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Colau busca ser investida solo con un preacuerdo del PSC

La actual alcaldesa intenta evitar una consulta de la militancia para esquivar un posible revés antes de revalidar el cargo

Pintada en la persiana de la sede de Barcelona en Comú contra la alcaldesa Ada Colau
Pintada en la persiana de la sede de Barcelona en Comú contra la alcaldesa Ada Colau

Ada Colau intentará ser investida alcaldesa de Barcelona solo con un preacuerdo con el PSC. La dirección de los comunes quiere persuadir a los socialistas de que ese primer pacto les baste para votar a favor de la investidura. Jaume Collboni, alcaldable socialista, ha insistido hasta ahora en que su partido no la apoyará sin un acuerdo cerrado. Colau ha descartado someter cualquier pacto a una consulta de la militancia para evitar un posible revés antes de revalidar el cargo.

La alcaldesa en funciones ha afirmado estos días que su objetivo es apurar los tiempos para alcanzar un acuerdo tanto con el socialista Collboni como con Ernest Maragall, alcaldable por Esquerra, que empató a 10 concejales con los comunes aunque consiguió mayor número de votos. El PSC y ERC se vetan mutuamente y no dan viabilidad a un gobierno tripartito. Maragall incluso lo ha calificado de “recurso retórico”, mientras el PSC ha avisado por activa y por pasiva que ese gobierno no se va a producir.

La fotografía es la que es y los comunes asumen que tendrán que destinar su energía a cerrar un preacuerdo con los socialistas y aplazar, ya con la investidura en el bolsillo, el reparto del gobierno. Ese planteamiento tendrá que vencer la resistencia de los socialistas, que ya quedaron escamados en 2017 tras ser expulsados del ejecutivo municipal por apoyar la aplicación del artículo 155. “No tendría sentido investirla si no quiere gobernar con nosotros”, insiste estos días Collboni, que ayer aguardaba la convocatoria de una mesa de negociación.

Con un preacuerdo firmado, los comunes salvarían otro escollo. Sus estatutos establecen que los pactos de gobierno los tiene que refrendar la militancia en una consulta interna. Colau ha insinuando que no hay tiempo de celebrarla porque, entre otras cosas, los acuerdos de gobierno deben “madurarse bien”. La última consulta de ese tipo fue la que se saldó con la expulsión del PSC del gobierno municipal. El sí a favor de la ruptura se impuso por un 58,18% frente a un 45,68%. Un año antes, en otra consulta, el 62% de los inscritos votó a favor de formar ese ejecutivo de coalición finalmente tan fugaz. El censo de inscritos de Barcelona en Comú era de casi 10.000 personas y votaron 3.800. En la reunión del plenario de la plataforma, que la pasada semana respaldó la propuesta de que Colau optase a la alcaldía participaron físicamente unos 500 militantes (457 votos a favor y 27 en contra).

La duda es si los comunes podrían haber pisado el acelerador para hacer la consulta antes de la investidura. O si así se han ahorrado cualquier susto. El Consistorio está tan fragmentado que Colau necesitará, además de los votos del PSC, tres de Manuel Valls, el candidato apoyado por Ciudadanos, que se los ha ofrecido “gratis” para cerrar el paso al independentismo.

Colau dice que no se siente incómoda con ese apoyo. “Todos los votos que vengan, bienvenidos a la investidura. Pero los acuerdos de ciudad los vamos a negociar con las formaciones progresistas antes y después de la investidura”, dijo el pasado domingo en La Sexta. Colau explicó que solo intercambió con Valls un par de mensajes en los que agradeció su apoyo pero le avisó de que no negociaría con él.

Maragall fue ayer a la cárcel de Soto del Real a visitar a los líderes independentistas en prisión preventiva y desde allí criticó unas pintadas contra Colau en la sede del partido de la alcaldesa en funciones.

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