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La vida se impone en el Besòs tras el vertido

La fábrica que provocó una fuga química tras incendiarse continúa cerrada, aunque la depuradora de la zona ya funciona con normalidad

Un vecino pesca en el tramo del río Besòs correspondiente a Santa Coloma y Barcelona, cerca de su desembocadura
Un vecino pesca en el tramo del río Besòs correspondiente a Santa Coloma y Barcelona, cerca de su desembocadura

El viaducto que separa las localidades de Montmeló y Montornès del Vallès, situadas en el Vallès Oriental y separadas por el río Besòs, ofrece unas vistas con contrastes. El noroeste refleja una estampa rural de la región: las cumbres nevadas del macizo del Montseny, alteradas sin embargo por los polígonos industriales que mantienen su economía a flote. Fue en uno de estos parques empresariales donde ardió hace un mes la fabrica Derpin, dedicada al reciclaje de disolventes. El suceso provocó un vertido de este producto al Besòs: una presencia hasta 100 veces superior a la permitida que afectó a la biodiversidad del río y mató a varios peces.

Montmeló es la última localidad por la que discurre el caudal sin contaminar del Besòs, 30 días después del incendio. Medio kilómetro más adelante, se encuentra la fábrica y el tramo afectado. Silos, naves e incluso árboles y coches del perímetro exterior se encuentran totalmente calcinados. A pesar del evidente parón de la actividad, media decena de trabajadores uniformados charlan al pie de la estructura quemada.

Derpin contaba con una plantilla de 19 empleados que, tras el incendio, no pudieron regresar a su puesto de trabajo. El alcalde de Montornès del Vallès, José Antonio Montero, asegura que la empresa ha ejecutado un expediente de regulación de empleo (ERE) para la mitad de la plantilla. Los trabajadores presentes en el interior del recinto niegan la versión de Montero. “Ya te digo yo que eso es mentira”, asevera uno de ellos. La empresa, cuya sede central se encuentra en Sevilla, ha declinado atender a EL PAÍS.

Unos cientos de metros más adelante, se encuentra la Estación de Aguas Residuales de Montornès. La presencia de esta depuradora fue clave para frenar parte de los vertidos filtrados al Besòs a través de las canalizaciones del polígono. “Nuestros técnicos del consorcio Besòs-Tordera plantean que los efectos sobre el río no fueron tan catastróficos gracias a la depuradora”, advierte Montero.
Sin embargo, la cantidad resultó ser tan grande y tóxica que la propia estación sufrió desperfectos. La Agencia Catalana del Agua (ACA), organismo de la Generalitat responsable de estas instalaciones, aseguró el jueves pasado que la depuradora ya funciona “con total normalidad y a pleno rendimiento”, aunque se siguen evaluando los daños producidos.

El tramo entre Derpin y la depuradora es la zona cero del desastre: 500 metros donde el curso del río discurre entre naves industriales. En paralelo coexiste un paseo fluvial, aunque no está acondicionado para ser transitado. La presencia de fauna —conejos o aves como la abubilla— es común y aleja el escenario catastrofista que se dibujó tras el vertido. Ada Colau tildó la situación como un “desastre ecológico” para matizar sus palabras poco después: “Es mentira que el Besòs haya regresado a la situación de 30 años atrás”, declaró la alcaldesa de Barcelona.

Las primeras mediciones de la Agencia Catalana del Agua muestran una reducción de la presencia de compuestos por debajo de los límites legales, aunque su propio informe reconoce que no son resultados concluyentes. Frente a alarmistas y conformistas, la organización Ecologistas en Acción (EEA) pide prudencia para evaluar el impacto ambiental del vertido. “Existen unas reservas estratégicas en las cuencas del Besòs; acuíferos que estaban en buenas condiciones como la Cubeta de la Llagosta”, explica Quim Pérez, encargado de Agua en EEA Cataluña. “Es importante saber si estos pozos se han contaminado. El disolvente que se filtre en el suelo puede alcanzar los acuíferos”, añade. En cuanto a la fauna local, algunos expertos aseguran haber avistado animales cerca de Mollet del Vallès —el tramo posterior al polígono industrial afectado—, aves como garzas reales o cormoranes, que permiten mantener la esperanza sobre el estado de la biodiversidad en la cuenca del río.

La fábrica de Derpin había sido sancionada en los dos últimos años con multas que alcanzaban los 100.000 euros por incumplir la normativa: almacenamiento superior al permitido, acumulación de materiales fuera de lugar o falta de trazabilidad en la gestión documental de los residuos. Pérez critica la laxitud legislativa en estos casos. “Si hay unas inspecciones que dan resultados graves, esas empresas no pueden seguir con su actividad”, argumenta.

El río Besòs está pendiente de un proyecto de renaturalización en su margen derecho, compartido por las localidades de Montcada i Reixac, Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià del Besòs. La iniciativa, que costará un millón de euros, pretende introducir plantas autóctonas de ribera con el objetivo de atraer a especies animales que ayuden a repoblar sus orillas. Un 70% del coste (700.000 euros) será asumido por el Área Metropolitana de Barcelona. Los 300.000 euros restantes del presupuesto correrán a cargo del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet.

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