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El Boss convierte la plaza de toros de Las Ventas en un 'saloon'

Bruce Springsteen actúa en Madrid ante más de 14.000 personas

El cantante estadounidense Bruce Springsteen ha vuelto a triunfar esta noche en España con un concierto en la madrileña Plaza de Las Ventas, al que acudieron más de 14.000 personas. El Boss ofreció uno de sus recitales más personales, dentro de la gira We shall overcome: The Seeger Sessions, que, monopolizado por el folk de su último álbum, dejó poco espacio para el rock.

El rockero de New Jersey ofreció esta noche en Madrid el primero de sus cinco conciertos en España con un espectáculo que, con todas las entradas vendidas, convirtió la arena de una plaza de toros en una explanada del far west, para desplegar sobre el escenario, con tan sólo una lámpara, cuatro cortinas y los diecisiete músicos de la Seeger Sessions Band, el ambiente y la magia de un auténtico saloon.

El autor de temas clásicos del rock americano, como Born in the U.S.A o The River, prescindió de sus grandes éxitos para centrarse en We shall overcome, su último disco, en el que homenajea al cantante folk Pete Segger que, perseguido por el Comité de Actividades Norteamericanas en los cuarenta y opositor de la Guerra de Vietnam en los sesenta, es un icono vivo de la canción protesta estadounidense.

En unos tiempos en los que el patriotismo americano está cada vez más desprestigiado, Springsteen versionó en el disco, y también ahora en el concierto -al que seguirán los de Valencia, Granada, Barcelona y Santander-, pequeñas gestas humanas de personajes como Old Dan Tucker, Jesse James o John Henry, con la que empezó puntualmente el recital tras la introducción de unos sones taurinos de clarín.

El concierto, que si no fuera por el impecable sonido y la abundante energía de El Boss y su magnífica banda, podría haber excluido al espectador que esperara oír una antología del registro que lo lanzó a la fama, echó su primera mirada retrospectiva con la tercera canción, Atlantic City, de su álbum Nebraska, de 1982.

"¡Torero, torero!"

Gran admirador de la cultura española, Springsteen se mostró cómodo, afable y esforzado con un público con el que bromeó en castellano con comentarios como "esta plaza de toros es muy bonita, pero espero que no saquen a los toros", que fueron acompañados por el consiguiente vitoreo popular e incluso gritos de "¡Torero!". Tras interpretar uno de lo temas más celebrados de We shall overcome, la perla del folk O Mary Don't You Weep, Springsteen se colocó, para regocijo de los más nostálgicos, su legendaria armónica para interpretar uno de sus temas más añejos, Growin Up, que fue una nueva excepción entre My Oklahoma Home, Mrs. McGrath o los ritmos contagiosos de Jacob's Ledder, una de las canciones más aplaudidas.

Sin embargo, y pese a que de su anterior disco, Devils and Dust, se reservó dos temas, entre ellos la balada íntima que dio nombre al álbum, el ambiente llegó a su cenit con el rock and roll más neto de todo el repertorio, la vibrante Open all night, que hizo al público. Las Ventas, caldeada como es propio de un concierto de El Boss, mantuvo el nivel con Pay me my money down, tras la que despidió a toda su banda que, formada por cuerdas, viento metal y tres soberbios coristas, filtró, a pesar del folk dominante, emocionantes destellos de gospell y jazz a lo largo del concierto.

De esta manera, Bruce Springsteen, con la templanza de los clásicos y la lozanía de quien todavía tiene muchas sorpresas que ofrecer, cerró su modesto pero impecable espectáculo con unos bises para los que se reservó su mejor capacidad vocal en la balada My city of Ruins, en los que sobrecogió al público con su cover melancólico y magistral del canto popular americano When the saints go marchin' in y que cerró con el tema que dio sentido a la reedición de We shall overcome, el pasado 3 de octubre, American Land.