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Tribuna
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La economía verde no es ideología

Es significativo que las políticas para la transición energética estén siendo adoptadas, simultáneamente, por bloques con regímenes económicos muy diferentes

Planta fotovoltaica de Galisteo en Sartalejo (Cáceres).
Planta fotovoltaica de Galisteo en Sartalejo (Cáceres).

Las principales economías del mundo están apostando por las energías renovables, no sólo para luchar contra el cambio climático y reducir la contaminación del aire, sino porque ya son la fuente más barata de producir electricidad en la mayor parte del mundo y porque mejoran la seguridad de suministro. Las energías renovables y la electrificación sustituirán, en unas pocas décadas, a los combustibles fósiles.

Esta transición energética se está acelerando, además, por la crisis energética producida por la guerra en Ucrania, donde la disrupción en los suministros de gas y petróleo ruso han elevado los precios en los mercados energéticos internacionales, incluido los del sector eléctrico, y han tenido unas consecuencias económicas muy graves a escala global como el aumento del IPC y de los tipos de interés.

La transición energética está produciendo una verdadera revolución industrial. Ya está afectando a sectores importantísimos (energía, movilidad o calefacción, por poner unos ejemplos) pero en el futuro abarcará a todos los sectores de la economía.

Así lo están entendiendo los principales bloques económicos del mundo. China lidera la industria fotovoltaica y las baterías para vehículos eléctricos. Estados Unidos ha reaccionado recientemente con el IRA (Inflation Reduction Act), el mayor paquete de estímulos económicos de su historia, que está dirigido fundamentalmente a la industria verde y que promueve la fabricación y los puestos de trabajos locales. Y Europa ha orientado las ayudas para la recuperación económica tras la pandemia a esta industria, por cierto, liderado por la presidenta de la Comisión Europea que es miembro de la CDU (Unión Demócrata Cristiana), el principal partido conservador en Alemania.

Es significativo que estas políticas estén siendo adoptadas, simultáneamente, por bloques económicos con regímenes económicos muy diferentes: una economía planificada dirigida por un partido comunista en China, demócratas y republicanos conjuntamente y en consenso en Estados Unidos y en Europa también con un gran consenso entre partidos de derechas y de izquierdas. Es asimismo muy significativo que la mayor parte de la industria ha recibido estas medidas como una gran oportunidad de creación de nueva actividad y puestos de trabajo.

Estas políticas, enmarcadas en un nuevo marco global más multipolar y competitivo, reflejan una disputa global por el liderazgo de la economía del futuro, que sabemos que va a ser verde. El que no se apunte ya, desde hoy, a la economía verde y consiga liderazgo, competitividad y tecnología no solo no podrá aprovechar esta tendencia sino que llegará tarde, será un seguidor, estará fuera de los principales mercados de futuro y lo tendrá peor en la economía global.

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La economía verde y circular no es solo medio ambiente: es sobre todo competitividad económica, política industrial: frente a la visión tradicional de que lo verde era caro y suponía un sacrificio, es, gracias a la revolución tecnológica de las soluciones limpias de los últimos 10 años, una palanca de competitividad empresarial y la principal de prosperidad para la sociedad

En España no debería politizarse este tema, no debería convertirse en una cuestión ideológica o de partido, más bien debería contemplarse como un asunto de Estado, como están haciendo las grandes potencias económicas. España parte de una posición envidiable: tenemos los mejores recursos renovables de Europa, que nos van a permitir tener una energía más competitiva y una gran capacidad industria para aprovechar las oportunidades de la transición energética y la economía verde (España ya es un líder mundial en equipos eléctricos, desarrollo eólico y economía circular). Ya perdimos otras evoluciones industriales, y no podemos permitimos perder esta oportunidad de estar en vanguardia, y de crear riqueza y puestos de trabajo. Necesitamos el trabajo de todos. Nos jugamos el bienestar de España en la economía del futuro.

Gonzalo Saenz de Miera es presidente del Grupo Español para el Crecimiento Verde, asociación formada por más de 50 empresas del país.

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