La enfermedad del beso y otros asuntos de ciencia y literatura

Un estudio arrojó luz hace unos días sobre el origen de la esclerosis múltiple, y salió a relucir la enfermedad del beso

Un fragmento de 'El beso', obra del pintor italiano Francesco Hayez, realizada en 1859 y conservada en la Pinacoteca de Brera, en Milán.
Un fragmento de 'El beso', obra del pintor italiano Francesco Hayez, realizada en 1859 y conservada en la Pinacoteca de Brera, en Milán.

Hay ocasiones en las que los nombres científicos se ven desplazados por otros nombres, mucho más evocadores y literarios.

Es el caso de la llamada “tabaquera anatómica”, que es la zona triangular que queda en el dorso de la mano al nivel del escafoides y el trapecio, por donde discurre la arteria radial. Debido a que se utilizaba para colocar el rape antes de ser esnifado, el nombre de tabaquera anatómica desplazó al de fosa radial.

Otro ejemplo, tomado de un personaje de los hermanos Grimm, es el llamado síndrome de Rapunzel, igual que la protagonista del cuento, famosa por la longitud de sus trenzas que desplegaba igual que una escala por la fachada de la torre donde estaba cautiva. De esta forma, su amado podía subir a verla. Con el nombre literario del síndrome de Rapunzel se desplazó el nombre científico de tricofagia, un trastorno de origen psiquiátrico que consiste en la ingesta compulsiva del cabello con todo lo que esto implica para la digestión, ya que, debido al sedimento que forman las madejas en los intestinos, se origina una masa que es difícil evacuar de manera natural, y hay que aplicar cirugía para ello.

El último ejemplo, que en estos días ha vuelto a saltar a las noticias, es lo que se conoce como “enfermedad del beso”; una dolencia que hace alusión a un virus, y que cada vez que escuchamos nos lleva hasta épocas pasadas, cuando la tuberculosis era un atributo más que una enfermedad para los artistas del Romanticismo, tiempos pasados en los que Richard Wagner ponía música a los mitos que escupían sangre en sus pañuelos.

El nombre científico de la enfermedad del beso es mononucleosis. Se trata de una enfermedad virulenta que se propaga por la saliva, de ahí un nombre tan literario. El virus que provoca la mononucleosis es el llamado virus del herpes 4 o virus de Epstein Barr (VEB), denominado así en 1964 por los científicos británicos M.A. Epstein, Y.M. Barr y B.G. Achong, que fueron sus descubridores en las células de un organismo con cáncer linfático. Dicho así, ya no resulta tan literario.

Y todo esto viene a cuento porque hace unos días, un estudio estadounidense arrojó luz sobre el origen de la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad autoinmune en la que nuestras propias defensas se ponen en contra de nosotros, acabando con la mielina, que es el envoltorio de las células nerviosas. Dicho estudio, llevado a cabo por un equipo de la Universidad de Harvard y publicado por la revista Science, viene a señalar al citado virus como uno de los factores en el desarrollo de la EM. Pero no el único, pues el factor genético y la carencia de vitaminas también son factores que entran en relación con el VEB a la hora de desarrollar la EM.

De esta manera, no todo el mundo que tenga el virus va a desarrollar la enfermedad. Es más, el VEB es tan común que poca gente no lo tiene. Con todo, las noticias de estos días pueden llevarnos a pensar que el VEB origina la EM, pero todos sabemos que el 100% de los divorciados han estado casados, y esto no significa que una boda sea la causa de los divorcios, aunque se necesita estar casado para luego divorciarse, tal y como expone el neurólogo Federico Castillo Álvarez en uno de sus hilos de Twitter donde nos ilustra de manera sencilla acerca de todo lo referente a la EM.

Con esto, la denominada enfermedad del beso se convierte en algo más que en una enfermedad provocada por un contacto de afecto; es una posibilidad que abre puertas al origen de un mal, la EM, que afecta a cerca de 2,5 millones de personas.

El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento

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