Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:XV BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA

Arcángel y su personal visión del cante

El cantaor onubense presenta en Sevilla 'De dónde venimos, a dónde vamos', un recorrido personal por la historia del flamenco

Francisco José Arcángel Ramos, Arcángel salió anoche con ganas al escenario del Teatro Lope de Vega de Sevilla. Arrancó solo, con su Pregón del uvero su viaje por los cantes y su historia en Andalucía. Afinado, cargado de giros, pero sin entretenerse. Y desde el primer minuto derrochó entrega. De dónde venimos, a dónde vamos es el título del recital de flamenco que Arcángel ha querido presentar en la Bienal, un recorrido personal por la historia de los cantes de Andalucía, con algunas letras tradicionales y otras pertenecientes a sus trabajos discográficos. Tras el pregón se unieron Miguel Ángel Cortés y Daniel Méndez a la guitarra, Agustín Diassera a la percusión y Bobote, Eléctrico, Torombo y los gemelos Montes Saavedra a las palmas. El romance del Conde Sol, soleá, granaína...

Un cante con espacio, paladeado por una voz, la de Arcángel, que recorre con gusto una tesitura amplia, afinada en las notas más agudas, que va ganando en rajo con el tiempo sin perder su virtuosidad.

Arcángel había advertido que pretendía que el recorrido del recital fuese cronológico y por provincias, por lo que los cantes más festeros, como bulerías y tangos, muy festeros, con cadencia y jaleo, quedaron encerrados entre los demás. Unos tangos que incluyeron la salve gitana y que arrancaron y concluyeron en los palillos del cantaor, que anoche prefirió prescindir de las tradicionales de enea para presentar su cante y añadir unas leves proyecciones no del todo acertadas, que parecían un poco improvisadas. En los tangos, presidiendo la escena, se proyectó la imagen del recientemente fallecido bailaor y coreógrafo Mario Maya, con el que el cantaor trabajó en sus inicios.

La bulería tuvo la preparación de las palmas y el baile de Torombo y Bobote, a oscuras, abriendo paso únicamente con el soniquete. Arcángel las cantó de pie, con las palmas como único acompañamiento, por Jerez, dejando en el ambiente el sabor a cierre. Tuvo que recuperar al público para las alegrías, cante en el que Arcángel se mueve con soltura, y que arranca susurrante y va modulando, para exhibir su dominio subiendo a los agudos en los que explota el sentimiento.

Antes de llegar a su exposición del futuro del cante, Arcángel se marcó unos fandangos saboreados, que domina y en los que se recrea y juega, cantando unos versos que hablaban de la poca necesidad de discutir sobre lo antiguo y lo moderno, lo puro en el flamenco. Sirvió como introducción al Quitasueños II. Sobre un compás de doce tiempos, una de las bases del flamenco, y junto a Diassera, Arcángel fue construyendo sonidos con un sampler, percusión, guitarra y por fin cante, creando una suerte de canon flamenco. Por fin, sobre un fondo musical de arpa y voces lejanas como nuevo vestido, construyó su trilla, en la que volvió a demostrar que aunque se le cambie el ropaje, el flamenco sigue siendo flamenco y que él es uno de sus mejores representanes.