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Las bombas aliadas sobre Dresde mataron a un máximo de 25.000 personas

Una comisión alemana fija la polémica cifra que la ultraderecha eleva a medio millón

Murieron entre 18.000 y 25.000 personas en tres días. Miles de toneladas de bombas arrojadas por cientos de Lancaster, precedidos por grupos de Mosquitos que marcaban los objetivos con bengalas rojas. Los bombardeos de Dresde entre el 13 y el 15 de febrero de 1945 destruyeron la ciudad barroca y se grabaron a fuego en la memoria de los vencidos y en la de los Aliados. La devastación es, todavía hoy, el argumento preferido de neonazis y ultraderechistas para demonizar al antiguo enemigo. Una comisión de investigación encargada por el ayuntamiento de la capital sajona ha presentado la conclusión de cinco años de investigaciones, que cifran en un máximo de 25.000 el número de víctimas.

La cantidad estremece, pero es mucho menor que la presentada por el régimen de Hitler, que la exageró hasta 200.000. La ultraderecha habla aún de medio millón.

El arrasamiento de Dresde es probablemente la operación militar aliada más polémica de la II Guerra Mundial. El miércoles, el concejal de cultura de Dresde defendió el estudio sobre el número de víctimas como "la busca de argumentos científicos contra la manipulación política intencionada" de los muertos. En mayo de 1945, las autoridades locales ya calcularon que los bombardeos habían matado a unas 25.000 personas. La República Democrática Alemana (RDA) sostenía oficialmente que fueron 35.000.

El informe actual desmiente también otras falsedades propagandísticas, como que Dresde estaba llena de refugiados del Este que perecieron en las llamas sin que constara su elevado número. Según los 12 historiadores, tampoco hubo vuelos rasantes para perseguir a los supervivientes. Consideran que este mito se debe a que algunos testigos confundieron los combates aéreos con ametrallamientos sobre la superficie.

Descartan, además, que las temperaturas del arrasador incendio provocado por las bombas alcanzaran para hacer desaparecer gran número de cadáveres. El historiador Thomas Widera admite sólo "casos aislados".