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Casado intenta evitar una lucha por el poder en el PP

Con las elecciones en el horizonte, y la presidencia regional del partido en juego, el presidente se compromete a contar con Garrido y sus consejeros

Pablo Casado, entre Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida. Ampliar foto
Pablo Casado, entre Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida.

Entresijos y gallinejas. Pablo Casado presenta su oferta de paz hablando de casquería. El líder nacional sabe que la unidad del PP de Madrid es imprescindible para evitar una debacle en las elecciones de mayo. Es consciente de que la elección de Isabel Díaz Ayuso como candidata autonómica, en detrimento de Ángel Garrido, ha dolido en el seno del Gobierno regional. Y conoce que en el horizonte ya se vislumbra un posible campo de batalla: habrá que elegir a un nuevo presidente del PP de Madrid tras los comicios. Por eso, en mitad del mitin con el que ayer presenta a sus candidatos, Casado habla de los entresijos y gallinejas que compartía con Garrido hace más de un lustro en Vallecas. Busca complicidades. Asegura futuros. E intenta cimentar el apoyo de la organización madrileña, que tantos disgustos le dio a Mariano Rajoy.

Ovación a Garrido tras ser relegado

Fundido en un abrazo con Pablo Casado, Ángel Garrido recibe la ovación del público mientras intenta ocultar una herida de las que nunca cicatrizan. El presidente de la Comunidad de Madrid —que accedió al cargo por la dimisión de Cristina Cifuentes— no logró ser el candidato del PP a la presidencia de la región en las elecciones de mayo. Su partido quiso homenajearle ayer. Fue la ovación más larga de una jornada en la que Casado prometió contar con él, con los consejeros de su gobierno, y con otros aspirantes a candidato sin premio —como Antonio González Terol, alcalde de Boadilla—. Con las elecciones de mayo en el horizonte, el líder nacional intenta así preservar la unidad del PP de Madrid.

“Ángel decidió decir sí en el peor momento”, arranca Casado mientras mira a Garrido, que reemplazó a la dimitida Cristina Cifuentes. “ Trabajó. Y estoy convencido de que lo va a seguir haciendo, a mi lado, porque no estamos tan sobrados de talento como para no saber que este partido necesita a los mejores y que tú eres uno de ellos”, remata, subrayando con el tono ese “a mi lado”.

Inmediatamente, el presidente se gira hacia los consejeros del Gobierno de Garrido, que apoyaron sin fisuras sus aspiraciones. “Quiero también darle las gracias a tus consejeros”, dice. “Estáis aquí y vais a seguir estando”, recalca, comprometiéndose con su futuro justo ahora que se están elaborando las listas electorales.

No son las únicas referencias personalísimas que dirige Casado a los implicados en la guerra por las candidaturas. Hay palabras para Antonio González Terol, el alcalde de Boadilla, que fue uno de los aspirantes a la autonómica —“te pido que te vengas a la política nacional. Ahí te necesitamos”—. Hay, también, elogios para Adolfo Suárez Illana, al que el PP incluyó en sus encuestas para la capital — “gracias por tu generosidad y por estar siempre al quite”—. Y se reconoce la labor de Alfonso Serrano, vicesecretario de organización y electoral.

La intervención de Casado refuerza su vínculo con el PP de Madrid —clave en su elección como presidente nacional— y refleja el enorme peso interno que tiene esta organización. Durante más de una década, Rajoy sufrió el desgaste al que le sometió Esperanza Aguirre aprovechando el músculo orgánico del PP de Madrid. Cuando Cifuentes le sustituyó, el político gallego vio cómo esa estructura servía para impulsar la candidatura de su líder a la presidencia nacional. Ahora, Casado parte con el PP de Madrid de su lado, y hace todo tipo de guiños para evitar que eso cambie.

“En el PP no hay edades”, dice el líder nacional, intentando dinamitar la idea de que los jóvenes casadistas están desplazando a los veteranos de los puestos de responsabilidad. “Están los de las nuevas generaciones y los de juventud acumulada”, bromea. “El PP es la unión entre generaciones, territorios e ideologías”.

Guerra generacional

Pero el discurso del líder no cala. “Es nuestro momento”, afirma solo unos minutos después un alto cargo madrileño. “Es el momento de los jóvenes de la generación de Pablo. Ellos no darán la batalla”.

Ellos son los consejeros de Garrido y sus fieles. La batalla es por el control del PP de Madrid. Y a ninguno se le oculta que el calendario apremia. Tras la dimisión de Cifuentes, forzada por el escándalo del caso máster, Pío García-Escudero ocupó la presidencia de la organización regional de manera interina. Ese no es un puesto protocolario, sino cargado de poder, como han comprobado los aspirantes a ocupar las candidaturas madrileñas: la opinión del presidente del Senado ha sido decisiva en la elección de Casado. Y muchos ambicionan esos galones.

“La máquina se ha tensionado mucho”, reconoce uno de los implicados en la carrera. “Terol se interesará por la presidencia si Pablo se lo dice. El partido será disciplinado. Si Pablo señala un candidato, todos lo apoyarán”, añade. “La duda es si Díaz Ayuso o Martínez-Almeida ganan las elecciones y con el peso que les daría eso deciden luchar por el partido”.

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