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La constitución del partido de Puigdemont pone en jaque al PDeCAT

Los neoconvergentes esperan a este sábado para ver cómo deciden su participación en la nueva formación

El presidente Quim Torra, a su llegada al acto de constitución de La Crida. En vídeo, Puigdemont pide unidad tras las críticas de la ANC a Torra.

El Partit Demòcrata Català (PDeCAT), heredero de Convergència, no tiene ni tres años de vida y ya se asoma al abismo de la escisión. La amenaza proviene de La Crida Nacional per la República, el instrumento político diseñado por el entorno del expresidente Carles Puigdemont y que hoy celebra su congreso constituyente, con 4.000 inscritos. La Crida, según su ponencia política, tiene como objetivo proclamar la república catalana pero en ese camino no descarta presentarse a distintas elecciones. El PDeCAT cree que eso fragmentaría su espacio electoral.

El problema es que La Crida ya es un partido, registrado ante el Ministerio del Interior. Otra cosa es que sus dirigentes, entre los que está el delegado de la Generalitat en Madrid Ferran Mascarell, lo hayan puesto a hibernar y por ahora se centren en que son una “asociación”. En la asamblea de hoy están citados los 16.000 fundadores y se escogerá la presidencia, la secretaría general y una dirección de 19 miembros. Cada uno de los fundadores aportó, al menos, 10 euros.

El tándem propuesto por la lista oficial está compuesto por el exlíder de la Assemblea Nacional Catalana Jordi Sànchez, en prisión preventiva por un supuesto delito de rebelión, y el exalcalde ecosocialista de Cerdanyola del Vallès Toni Morral. Se votarán dos ponencias y se definirá si, para alcanzar el objetivo último de la independencia catalana es necesario participar en elecciones.

La Crida se empezó a fraguar justo tras el éxito inesperado de Junts per Catalunya, la candidatura liderada por el expresident de cara a las pasadas elecciones catalanas y que, contra todos los pronósticos, superó a Esquerra. Los republicanos habían declinado la invitación de Puigdemont para repetir coalición electoral tras una legislatura muy convulsa en la que se dejaron la confianza mutua por el camino si bien lograron su objetivo de celebrar el referéndum independentista declarado ilegal por la justicia.

Junts per Catalunya se hizo a expensas de los derechos políticos del PDeCAT, la formación que surgió en 2016 de las cenizas de Convergència Democràtica. Puigdemont tuvo carta blanca para hacer la lista. Sin embargo, dentro del partido, que entonces capitaneaba Marta Pascal e intentaba dejar atrás el pujolismo y los escándalos de corrupción, había posiciones encontradas. Si bien se reconocía a Puigdemont como un líder, una parte de la militancia, aunque independentista, no estaba de acuerdo con la vía unilateral de independencia y su confrontación con el Estado.

Plataforma panindependentista

Puigdemont, Sànchez y el propio presidente de la Generalitat Quim Torra comenzaron a promover entonces una plataforma panindependentista, “de amplio espectro y transversal” que se disolvería una vez se cumpla el objetivo de una Cataluña independiente. Una formación “ni de derechas ni de izquierdas”, en palabras de Mascarell. Esto implicaba ir más allá de las fronteras de los neoconvergentes. Una parte del PDeCAT se sintió ninguneada.

La presentación inicial de La Crida, el verano pasado, coincidió en el tiempo con un congreso del PDeCAT en el que el sector más afín a Puigdemont amenazó con sacar a Pascal si no se alineaba con las tesis del expresident. La jefa de filas, con un papel muy importante en la negociación de la moción socialista que sacó a Mariano Rajoy de La Moncloa, tuvo que dejar la coordinación general. Pese a ello, un 30% de la militancia del PDeCAT se mostró contraria a la manera como se había gestionado el cambio.

El entorno de Puigdemont no ha logrado hacerse con el control total del PDeCAT. Una muestra es la resistencia de una parte a aceptar que no se tramiten los Presupuestos Generales del Estado. El debate no se ha podido frenar en seco y cada día se escuchan voces disonantes. En el congreso donde salió Pascal, la militancia se mostró abierta a colaborar con La Crida, pero se aseguraron de que cualquier fórmula tuviera que ser refrendada.

El presidente del PDeCAT, David Bonvehí, siempre había puesto como línea roja que La Crida fuera un partido, algo que ya es. Una muestra de ello es la candidatura de Quim Forn al Ayuntamiento de Barcelona, en la que estará la portavoz Elsa Artadi. Las voces en contra de ceder ante Puigdemont, algunas del mundo municipal, son pocas. “La voluntad de sumar no puede ir nunca acompañada del miedo y el acomplejamiento de decir lo que piensas y lo que eres”, escribió Pascal en La Vanguardia esta semana. Por lo pronto, no tampoco tienen un líder claro.

 

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