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La entrada en escena de Artur Mas agita la refundación del PDeCAT

El expresidente busca reorganizar el espacio neoconvergente neutralizando la influencia de Carles Puigdemont

La aparición en escena del expresidente de la Generalitat Artur Mas, el pasado miércoles, para intentar calmar las aguas en el espacio político de la extinta Convergència es el último episodio de tres años de altibajos en el Partido Demócrata Catalán (PDeCAT). Con resultados electorales adversos —la pérdida del 51% de sus votos en ocho años en las elecciones generales— y unos comicios catalanes sin fecha pero que nadie descarta, dentro del partido ven necesario reorganizar filas, aunque difieren en el cómo. Mas abrió la puerta a ser candidato a la Generalitat pero su objetivo, de momento, es neutralizar la influencia de Carles Puigdemont.

Desde la izquierda, Artur Mas, Laura Masvidal (esposa del exconjero de Interior, Joaquim Forn, en prisión por el juicio del 'procés'), Elsa Artadi y el presidente catalán Quim Torra, en la noche electoral del 26-M.. En vídeo, Mas no descarta volver a ser candidato.

Sería la segunda refundación en tres años de la que fuera la formación hegemónica en Cataluña de la mano de Jordi Pujol. “Esta es la última oportunidad o el partido se rompe en dos”, explica uno de los alcaldes que logró revalidar su cargo en las pasadas elecciones municipales y que forma parte de los defensores acérrimos del proyecto PDeCAT. El momento es tan crítico que, salvo los mensajes de unidad, los que comentan respecto a qué debería pasar exigen el anonimato. El tiempo de obturación de la nueva foto convergente es tan largo que cualquier movimiento sería mal leído. Nadie quiere quedarse fuera.

El partido vive el estrés constante entre el entorno de Puigdemont, que quiere entregarle al expresidente huido de la justicia española el control total de la formación, y la actual dirección, encabezada por David Bonvehí. El pasado ciclo electoral fue irregular para los neoconvergentes. El PDeCAT, bajo la marca Junts per Catalunya, solo logró superar la barrera del millón de votos en las europeas, con Puigdemont de cabeza de cartel. En las municipales perdió cinco puntos porcentuales con respecto a 2015. La diferencia fue abismal, por ejemplo, en Barcelona. El expresidente obtuvo 197.000 votos mientras que Elsa Artadi, la número dos de la candidatura encabezada por Quim Forn, logró 60.000 y perdió cinco concejales.

Los únicos alcaldes neoconvergentes que resistieron en sus cargos fueron los que hicieron una campaña centrada en lo municipal y no la centraron en las reivindicaciones del discurso de Puigdemont. Su resultado, creen, les da fuerza para exigir cambios. “Ha quedado claro que la organización y la gestión del partido tiene que hacerse desde Cataluña y no desde Waterloo”, concluye otro alcalde.

La corta vida del PDeCAT ha estado llena de zozobras políticas, organizativas y económicas (lleva dos ERE). Tras la decisión de poner fin al partido de Pujol, el 8 de julio de 2016, las discusiones internas por el nuevo espacio no finalizaron con la fundación del PDeCAT. En cosas tan básicas como el nombre —un 30% de los asociados no quería enterrar a Convergència— o como la forma en que finalmente quedó estructurada la dirección. Mas terminó designando a la moderada Marta Pascal como coordinadora ante el descontento de sectores como Moment Zero, abiertamente independentista y que ahora rodea a Puigdemont.

Puigdemont llegó a la presidencia de la Generalitat por designación del propio Mas, que sufrió el veto de la CUP para ocupar el cargo. Poco después empezó a exigir más peso dentro del partido. No solo como referente moral, sino que quiso cada vez más tener control sobre las decisiones. Ahí topó con Pascal. Pero el PDeCAT seguía sin encontrar su rumbo y tuvo que doblegarse ante sus caprichos. Puigdemont tuvo carta blanca para hacer las listas de cara a las elecciones catalanas del 21-D, convocadas bajo el amparo del artículo 155. Puigdemont creó la marca Junts per Catalunya, que sin embargo es propiedad del partido. La lista, que finalmente ganó en el bloque soberanista, tenía más independientes que militantes.

Los choques con la coordinadora subieron de voltaje. Puigdemont creó, junto con el diputado en prisión preventiva Jordi Sànchez, la Crida Nacional, otro partido “ni de derechas ni de izquierdas” cuyo único programa es lograr la independencia para presionar la rendición del PDeCAT. Días después, en lo que tenía que ser una asamblea programática, Pascal fue defenestrada.

Presión a Puigdemont

Curiosamente, otra vez el 30% de los asistentes se opusieron a los planes del expresident. “Fue más un tema de formas que de fondo, era cerrar en falso el problema”, cree un alto cargo de la Generalitat. Mas no defendió a ninguna de las partes. Puigdemont volvió a tener carta blanca para hacer las listas de las generales, locales y europeas. El caso de la candidatura para las Cortes fue especialmente significativa. Puigdemont sacrificó a personas del perfil moderado como el veterano Carles Campuzano y puso a su abogado, Jaume Alonso-Cuevillas. Para el Senado puso a su amigo personal y quien le acompañó en su huida por Europa, Josep Maria, Jami, Matamala.

Mas y Puigdemont se sentaron en Waterloo el pasado miércoles para intentar encajar las piezas del espacio neoconvergente. Los roces entre el PDeCAT, la Crida, Junts per Catalunya (y lo que opinan los políticos presos) es constante, pues conviven personas de espectros muy distintos y que incluso no se identifican con lo que tradicionalmente Convergència significaba. “El problema es que ahora no sabemos qué somos”, explica un cuadro del partido, cercano al actual presidente David Bonvehí.

El PDeCAT tiene la implantación territorial y la maquinaria. La Crida no tiene representación institucional. Y Junts per Catalunya es una marca que tiene 6.000 cargos electos en Ayuntamientos, el Parlament y el Congreso. El cóctel de todos podría sentar las bases de un nuevo partido. Pero desde las filas neoconvergentes ven con terror cómo ERC engrasa la máquina para las próximas elecciones catalanas mientras ellos están perdidos en peleas de partido. De ahí que la aparición de Mas, que todas las partes han pedido, sea vista con buenos ojos.

“Vendrá a organizar el partido pero no a liderarlo. Le da pereza”, asegura vehementemente un antiguo colaborador. El expresident, cuya inhabilitación para ocupar cargos públicos acaba el próximo febrero, fue buscado por significados militantes del PDeCAT al considerar que era la única persona con la autoridad moral suficiente para hablar con Puigdemont y plantearle la necesidad de reorganizar las filas y repartir los roles.

Mas, responsable de la consulta independentista del 9-N, fue crítico con algunas decisiones tomadas por Puigdemont. Por ejemplo, haber dejado caer al Gobierno de Pedro Sánchez. “Hay un gran desacuerdo con las formas”, agrega esa misma fuente. Entre la militancia hay confianza en Mas aunque su receta para agrupar el espacio neoconvergente parezca de otro tiempo: la convergencia.

La carrera para liderar Junts per Catalunya

En su reunión del pasado miércoles, Artur Mas y Carles Puigdemont optaron por comenzar el camino de convertir la marca Junts per Catalunya en un partido. La gobernanza será el principal escollo. Hay un pacto, según reveló Ara, de hacer una nueva dirección a partes iguales entre el partido y los afines a Puigdemont. El consejero de Interior, Miquel Buch, muy cercano a Jordi Turull, ya ha dado el paso para pilotar este órgano. “Si el partido, si los militantes, si los asociados creen que mi perfil es bueno para tirar adelante esta situación o este momento que vivimos podemos llegar a hablar”, dijo ayer en RAC-1.

En la carrera también están Elsa Artadi —que no ha dejado su acta en el Parlament y es partidaria de Puigdemont— y Àngels Chacón, consejera de Empresa y próxima a los alcaldes ganadores del PDeCAT.

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