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Las seis posibles vidas de La Ingobernable

De Biblioteca feminista a centro de salud o Museo de Fotografía para los más de 3.000 metros okupados al lado del Retiro

Paula Ortega y Clara Vázquez militantes de La Ingobernable. Ampliar foto
Paula Ortega y Clara Vázquez militantes de La Ingobernable. EL PAÍS

En el edificio de Gobernador 39, en mitad del barrio de las Letras, hay un centro social autogestionado por okupas en un inmueble municipal. Las ventanas que dan a la calle están tapiadas con madera y hay un letrero que ha renombrado el espacio: La Ingobernable. Este antiguo bloque de ladrillo recobra su vida todos los días a las 19.00, cuando abre sus puertas. Cumple estos días dos años de okupación. Sin embargo, su futuro es incierto. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, algunos partidos políticos han decidido tomar el inmueble como caballo de batalla contra la okupación en la capital.

En la barra de la entrada hoy el colectivo Poliamor Madrid es el encargado de abrir La Ingobernable. El olor a cerveza se mezcla con el de una tortilla de patatas que acaba de salir de la cocina. Moisés, de 40 años, está dando la bienvenida a las personas que entran por primera vez, deseosas de saber qué hacen en ese edificio que hace esquina con el Paseo del Prado , pero desentona con el aire aristocrático que le rodea. Mientras que Moisés le explica a los nuevos cómo funciona el espacio, con la otra mano saluda rápidamente a la gente que sube a la segunda planta, de las tres que tiene el edificio, donde se imparten clases de boxeo, yoga, autodefensa para mujeres e, incluso, lecciones para principiantes de una clase de software libre.

Clase de karate en la Ingobernable
Clase de karate en la Ingobernable EL PAÍS

La Ingobernable ha tenido más vidas que un gato. Los más de 3.000 metros cuadrados del edificio han sido usados, por citar algunos, centro de puericultura, oficinas de la Universidad a Distancia (UNED), archivo de los juzgados o como centro de salud del barrio de Retiro. Algunos candidatos desean volver al pasado. José Luis Martínez-Almeida, el candidato a la alcaldía del Partido Popular, ha prometido que, de salir elegido, desalojará a todos los colectivos para ubicar en el inmueble un centro de salud y una biblioteca para los vecinos.

No es el único que quiere cambiar las clases de salsas y las asambleas por estantes llenos de libros. Manuela Carmena, candidata de Más Madrid, explicó que quería recuperar el edificio para hacer la Biblioteca de Mujeres creada por Mediavilla, una bibliotecaria feminista que tiene en su colección más de 30.000 obras del siglo XVII al XX, la mayoría descatalogadas.

Unos jovenes tomando algo en el patio santorini en la Ingobernable
Unos jovenes tomando algo en el patio santorini en la Ingobernable

Begoña Villacis, de Ciudadanos, quiere que aparte de la biblioteca, el espacio se pueda convertir en el Museo de la Fotografía. Otros candidatos no han aclarado qué harían con el centro social, aunque sí han expresado su deseo de que vuelva a ser utilizada Ayuntamiento. Es el caso de Pepu Hernández, del PSOE, que ha pedido el desalojo del edificio y la habilitación de espacios de colaboración con asociaciones culturales.

Por ahora, de los candidatos consultados, el único que está dispuesto a respetar el actual estado del centro social es Carlos Sánchez-Mato, de Madrid en Pie: “La Ingobernable está sirviendo de lugar de reunión para jóvenes que se manifiestan contra el cambio climático o los colectivos del 8M. Nosotros vamos a querer que haya colaboración con la gente organizada que quiere participar en la vida cultural y social de la ciudad”, dijo durante el debate organizado el lunes pasado por EL PAÍS y Cadena SER. 

Las escaleras de la Ingobernable
Las escaleras de la Ingobernable

Ana Botella en el 2015 cedió el uso del inmueble por 75 años a la Fundación Ambasz para hacer un Museo de Arte, Arquitectura y Diseño. Esto nunca se materializó, y el edificio permaneció vacío hasta el 2017, cuando, después de la manifestación Madrid No se Vende, un grupo de personas decidió okupar el edificio.

Paula Ortega, de 27 años, recuerda cómo vivió esa primera noche cuando bautizaron la Ingobernable: “Me quedé a dormir con muchas personas que no conocía de nada”. Los primeros días hacían juegos de palabras para memorizar sus nombres. Para Ortega, “La Ingo”, como la nombran cariñosamente quienes hoy emplean el espacio, es un lugar en donde se puede imaginar que otro mundo es posible “Es una bomba de oxígeno y un espacio seguro, por ser feminista, imprescindible en Madrid”, asegura esta comunicadora, que es además vecina del barrio.

Una asamblea en la Ingobernable
Una asamblea en la Ingobernable

En estos dos años, más de 100.000 personas han pasado por las más de 170 actividades que ofrecen todos los días. Durante este mismo periodo la gente de La Ingobernable ha tenido dos avisos de desalojo que no se pudieron llevar a cabo gracias a la propia acción vecinal. Por esta razón, los colectivos que la okupan han decidido manifestarse el próximo sábado 11 de mayo para defender un espacio que juzgan propio y exigirle al Ayuntamiento que no los desalojen. “La Ingo ha generado un cambio y una mejora en la vida de las vecinas”, explica Clara Vázquez, de 35 años.

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