Nutrición

La coenzima Q10, más allá de la cosmética

Una investigación advierte del infradiagnóstico de la deficiencia de esta molécula, clave en todas las funciones vitales, y aporta nuevas formas de analizar su concentración

Una mujer muestra cápsulas de coenzima Q10.
Una mujer muestra cápsulas de coenzima Q10.Professor25 / Getty Images/iStockphoto

Todo lo que hace el cuerpo humano, desde pensar hasta distribuir la sangre, requiere energía, y cualquier interrupción en su generación, función que recae principalmente en las mitocondrias (el orgánulo donde tiene lugar la respiración celular), está relacionada con una amplia gama de enfermedades. En estas factorías energéticas, que transforman el azúcar y la grasa, la coenzima Q10, una molécula popularizada por la industria cosmética, juega un papel fundamental, mucho más allá de los presuntos beneficios estéticos. Un estudio conjunto del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (Universidad Pablo de Olavide -UPO- y CSIC), del Laboratorio de Fisiopatología Celular y Bioenergética (UPO) y el Ciberer del Instituto de Salud Carlos III advierte de que la deficiencia de esta substancia está infradiagnosticada y propone nuevas fórmulas para analizar su presencia en la sangre y las necesidades de tratamiento.

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La coenzima Q10 (CoQ10), presente de forma natural en las células, ayuda a las mitocondrias a producir la energía necesaria para todas las funciones del cuerpo. “Es esencial en el transporte de electrones”, explica Guillermo López Lluch, catedrático de Biología Celular de la UPO y coautor del estudio, publicado en Biofactors, de la Unión Internacional de Bioquímica y Biología Molecular. La deficiencia de la coenzima genera una insuficiencia energética que puede causar o contribuir a trastornos mitocondriales, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y patologías neurodegenerativas, como alzhéimer y párkinson. El cerebro, el corazón y los músculos son los órganos que más energía necesitan y son especialmente vulnerables a un déficit de la misma.

El cerebro, el corazón y los músculos son los órganos que más energía necesitan y son especialmente vulnerables a un déficit de la misma

López Lluch identifica dos tipos de deficiencias de Q10: “La primaria, que se produce en personas que no pueden sintetizarla, principalmente por causas genéticas, y la secundaria, que puede ser causa o consecuencia de enfermedades crónicas, como la diabetes, neurodegenerativas o por el envejecimiento”.

En condiciones normales, las células sintetizan la coenzima a partir de los alimentos, en especial los grasos, como carne, pescados o aceites. Sin embargo, este proceso, en el que intervienen, según explica el biólogo celular, hasta 12 proteínas, puede ser deficiente en algunas personas. Además, añade el investigador, la sangre y órganos como el hígado o el riñón la absorben bien, pero no así los músculos y el cerebro.

El infradiagnóstico lleva a una equivocada baja prevalencia de la insuficiencia de la CoQ10 en las células

La investigación, liderada por Plácido Navas Lloret, también catedrático de Biología Celular de la UPO, advierte que las deficiencias de Q10, en especial las secundarias, están “subestimadas, ya que muchas de sus manifestaciones clínicas se comparten con otras patologías” o porque, en el caso de las primarias, no se reportan las mutaciones genéticas dominantes responsables de la enfermedad. Este infradiagnóstico lleva a una equivocada baja prevalencia de la insuficiencia de la CoQ10 en las células, “que puede conducir a la enfermedad mitocondrial porque esta molécula participa en las funciones celulares vitales”, según el estudio. López Lluch añade que la presencia de la enzima en la sangre ayuda con el colesterol, evita daños en las arterias y tiene beneficios en el sistema inmunológico, entre otras virtudes.

La investigación advierte de que “la deficiencia secundaria de CoQ10 podría estar presente en un número significativo de pacientes sin manifestaciones clínicas típicas” o que “incluso puede haber pacientes con niveles dentro del rango, pero cerca del umbral inferior”. En estos casos, los investigadores aseguran que el diagnóstico sería posible con métodos bioquímicos y genéticos que, además, permitieran conocer el estado de la Q10 en sangre (oxidación o reducción) y diferenciar cuando un defecto en la síntesis es el origen de la enfermedad o la consecuencia. “Este tipo de análisis ayudarían a mejorar el diagnóstico y a comprender los procesos fisiológicos afectados”, concluyen los autores, que declaran la ausencia de conflicto de intereses en el trabajo.

El equipo de investigación de la enzima Q10, en una imagen tomada antes de la pandemia.
El equipo de investigación de la enzima Q10, en una imagen tomada antes de la pandemia.

Suplementos de Q10

La importancia del diagnóstico es fundamental porque la deficiencia, en la mayoría de los casos, se puede corregir mediante la dieta o con suplementos específicos.

Marni Falk, directora del programa Frontier de medicina mitocondrial del Hospital infantil de Filadelfia y autora de un trabajo publicado en Molecular Genetics and Metabolism, explica que la enfermedad mitocondrial es el resultado de fallos de funcionamiento en las “baterías” generadoras de energía que alimentan nuestras células. “Muchos pacientes”, añade, “toman vitaminas y suplementos sobre una base empírica, confiando en la suposición de que esto, de alguna manera, beneficia su metabolismo celular alterado. Desafortunadamente, la mayoría de estos compuestos no están actualmente regulados, estandarizados, probados o comparados con otros para determinar cuál puede ser el más seguro, potente y eficaz en cualquier tipo dado de enfermedad mitocondrial”. En su investigación, dos compuestos de coenzima Q10, uno de ellos específicamente dirigido a las mitocondrias, mejoraron algunos indicadores de salud en los gusanos objeto del experimento.

Un ensayo clínico de la Universidad de Colorado Boulder, publicado en Hypertension, de la Asociación Americana del Corazón, ha probado durante seis semanas con 20 personas sanas de 60 a 79 años un suplemento de 20 miligramos diarios con Q10. El resultado arrojó beneficios en el endotelio (el revestimiento de los vasos sanguíneos) y en el aumento del flujo sanguíneo. Según el autor principal, Matthew Rossman, del departamento de fisiología integrativa, “este es el primer ensayo clínico para evaluar el impacto de un antioxidante específico de las mitocondrias en la función vascular en los seres humanos y sugiere que terapias como esta pueden ser una verdadera promesa para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares relacionadas con la edad”,

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