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‘Micos’ anima a liberar el primate que llevamos dentro

El Nat acoge una exposición con 60 especímenes disecados centrada en el conocimiento y la preservación de los simios

Una imagen de la exposición 'Micos' en el Museo de Ciencias Naturales  (Nat) de Barcelona.
Una imagen de la exposición 'Micos' en el Museo de Ciencias Naturales (Nat) de Barcelona.

“¡Liberad vuestro primate interior para contemplar a los primos!", soltó ayer en un arrebato de entusiasmo Andrew Kitchener, conservador de vertebrados de los Museos Nacionales de Escocia y comisario de la exposición Micos, una història de primats,al acabar la presentación de la muestra y enfilar la visita a la misma. La exhibición itinerante producida por la institución escocesa y que ahora recala (hasta el 26 de abril) en el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona (Nat), con notables añadidos, es un paseo entre la verde selva —recreada con imágenes— para asomarse al mundo de los monos y los grandes simios, todos ellos primates al igual que nosotros, como se nos recuerda en el recorrido.

Desde el minúsculo lémur ratón, que pesa 30 gramos, al gorila, cuyos grandes machos llegan a los 200 kilos —uno obeso en cautividad alcanzó casi los 300—, la exposición nos lleva a través de 60 especímenes primorosamente disecados, audiovisuales y elementos interactivos, a descubrir la enorme variedad de estos animales. La muestra está centrada en el conocimiento de “nuestros primos” y enfatiza la necesidad de la lucha por su preservación, invitando a implicarse personalmente en ella. Quedan, por ejemplo, solo 20 lémures saltadores de Sahafary y de alguna especie de gibones solo medio centenar de individuos. Más de la mitad de las quinientas especies de primates se encuentran en peligro de extinguirse (desde luego no nosotros que somos 7.000 millones), a causa de la pérdida de sus hábitats, la caza y el comercio ilegal de especies. Cada año, se recalca en la exhibición, se mata a millares de estos animales para comérselos, o usar partes de su cuerpo como medicina tradicional: en China se cree que tiene efectos sanadores el bezoar —cálculos creados por materia no digerida— del mono narigudo o násico (hay uno en la muestra), cuya extravagante nariz, por cierto, parece deberse a que las hembras prefieren que los machos la tengan grande.

Otros millares de animales mueren tras ser capturados para venderlos como mascotas. La exposición, que muestra a los especímenes en diversos dioramas en grandes vitrinas mientras suena una banda sonora para crear ambiente en la que destacan los gritos del siamang y los del mono aullador o carayá negro (90 decibelios a 5 metros) —también se puede escuchar en un dispositivo los ultrasonidos de los tarsios—, se divide en ámbitos que explican la capacidad de adaptación de los simios, sus sentidos y formas de comunicación, su organización social, y la lucha que se desarrolla para conservar a estos animales. Antes de entrar a la exposición, el visitante se topa de aperitivo con el poderoso (190 kilos en vida) Urko, el hijo de Copito de nieve, muerto de peritonitis con 35 años en 2008, y cuyo cuerpo fue donado al Nat, que lo disecó.

En la exposición hay poco sexo. Aunque, si te fijas bien, en segundo plano en una vitrina puedes ver a dos macacos negros de Sulawesi en plena faena, con ella colocada mirando a Cuenca

El museo ha añadido además a la exposición escocesa como preámbulo una muestra con impactantes retratos de simios, obra de la fotógrafa y bióloga Montserrat Pallàs. Y también al final un espacio dedicado a detallar las organizaciones (fundaciones MONA, Darwin Chimpatía) que se dedican en Cataluña a la recuperación y reintroducción en la naturaleza de individuos abandonados o decomisados.

Micos, ofrece un montón de informaciones apasionantes. Uno descubre que lémur gris sobrevive al cianuro, que hay monos que pacen, que el tití de Goeldi come setas, que el mono ardilla macho no ve el rojo (aunque sí la hembra, lo que le permite localizar la fruta madura); o que los cercopitecos verdes tienen diferentes llamadas para alertar si un depredador ataca por tierra o por aire. Un chimpancé está colocado en posición de extraer termitas de un termitero con un palito, ejemplificando el uso de herramientas. Cierra el recorrido la orangutana Ann, que estuvo en zoo de Bristol pero acabó sus días en el de Santillana del Mar y que fue naturalizada con un procedimiento innovador, el erosion casting, que produce un efecto de vida espectacular.

En la exposición hay poco sexo. Aunque, si te fijas bien, en segundo plano en una vitrina puedes ver a dos macacos negros de Sulawesi en plena faena, con ella colocada mirando a Cuenca. El comisario escocés está de acuerdo (en lo de que hay poco sexo). Dice que es porque la exposición está destinada a un público familiar. Quizá por eso no hay bonobos.

Los especímenes que se muestran están disecados (el museo prefiere la palabra "naturalizados") con verdadera maestría. Impresionan un mandril de terroríficos colmillos y un espalda plateada que parece salido de las manos del mismísimo Carl Akeley (el creador del famoso diorama de gorilas de los Virunga en el Museo de Historia Natural de Nueva York). A un colobo que está dando un salto se le ha aplicado incluso laca en el pelo para producir más efecto. Otra cosa es que, en los tiempos que corren, haya a quien no le guste que se exhiba así animales muertos y menos si son primos. Un cartel recuerda, en todo caso, que "todos los especímenes naturalizados fallecieron de muerte natural en cautividad" y que "no se ha causado daño a ningún animal para la exposición

“Se tenía que haber disecado a ‘Copito”

El comisario de la exposición, Andrew Kitchener, lo tiene claro: “Se tenía que haber disecado a Copito de nieve, hubiera sido un gran homenaje y un beneficio para la ciencia”. Kitchener matiza que “era una decisión de la gente de aquí, por supuesto, pero si yo hubiera tenido la oportunidad lo hubiera hecho”. Ellos, dice, tienen disecada a la oveja Dolly, “que también era muy querida”.Ttambién poseen ejemplares de animales disecados por los famosos hermanos Verreaux, los taxidermistas franceses del siglo XIX que disecaron al Negro de Banyoles.

Cuando se le señala que algunos animalistas podrían sentirse en la muestra como el coronel Taylor (Charlton Heston) de El planeta de los simiosen el museo en que se exhiben hombres disecados, responde: “Es un tema interesante, por supuesto la sensibilidad de la sociedad puede cambiar, pero de momento no hay ninguna polémica en ese sentido”.

La directora del Nat, la primatóloga Anna Omedes, añadió que el museo tampoco ha tenido ningún problema por exponer primates disecados.

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