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Una fábula en música

El Teatro Colón de A Coruña se llena para el estreno de ‘O loro de Carlos V’ ópera de Nani García con libreto de María Inés Cuadrado

El Teatro Colón de A Coruña ha sido testigo este largo fin de semana del estreno de O loro de Carlos V, ópera en un acto de Nani García con libreto de María Inés Cuadrado y del propio compositor. El texto de la ópera estrenada se basa en la obra homónima de Michel de Ghelderode –belga de origen flamenco y habla francesa-, escrita sobre una narración popular de su país. La obra se ha representado los días 5 y 6 de diciembre en A Coruña y el sábado 7 en el Pazo da Cultura de Narón.

Esta ópera –u opereta, puesto que tiene partes habladas y cantadas en buen equilibrio entre ambas- es como una fábula sencilla y bienhumorada para toda la familia de la que, como en todo el género, se puede deducir una moraleja final: la humilde inteligencia del pueblo y su astucia son capaces de superar e incluso de castigar la ambición de los poderosos; y encima, de ser premiada. Ejemplar y hermoso en el escenario pero lamentablemente alejado de la realidad presente, en la que denunciar corrupciones te puede arruinar la vida.

La música de García es idónea para representar musicalmente el relato y su aparente sencillez contribuye a la representación musical de la trama. Las partes vocales están escritas a favor de los cantantes y el coro, y las orquestales acompañan con tanta eficacia como buen gusto. Sus interludios sitúan al espectador en cada una de las situaciones que los siguen.

Se recuerda con especial agrado el que precede a la escena del mercado, una especie de trávelin sonoro que nos acerca paulatinamente del solaz palaciego al guirigay propio de la plaza pública. Por su parte, la obertura contiene lo que parece una cita breve pero realmente deliciosa, a cargo de las cuerdas, de la canción Tonight de West side story, tal vez en homenaje a Leonard Bernstein. A lo largo de toda la obra, fue impecable en color, fraseo e intención la actuación de la Orquesta Sinfónica de Galicia bajo la dirección de Diego García Rodríguez.

Los tres cantantes cumplieron con sus papeles, sobre todo en el aspecto teatral. Cantar con una máscara de nariz quizá fuera la causa de que la voz de Abad sonara en ocasiones como entubada y la de Quiza algo mate, sobre todo al inicio de la función. También puede haber influido esta circunstancia en la mala proyección hacia la sala de las partes habladas.

En cuanto a su expresividad teatral, además de su talento personal, se pudo valorar una buena dirección actoral, a cargo de María Peinado. Destacó Helena Abad, en su doble papel del bufón Bigariño y la aldeana Eva Crispil, a los que dotó de gran credibilidad con una gestualidad facial y sobre todo corporal realmente notables.

Francisco Corujo estuvo francamente divertido tanto como el Emperador Carlos V –retratado aquí con un carácter algo simplón- y como en el del desconfiado labrador Adamus Crispil; muy eficaz en sus dos papeles secundarios (primero, como ayuda de cámara de su propio personaje principal y, luego, como heraldo imperial). Borja Quiza dio bien sus dos roles, como chambelán de Palacio y capitán de la Guardia, algo menos agradecidos por su caracterización y vestuario menos distinguibles para el público.

Gratísima sorpresa fue la causada por el Aula de canto del Centro de Música Fingoi, de Lugo. No tanto por su inesperada aparición en tres palcos correlativos del Colón –recurso teatral no por conocido menos eficaz, también en el ahorro de vestuario- como por el buen empaste y calidad de sus voces en el canto, su buen hacer hablando y su expresión corporal.

El vestuario de Miguelanxo Prado sitúa a la perfección personajes y época. La escenografía, del propio Prado, tiene como base la proyección en el foro –aquí convertido en pantalla- de una buena serie de imágenes. Su diseño enmarca muy bien época y escenas y la proyección va variando las imágenes en todo o en parte, de forma que estas se van completando coordinadamente con acción y texto y lo hacen con una sincronización cronométrica.

Un notable avance sobre recientes experiencias similares, de autoría bien renombrada pero de bastante menor trabajo y eficacia escénica. El Teatro Colón se llenó en la segunda ópera gallega estrenada en menos de un mes y A Coruña, esta vez sí, se mostró como ciudad operística.

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