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Ros Ribas repasa en imágenes su amor por el teatro

El fotógrafo teatral presenta una gran retrospectiva con 500 fotos en el Centro Dramático Nacional

Si hay un rasgo que destaca del fotógrafo Josep Ros Ribas en un primer contacto es el de quitarse importancia. "No soy el autor de estas fotos, son los directores de teatro que montaron las obras", dice Ribas refiriéndose a las 500 fotografías que componen la retrospectiva de su trabajo expuesta hasta el 31 de mayo en el Centro Dramático Nacional. Ros Ribas comenzó su idilio con el teatro como uno de los fundadores del barcelonés Teatre Lliure hace más de treinta años. Él supo desde siempre que quería trabajar en el teatro pero no se veía de actor ni de director, fue así como se convirtió en un fotógrafo que "lleva en la sangre el ritmo de la escena", en palabras de Gerardo Vera, director del Centro Dramático Nacional.

Vera fue el encargado de presentar la muestra de Ros con el que afirmó haber crecido profesionalmente. El director teatral bromeó con el respeto que produce poner una producción ante el objetivo de Ros Ribas. "Es como cuando te vas a hacer una ecografía. Siempre temes que te encuentren algo". Destacó también la capacidad del fotógrafo para "meterse en sitios que ni el propio director podría aventurar" y el alivio que representa su aprobación: "cuando te dice esto está bien, descansas".

Para esta muestra Ros Ribas ha recuperado cientos de negativos- la primera selección se componía de diez veces más imágenes que la definitiva- para digitalizarlos. Este trabajo trae al amante de la fotografía y al del teatro grandes momentos sobre las tablas de los últimos treinta años, desde Sweeney Todd de Mario Gas hasta Hamlet de Georges Lavaudant, pasando por Cosí fan tutte, El rey Lear o Lady Macbeth.

Ros Ribas insiste en que los auténticos protagonistas son estos montajes históricos, que la gente puede ver imágenes de lo que fueron y no la sensibilidad de su objetivo. Una mueca de Lluís Homar en una producción de Las bodas de Fígaro, la tensión histerica de Medea en el rostro de Nuria Espert o Dominique Blanc llorando el llanto de Fedra, son algunos de los instantes irrepetibles captados por su cámara.