes de fallecer después de una larga enfermedad. Es el triste sino de un hombre que solo quería escribir poesía.

José María Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2009) nace en el seno de una familia de intelectuales y artistas. Sus estudios, como su juventud, se ven interrumpidos por la guerra civil española. Su padre, el catedrático de Enseñanza Media Juan Millares Carló, es perseguido y acaba con su familia desterrado en la isla de Lanzarote. Allí su hermano mayor, el poeta Agustín Millares Sall, tiene que elegir dramáticamente entre el carné de Falange Española o el paredón. Tras la depuración, al padre le retiran la cátedra y tiene que vivir de las clases particulares. José María, como el resto de sus hermanos, se ve obligado a desempeñar un trabajo administrativo, al mismo tiempo que inicia su actividad como escritor provocado por el ambiente familiar.

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Su primera entrega poética data de 1946, A los cuatro vientos, en la colección Cuadernos de Poesía y Crítica que patrocinaba el ensayista, mecenas y buena persona Juan Manuel Trujillo. Al año siguiente, José María Millares figura en la Antología Cercada, primera tentativa de poesía social comprometida en aquel ambiente mediocre y represivo de la posguerra española.

Con sus hermanos Agustín Millares, poeta, y Manolo Millares, uno de los más importantes pintores españoles del pasado siglo, funda en 1948 la colección Planas de Poesía. El primer título de la colección será su libro Liverpool, una rareza en aquel momento poético que sorprende por su particular vitalidad expresiva. Su despliegue de imágenes visionarias, su fondo urbano, el tono airado y apocalíptico de los seis poemas que lo integran, su compromiso problemático con la realidad mantienen la vigencia de un libro que pasó casi desapercibido para los lectores y fue silenciado por la crítica en aquellos años de poetas oficiales y cursis. A ese hermoso libro pertenecen estos dos versos: "Porque además de ser un hombre como vosotros, soy un poeta,/ y un poeta es un corazón más sobre la niebla del mundo". Liverpool fue reeditado felizmente en Madrid (Editorial Calambur, 2008) con un prólogo clarificador del crítico Jorge Rodríguez Padrón y un éxito que sorprendió al propio José María.

Tres años después publica en la misma colección Manifestación de la Paz, título que terminó por acabar con la paciencia de los sicarios del régimen franquista en Canarias. Planas de Poesía, con 18 entregas hasta ese momento, será suspendida por orden gubernativa, siendo procesados y encarcelados sus más directos responsables.

En 1952 contrae matrimonio con la poetisa Pino Betancor y se traslada a Madrid, ciudad en la que residirá hasta 1960. Para José María, fue una etapa de fecundidad creadora y de contactos con los escritores españoles del momento: Leopoldo de Luis, Gabriel Celaya, José Hierro o José Luis Cano. Participa en las tertulias de la revista Insula, en la calle del Carmen. Luego, por las circunstancias familiares, tiene que abandonar la actividad literaria y es a partir de los años setenta cuando retoma su actividad poética. En estos años de silencio cultiva también la pintura (llegó a exponer unos dibujos a tinta china que fueron muy elogiados) y la música popular: sus canciones Campanas de Vegueta o De belingo ya forman parte de la conciencia colectiva de los canarios.

A partir del año 2000, a la edad de 79 años y con 20 libros de poesía publicados, su escritura toma un nuevo rumbo, en busca de una expresión más libre y personal, en un ejercicio de escritura continuada y abundante. José María Millares reúne esa poesía en series sucesivas y fue recogida en 2009 en el libro Cuadernos 2000-2009, editado en Madrid por Calambur. Sería, a la postre, el libro que un jurado le reconocería como poeta nacional. Eso sí, a título póstumo.

Diego Talavera es periodista

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