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Entrevista:Mona Achache

"Esta película va de la curiosidad sobre el otro"

La cineasta lleva a la gran pantalla una versión personal de la novela 'La elegancia del erizo'

Como la autora del best-seller, Muriel Barbery, vive en Japón, la veinteañera Mona Achache sintió una libertad inaudita: la adaptación de la novela francesa La elegancia del erizo se convertiría en su primer largometraje sin sentir en el cogote la respiración de la autora. Un hecho extraño en los tiempos que corren, de intervensionismo salvaje, que permitió a la cineasta amoldar a su gusto el insólito encuentro en un edificio burgués de uno de los barrios más burgueses de la capital mundial de la burguesía, París. En El erizo confluyen las vivencias de una niña que lleva la cuenta atrás de los días que le quedan para suicidarse, de la portera del inmueble, que esconde su desaforada pasión por la literatura, y de un recién llegado, un rico japonés apellidado Ozu (más claro...) que ejerce como catalizador de la catarsis de los personajes. Premio del Público en la última edición de la Seminci de Valladolid, El erizo parece destinada a seguir el camino de su libro madre: hacer dinero. Achache, madre reciente, de ojos inquietos, mira al interlocutor y sonríe beatíficamente. Si se ha lidiado con una actriz como Josiane Balasko -que encarna a la portera-, una jornada de prensa es un día de respiro.

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Pregunta. ¿Pensó en los miles de lectores transmutados posiblemente en millones de espectadores?

Respuesta. No me interesa ni seducir ni al público ni a los profesionales. O al menos no es el camino adecuado. Importa que te guste, que te seduzcas, que te sientas satisfecha tú como creadora.

P. ¿Y se ha autoseducido?

R. En una primera película hay muchas sorpresas, alegrías y decepciones... pero he logrado aportar mi propio mundo de vista. Las diferencias con la novela son obvias; yo lo que intenté es mantener el espíritu del libro, las sensaciones que me produjo cuando lo leí. Alejé los momentos más literarios para acentuar el aspecto audiovisual.

P. ¿Hasta qué punto es suyo el proyecto?

R. La inspiración viene del libro, pero son dos obras distintas. Por eso cada una tiene su título. En la novela había algo muy íntimo, que me tocó, pero yo no he hecho la adaptación visual de La elegancia del erizo, sino que he hecho mi película. Es una versión fiel a los sentimientos que me provocó su lectura.

P. En el filme defiende la familia no tradicional en vez de los lazos de sangre. Apoya un grupo de gente que se junta para disfrutar de su compañía y mejorar en común.

R. Es como el universo que habita el edificio: hay gente muy distinta que consigue cohabitar juntos. Ahí está la esencia de la complejidad de la familia. Y creo en el amor por encima de la obligación.

P. Balasko, una niña, animales, un actor japonés que se aprendió fonéticamente su papel... Suena a rodaje complicado.

R. Josiane es una actriz fuerte, de carácter, y fue un placer trabajar con ella. No me intimidó nada trabajar con ella y que derive su fuerza a la pantalla. Un ejemplo del saber de Josiane es cómo ella se transforma en la película: usó su talento físico -y muy poco maquillaje- para crear este cambio, de personaje desagradable, aunque con algo conmovedo,r a mujer amorosa y consciente de su valía.

P. Pero probablemente el público quiera ser más como el señor Ozu, alguien que mira más allá del físico.

R. Yo también, pero no estoy segura de que todo el mundo quiera ser así. Este personaje cree en el otro, en que hay algo más allá de las apariencias. Porque esta película va de la curiosidad sobre el otro. Nuestro instinto humano nos acerca a gente parecida a nosotros, y Ozu tiene acentuado ese poder, por encima de aspectos físicos, para encontrar almas gemelas.

P. ¿Usted se siente más cercana a Paloma, la niña, o más a la portera?

R. Ummm, más con la niña. Paloma tiene una mirada cínica ante la vida que yo también poseía.