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Torra, aislado y sin crédito

El presidente catalán, instalado en su perfil de activista, pierde apoyos incluso dentro del independentismo

Quim Torra, en una conferencia en septiembre.

Un presidente cuestionado por todas partes. Las declaraciones de Quim Torra de hace una semana en defensa de la vía eslovena para lograr la independencia de Cataluña y sus críticas a los Mossos d’Esquadra han minado el crédito político del presidente de la Generalitat, hasta situarlo en el centro de todos los ataques. Torra es cada vez un mandatario más aislado, no solo por la oposición, sino por las diversas familias del independentismo, que le reprochan la falta de liderazgo en el Gobierno que preside.

El que fue número 11 en la lista por Barcelona de Junts per Catalunya en las elecciones de hace un año llegó a la presidencia como una solución provisional. Se esperaba que fuera marcando perfil y actuara como su mentor, Carles Puigdemont, que se desmarcó de Artur Mas una vez en el cargo, pero nada de eso ha sucedido y el president ha acentuado su política de gestos.

Los siete meses de Torra en la presidencia de la Generalitat han estado cargados de actuaciones y declaraciones impropias de quien ocupa un cargo institucional tan relevante, como el ayuno de 48 horas que realizó en el monasterio de Montserrat en solidaridad con cuatro de los presos del procés en huelga de hambre o la descalificación de los Mossos que tiene a su mando.

Torra también hizo guiños a los Comités de Defensa de la República (CDR), a los que instó a que “apretasen” para hacer efectiva la república catalana, y a los “compañeros de la CUP”, dos colectivos con los que simpatizan sus hijos, según ha explicado él mismo.

Artur Mas le ha reprochado esas palabras de aliento a los CDR (grupos radicales del independentismo) asegurando que él jamás las habría pronunciado, en lo que sonó como una desautorización del estilo de Torra, un presidente sin militancia en ningún partido y de difícil encaje en las familias independentistas: el PDeCAT no cuenta con él en su organización futura, en el grupo de Junts per Catalunya tampoco tiene muchos adeptos y su aliado más fiel es el portavoz parlamentario, Eduard Pujol. Y muchos de sus consejeros, con la titular de Presidencia, Elsa Artadi, a la cabeza, ya no esconden sus reservas con su talante político.

Torra se muestra muy incómodo en el debate parlamentario, y la oposición le reprocha cada pleno que no responde a sus preguntas más allá de las proclamas habituales. “Yo voy donde hay soberanía, que es a las cárceles y al exilio”, dijo el pasado miércoles en la sesión de control parlamentario, para referirse a sus continuas visitas a las prisiones catalanas y a Bruselas, con el fin de reunirse con los dirigentes independentistas.

Ese mismo día, Torra esquivó la pregunta del líder del PSC, Miquel Iceta, de si se sentía en condiciones de seguir ejerciendo el cargo respetando la Constitución y el Estatuto de Autonomía. “Como ya dije en el debate de investidura, solo debo lealtad al Parlament, que es donde reside la soberanía de los catalanes”, contestó Torra. “Con su respuesta demuestra que no puede ser presidente”, le afeó Iceta.

Los cortes de la autopista AP-7 a la altura de Tarragona durante 15 horas y el levantamiento de barreras en los peajes de las principales autopistas colmaron el vaso de la paciencia del Gobierno central con Torra, uno de los políticos peor valorados por los catalanes en el último sondeo del Centro de Estudios de Opinión, dependiente de la Generalitat. Concretamente ocupa el puesto número ocho, con una media de valoración de 4,34. La impopularidad del president alcanza también a quienes apoyaron su investidura. Los anticapitalistas de la CUP han afirmado solemnemente esta semana que no saben si volverían a apoyar su investidura como hicieron hace siete meses.

Críticas de sindicatos y patronal

El argumentario de Quim Torra en las sesiones parlamentarias para rechazar las críticas de la oposición son las cifras sobre el crecimiento de la economía catalana, por encima de la media española, y los índices de paro, inferiores a los del conjunto español. Ni los sindicatos ni la patronal comparten ese diagnóstico, y prueba de ello es el manifiesto conjunto que firmaron el pasado lunes CC OO, UGT y la patronal Fomento del Trabajo reclamando “estabilidad política, económica y social” y mostrando su compromiso a “trabajar conjuntamente” para facilitarla. El mismo comunicado, sin referencias directas a las políticas de la Generalitat, insistía en la necesidad de garantizar la “seguridad jurídica” en Cataluña, algo especialmente revelador tras la fuga de más de 3.000 empresas el año pasado.

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