Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:

Pinceladas flamencas de Dorantes en Madrid

El pianista sevillano ofrece un recital salpicado de jazz y contemporánea en el Auditorio Nacional

Una revisión de su obra a la manera en que lo hacen los intérpretes de jazz. Una jam session flamenca, era lo que proponía anoche David Peña Dorantes (Lebrija, 1969) para su concierto en el Auditorio Nacional de Madrid con Flamenco Session. El público, que no llegó a llenar la Sala de Cámara del Auditorio, disfrutó del recital, que forma parte del ciclo Andalucía Flamenca, en silencio, escuchando a los músicos, sin interrumpir los momentos de lucimiento de cada uno de ellos. No fue hasta el final cuando el respetable decidió ovacionar a los artistas, todos de negro menos el protagonista de la noche, el pianista Dorantes, que prefirió usar camisa blanca.

Lo que hizo Dorantes anoche fue una revisión más libre de sus composiciones, casi sobrevolando el flamenco en muchas de ellas, disfrutando las piezas, dialogando con la percusión de Tete Peña y el bajo de Manolo Nieto, deteniéndose y alargando pasajes, revoloteando sobre ellos. La música fue la protagonista, coloreada por el baile de Pastora Galván en dos de las piezas interpretadas. "El flamenco debe estar en los grandes teatros, pero también en las habitaciones", quiso señalar anoche el pianista casi al final del recital, cuando agradeció la asistencia y atención del público.

Por Bloguerías (Blog)
Dorantes, en el Auditorio Nacional

Dorantes interpretó algunos fragmentos de sus piezas más conocidas, como la rumba Barrio Latino, en un acercamiento a los ritmos más caribeños, Orobroy o el Di, di Ana compuesto por su padre, el guitarrista Pedro Peña y grabado por él en Sur (2001). La voz de Juan San Juan tomó presencia en el cante por soleá, que llegó tras varias piezas instrumentales. Una voz llena de miel, sin grandes variaciones pero cargada de sentimiento, con potencia, acompañada por un piano susurrante que no quería tomar el protagonismo y que dejó que el cante de San Juan se fuera creciendo hasta llenar el teatro.

La voz de San Juan y el baile de Pastora Galván reforzaron la intención flamenca del recital. Galván acompañó a los músicos con su baile más contemporáneo, destilando jondura en el gesto, en el golpe de cadera, en el movimiento de manos. Vestida de negro primero bailó con unos crótalos, con gestos precisos, en un baile que alterna el gesto estático, de creación de imágenes, con el zapateado y giros más enérgicos. Galván volvió a salir a escena para acompañar con su baile la interpretación de Semblanzas de un río, que Dorantes quiso dedicar a sus padres, presentes en el patio de butacas. De blanco esta vez, Galván puso el broche de oro a la noche acompañada por un abanico que mueve como una extremidad más. Un broche de oro rematado con el fin de fiesta, por bulerías, que la Galván quiso completar cantándole unas coplillas al pianista "pa que lo vea su madre bailar", y él, no sin reticencias, accedió y dio su pataíta.