35 años del brutal asesinato de Sharon Tate

La actriz, emabarzada de ocho meses y medio, y cuatro amigos murieron en su casa de Hollywood víctimas de la secta Familia Mason

Despuntaba la mañana del 9 de agosto de 1969 sobre las colinas de Hollywood. Pero el amanecer no iba a alcanzar una de las lujosas mansiones de Benedict Canyon. En el suelo yacían cinco hermosos cadáveres: el director de cine polaco Voityck Frykowski, la rica heredera Abigail Folger, el cotizado peluquero de las estrellas del celuloide Jay Sebring, el adolescente Steven Parent y la antifriona de la reunión, la actriz Sharon Tate, casada con Roman Polanski.

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Sharon Tate tenía 26 años y estaba embarazada de ocho meses y medio. Era la hija de un militar estadounidense con el que recorrió medio mundo en su infancia, de hecho, su interés por la interpretación se despertó cuando vivía en Italia. Pero viajó a la Meca del cine americano para probar suerte. Tras trabajar en una serie de televisión, conoció al que por entonces era uno de los directores más prometedores, Roman Polanski, con el que se casó en 1967. Al enlace le siguieron dos años de fiestas, viajes y trabajos en las películas de su marido. Entonces se quedó embarazada y decidió tomarse un descanso para preparar el parto y la llegada del que hubiera sido su primer hijo. Pero la crueldad de la Familia Manson se cruzó en su camino.

Ese era el nombre de la secta que organizó el crimen. Su líder, Charles Millar Manson, era un adicto al LSD, autor de una peculiar relectura del Apocalipsis que preconizaba la lucha entre blancos y negros y cuyo principal objetivo era sembrar el pánico entre la alta sociedad de Hollywood. Por ello, sus acólitos sólo tardaron un día en volver a actuar: entraron en la casa de los dueños de una cadena se supermercados y les torturaron con cuchillos y tenedores hasta la muerte.

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