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Un monolito recuerda las víctimas del amianto en Cerdanyola y Ripollet

El fibrocemento se ha llevado 353 vidas en la comarca en los últimos 40 años, según un estudio

Monumento a las víctimas del amianto.
Monumento a las víctimas del amianto.

Un monolito rectangular instalado en el límite entre Cerdanyola del Vallès y Ripollet recordará las hasta ahora 353 vidas que se ha cobrado el amianto en la comarca. El fibrocemento, que durante el pasado siglo fue un lucrativo negocio, está dejando una costosa herencia en forma de enfermedades respiratorias, parte de las cuales han acabado en muertes. Según un estudio del neumólogo especializado en amianto, Josep Tarrés, en los últimos 40 años se han detectado 1.131 casos de patologías relacionadas con esta sustancia tóxica en el Vallès Occidental, 220 de los cuales han sido mesoteliomas o tumores de pleura.

Pero este experto se muestra seguro de que este número seguirá creciendo, ya que el periodo de latencia es de hasta 30 años, y la fábrica Uralita de Cerdanyola echó el cierre hace dos décadas. La presencia de esta industria durante casi un siglo en el municipio ha dejado secuelas tanto en los extrabajadores y sus familias, como en los vecinos. Col·lectiu Ronda, el despacho de abogados que ha centralizado muchas de las demandas en contra de la empresa, ha emprendido desde 2011 un total de 422 procedimientos judiciales. Hasta ahora ha logrado indemnizaciones de 21,2 millones para exempleados y sus familias y 3,7 millones para compensaciones a 53 vecinos sin relación con la fábrica, pero que vivían en los alrededores.

“El amianto hoy en día es un problema de salud pública y ambiental”, sentencia Tarrés, recordando que el fibrocemento se encuentra en muchas edificaciones públicas y privadas. Pero destaca especialmente el hecho de que el material está llegando al fin de su vida útil y cuando se empieza a degradar también desprende las fibras tóxicas que se incrustan en los pulmones y provocan graves dolencias respiratorias y cáncer de pleura y pulmón.

De este extremo son conscientes los municipios, especialmente los cercanos a la antigua Uralita, que han impulsado censos de los edificios públicos y privados para cuantificar el problema. “Cerdanyola es la ciudad más castigada”, admite Iván González, concejal de Urbanismo de la ciudad, que explica que en el momento de hacer inversiones tienen en cuenta esta problemática para aprovechar y retirar el fibrocemento de las edificaciones antiguas. Con todo, su presencia está tan extendida que el municipio se ve incapaz de afrontarlo. “Nos sentimos solos ante esta problemática. Hemos tenido la desgracia de ser la capital mundial del amianto y necesitamos que otras administraciones nos ayuden, igual que pasa cuando suceden unas inundaciones o una catástrofe natural”, zanja González.

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