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OPINIÓN i

No simplifiquemos un tema complejo

Hay problemáticas muy distintas en los barrios de Barcelona que requieren intervenciones intersectoriales, sostenidas en el tiempo

Emergencias sociales en un desalojo en Barcelona.
Emergencias sociales en un desalojo en Barcelona.

En los últimos meses las cuestiones relativas a la seguridad urbana están polarizando el debate ciudadano. Es siempre un tema con un elevado impacto emocional que exige, para ser abordado correctamente, un análisis sereno. Estamos ante una cuestión compleja en la que confluyen muchas coordenadas. Cuando discutimos el tema en el movimiento vecinal, se constata de entrada que bajo una misma etiqueta tienden a englobarse tanto problemas que podríamos considerar relacionados con algún tipo de violencia (integridad física, robos...) como lo que constituyen alteraciones de la convivencia relacionadas con el uso del espacio público (ruidos, vehículos, perros...). Hay problemáticas muy distintas en los diversos barrios de la ciudad que una visión simplista tiende a reducir a una demanda de una actuación policial más contundente.

Esta misma complejidad se advierte cuando se analizan los procesos que han dado lugar a alguno de los problemas más publicitados. Recurrimos a algunos ejemplos que esperamos que permitan captar esta complejidad. Por ejemplo, el de los “narcopisos” y la situación de violencia que experimenta un sector del barrio del Raval. Hay aquí redes delictivas, pero también una degradación urbanística propiciada por especuladores interesados en vaciar el barrio, un cierto tipo de turismo de consumo, una insuficiente política de atención a las drogodependencias, una acumulación de pobreza y, durante años, una actuación policial invisible.

Con otros componentes, esta variedad de elementos aparece en todos los espacios de conflicto. En muchos casos, el aumento de robos y problemas de convivencia coincide con los espacios de turismo masivo. Son un coste social (o una externalidad negativa) asociada a un determinado modelo de negocio. La globalización y el transporte barato favorecen que todo fluya. También la delincuencia. Las ocupaciones de pisos en algunos barrios son obra de pequeñas mafias, pero también un subproducto de la crisis ocupacional y de la actuación del sector financiero que primero expropió masivamente pero después se ha despreocupado de la gestión de “su” parque de viviendas. El top manta satura algunos espacios públicos, pero es un resultado directo de una política migratoria que deja sin alternativas a muchas personas. Muchos de los insoportables problemas de convivencia tienen que ver con comportamientos individualistas propiciados por un consumismo de espejismo irresponsable. Al mismo tiempo que la sociedad patriarcal dominante propicia el enquistamiento de la violencia y las agresiones sexuales.

Queremos poner en evidencia que detrás de todos los problemas hay un cúmulo de factores que los generan —las causas de las causas—. Y por ello consideramos que cada tema debe ser abordado en su complejidad por políticas transversales y complejas. Y es necesario priorizar la intervención en las cuestiones más graves. Y saber elegir el conjunto de medidas más adecuadas. No intervenir ante situaciones graves es irresponsable y puede generar situaciones irresolubles. Pero hacerlo con terapias inadecuadas puede agravarlas. Limitarse a un tratamiento sintomático de meras actuaciones represivas, y olvidar la etiología estructural que provoca las patologías, conduce a injusticias, y a dañar la convivencia.

Por esto pedimos que haya acciones policiales bien diseñadas, y en paralelo a actuaciones que permitan establecer los niveles de convivencia deseables y que potencien instrumentos comunitarios para hacerle frente. Estamos ante situaciones que requieren intervenciones intersectoriales, sostenidas en el tiempo, que vayan a la raíz de los problemas. En los barrios tenemos mucha experiencia en todo esto. No podemos permitir que el ruido del momento nos impida abordar situaciones difíciles con respuestas compulsivas. Y por esto exigimos que Estado, Generalitat y Ayuntamiento pongan los medios y los procesos adecuados para abordar las causas de las causas de uno de los graves problemas generado por la crisis social en la que estamos inmersos. Sin olvidar que la efectividad de las actuaciones está relacionada con propiciar la participación ciudadana en su diseño.

Albert Recio es Vicepresidente de la FAVB

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