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La adaptación de ‘El hijo del acordeonista’, de Atxaga, abre el Festival de Cine de Derechos Humanos

El director Fernando Bernués afirma que es imposible construir un "relato único" del terrorismo

El escritor Bernardo Atxaga y el director Fernando Bernués ante el cartel del filme 'El hijo del acordeonista'.
El escritor Bernardo Atxaga y el director Fernando Bernués ante el cartel del filme 'El hijo del acordeonista'.

El director Fernando Bernués ha defendido este miércoles la "imposibilidad" de construir un "relato único sobre casi nada" y la capacidad del arte de "reencontrar las muchas voces" que esconde un mismo hecho, algo que ha tratado de poner de manifiesto en su versión cinematográfica de El hijo del acordeonista.

Basada en la novela homónima del escritor guipuzcoano Bernardo Atxaga, la película abrirá el viernes el Festival de Cine de Derechos Humanos de San Sebastián, una semana antes de su pase por salas comerciales, el 12 de abril.

Durante la presentación a la prensa de este filme rodado en euskera y castellano, que compitió por el Colón de Oro en el último Festival de Cine de Huelva, Atxaga ha rememorado que cuando terminó de escribir el libro, hace 18 ños, acudió en Sestao a la demolición programada de un edificio mediante una gran bola de acero que golpeaba la paredes.

Los mazazos dejaron ver el interior de lo habían sido unas viviendas "totalmente removidos". "Esa es la metáfora del efecto que ha tenido la violencia, no solo en la superficie, sino en el interior de las familias, de las relaciones entre amigos", ha señalado.

"La película ha acentuado esa interioridad" que tenía la novela, ha señalado el autor de Obabakoak, que se ha mostrado satisfecho con la película porque "siempre que se hace un filme de un libro hay que estar contento y los autores que se quejan es que quieren que se hagan dos", ha bromeado.

El escritor no ha ocultado su malestar, sin embargo, al ser preguntado por si teme que la película pueda ser comparada con la serie que se prepara sobre Patria, de Fernando Aramburu, un tema sobre el que no ha querido hablar porque la novela la escribió hace 17 años.

El hijo del acordeonista cuenta la historia de dos amigos desde la infancia que pasan a militar en ETA entre los años 1973 y 1976. Uno de ellos se ve obligado a huir de Euskadi acusado de "traición" por sus antiguos compañeros de armas mientras el otro, convertido en un escritor de éxito, carga con una culpa que le acompaña durante años.

"Todos vivimos de una manera diferente lo que pasó en el País Vasco" en esos años, "lo que pasa y lo que pasará porque las experiencias particulares son infinitas", ha indicado Atxaga, quien ha reconocido que cada uno verá la película desde su propia situación. "A unos emocionará, otros se enfadarán y otros reaccionarán porque lo más positivo del arte es que provoca una reacción", ha sentenciado.

El relato está conformado por la "mirada de dos amigos", encarnados por Aitor Beltrán, Iñaki Rikarte, Cristian Merchán y Bingen Elortza en diferente etapas de sus existencias, cuyas vidas son "como las marcas de nombres que se hacen en los árboles y que el paso del tiempo acaba entrelazando", ha señalado.

Al dibujar un personaje puede hacerse desde la lejanía, "lo que produce un estereotipo", pero al cambiar la mirada "desde la cercanía, el estereotipo no cuenta, a no ser que se quiera hacer una literatura de propaganda" y esta película "es muy lejana al estereotipo".

Bernués ha corroborado que la novela incluye "muchas ramificaciones", pero ha querido que el eje vertebrador esté en esa amistad que soporta "varios impactos" como las "bolas de acero" citadas por la metáfora que Atxaga.

Otro de los pilares del filme es la "inevitabilidad de la vuelta del pasado". Existe un silencio de 20 años entre los dos amigos, pero "es tonto el ejercicio de echar tierra de por medio y no escarbar", ha señalado.

Preguntado por cómo pueda ser acogida la película fuera del País Vasco, Bernués ha señalado que durante su paso por el Festival de Huelva le sorprendió la actitud del público y de la prensa. "En este mundo de eslogan, de blanco y negro, una historia como esta con muchos matices, muchos grises podría ser interpretada como tibieza" hacia el terrorismo, "pero sorprendentemente no fue así", aunque ha reconocido que habrá "lecturas más enfadadas", como ocurrió cuando la adaptación al teatro de El hijo del acordeonista se representó en el Centro de Art Dramático Nacional en Madrid.

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