Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Irán expurga los textos clásicos que contradicen los valores del régimen

La censura ensombrece la Feria Internacional del Libro de Teherán.- "No siempre se trata de una prohibición total, en ocasiones piden la supresión de una parte del libro o la sustitución de algunas frases o palabras para que estén en línea con la religión"

Dos mil editoriales y 200.000 títulos a la venta en un espacio de 12.000 metros cuadrados convierten la 23ª Feria Internacional del Libro de Teherán en "la cita cultural más importante de Irán", según la prensa local. Y sin embargo, los números pueden ser engañosos. El grueso son textos de contenido religioso y técnico (la mayoría de las traducciones extranjeras). En un país que se enorgullece de sus escritores, la literatura ha quedado marginada por la censura. No sólo las autoridades han prohibido las obras de la poeta Forugh Farrokhzad y del novelista Hushang Golshiri, sino que muchos clásicos han sido expurgados de los pasajes que contradicen los valores del régimen islámico.

El tono de la muestra queda claro nada más entrar en la amplia nave de la Mosala, el gran recinto para el rezo colectivo aún en construcción. La hija del Profeta, El duodécimo imam, Filosofía del imam oculto, La otra esposa del imam Ali... Los libros de contenido religioso, fácilmente reconocibles por los clérigos barbudos que aparecen en sus portadas, dominan en todos los stands. En el de la Fundación de los Santos Lugares de Mashhad incluso hay toda una esquina dedicada a la prevención del vicio y la promoción de la virtud, que incluye títulos como La moral del hiyab o Los jóvenes en los primeros años del islam.

La caseta de Amir Kabir, una de las grandes editoriales iraníes, ofrece desde las obras clásicas persas hasta la Divina Comedia de Dante. De sus paredes de cartón cuelgan los retratos de algunos de los más destacados escritores iraníes contemporáneos, pero entre ellos no se encuentran ni Farrokhzad, ni Golshiri. Los organizadores han prohibido a los editores que pongan sus obras a la venta e incluso que exhiban sus fotos, según informó el sábado la agencia semioficial ILNA. El régimen islámico censura aquellas obras que "promueven la decadencia o insultan la religión".

Los poemas de Farrokhzad, fallecida en accidente de tráfico en 1967 con sólo 32 años, ya resultaron polémicos en su época debido a su sensualidad y a que cuestionaban las reglas tradicionales de la sociedad, sobre todo respecto a las mujeres. A raíz de la revolución islámica de 1979, se prohibió su publicación, lo que no impidió que haya seguido siendo muy leída y una referencia para muchos jóvenes iraníes. Como en el caso de Golshiri, uno de los escritores más influyentes de la literatura persa contemporánea (1938-2000), sus obras volvieron a ser autorizadas años más tarde.

Pero con la llegada al Gobierno de Mahmud Ahmadineyad en 2005, "el mundo editorial ha dado un paso atrás", en palabras de un editor independiente que prefiere mantener el anonimato. "Cientos de escritores, poetas, historiadores y pensadores han sido censurados", añade. A pesar de que los portavoces oficiales hacen gala de que sólo el año pasado se publicaron 3.000 nuevos títulos, fuentes del sector recuerdan que, en los dos primeros años de la nueva administración, se prohibió la reimpresión de un 70% de los libros anteriormente autorizados.

Los nombres en la lista negra van desde la citada Forrokhzad, autora del significativo Pequé, un pecado delicioso, hasta el poeta satírico del siglo XIV Obeyd Zakani. Pero el principal objetivo del Ministerio de Cultura y Orientación Islámica, cuya aprobación previa se requiere para todas las publicaciones y obras artísticas, son los escritores contemporáneos iraníes como Sadeg Hedayat, Ebrahim Golestan, Gholamhosein Seaedi o Ali Dashtí, entre otros.

"No siempre se trata de una prohibición total, en ocasiones piden la supresión de una parte del libro o la sustitución de algunas frases o palabras para que estén en línea con la religión", explica la fuente. Esto es lo que más temen tanto los estudiosos como los amantes de la literatura porque se trata de un engaño. Si uno accede a las últimas ediciones del Diccionario Enciclopédico de Dehkhoda, una gloria nacional, encuentra cambios reveladores. Por ejemplo, en la entrada consagrada al hiyab (el velo islámico), su satisfacción por que "las mujeres se hayan librado de él" ha sido remplazada por una alabanza al mismo. También ha desaparecido el apartado dedicado al Shah. Lo mismo sucede con las obras de Omar Khayyam o Rumi.

"Nunca compro ediciones modernas de nuestros clásicos. Siempre buscó las de antes de la revolución en librerías de viejo o en algunas donde el librero me conoce y sabe que puede confiar en mí", declara un profesor universitario. Esta situación también ha impulsado un mercado paralelo de obras fotocopiadas.

Gabriel García Márquez

El mismo problema afecta a las traducciones de autores extranjeros. En el stand de Ariaban, un cartel anuncia "11 obras de Gabriel García Márquez traducidas del original", entre ellas Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera o El otoño del patriarca. El Nobel colombiano es uno de los autores hispanos más leídos en Irán. Pero nadie garantiza la fidelidad en persa de su rico y explícito vocabulario.

"Los traductores los adaptan al gusto de los censores para evitar su prohibición", explica una fuente conocedora del proceso. Aún así, eso no asegura el visto bueno del Ministerio como quedó claro en noviembre de 2007 cuando se prohibió la reimpresión de su exitoso Memoria de mis putas tristes a pesar de que el traductor lo había suavizado a Mis tristes amadas. Tampoco el famoso El código Da Vinci de Dan Brown, ni La última tentación de Cristo de Nikos Kazantzakis, ni Eva Luna de Isabel Allende han pasado la criba.

Hay editores que renuncian a publicar los esqueletos desprovistos de gracia a que quedan reducidos los libros expurgados de cualquier expresión comprometida, a veces de párrafos enteros. "No tiene sentido. Nos engañamos a nosotros mismos", confía uno de ellos que sin embargo reconoce que significa la ruina de muchas editoriales. Otros se refugian en la publicación de libros técnicos (menos comprometidos) o, la última moda, una variante entre la autoayuda y la superstición que en los últimos años ha inundado las librerías iraníes. Títulos como Invocaciones contra los problemas, Las claves de la fortuna o La yihad del ego parecen la única alternativa tolerada para incrementar el bajo índice de lectura, 18 minutos diarios per cápita en 2009, según el vicedirector de la Organización de Bibliotecas Públicas, Hamidreza Shakerí.